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"Polonia soportó lo peor de la Segunda Guerra Mundial"

El historiador británico presenta 'First to fight', un estudio sobre la invasión de Polonia por parte de nazis y soviéticos en 1939, de la que ahora se cumplen 80 años, y las consecuencias que tuvo en la Segunda Guerra Mundial.
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El historiador británico Roger Moorhouse, uno de los pocos extranjeros que se ha ocupado en profundidad de la invasión de Polonia por parte de nazis y soviéticos en 1939, presenta First to fight, un completo estudio de la ofensiva militar de la que ahora se cumplen 80 años.

Pregunta.- ¿Qué hay de cierto en lo que nos han contado sobre la invasión alemana de Polonia?

Respuesta.- Hay una gran cantidad de mitología. La razón es que este episodio no ha sido sometido a una investigación histórica adecuada fuera de la esfera polaca, por lo que las narrativas de propaganda de guerra han persistido y proliferado. Un ejemplo de esto es esa historia de la caballería polaca cargando con sables contra los tanques alemanes. Es una invención de la propaganda alemana y se originó con un informe de un corresponsal de guerra italiano, que escribió sobre las consecuencias de un enfrentamiento durante la batalla de Bzura, la más grande de la campaña, y describió los caballos muertos que cubrían el campo de batalla. Ese informe fue recogido por la propaganda alemana y se convirtió en la fuente del estereotipo de los tanques alemanes atacados por la caballería polaca: una forma muy útil de demostrar la superioridad tecnológica, militar y, por extensión, racial, alemana. Por supuesto, no era cierto. Los alemanes en realidad tenían más caballería que los polacos, y los polacos también tenían tanques (aunque mucho menos que los alemanes). Además, la caballería polaca luchó desmontada, con artillería y armas antitanque, y utilizó sus caballos únicamente para desplazarse a la zona de batalla. De esta manera, en realidad podrían ser notablemente efectivos, como en la batalla de Mokra, y de hecho despertaron el miedo en muchas unidades alemanas en 1939. 80 años después esta mentira de la propaganda todavía parece tener vigencia.

P.- ¿Fue tan importante la implementación de la guerra relámpago en la victoria alemana?

R.- La leyenda de la guerra relámpago o Blitzkrieg es otro de esos aspectos que ha sido bastante exagerado por la propaganda. Es cierto que los alemanes disfrutaron de una gran superioridad numérica y tecnológica, así como de una superioridad en la doctrina táctica que habían desarrollado, esa Blitzkrieg que usaba puntas de lanza con blindados rápidos y ataques aéreos coordinados para romper el frente enemigo.
El historiador británico Roger Moorhouse.

Sin embargo, es importante remarcar que la Blitzkrieg todavía estaba en proceso de desarrollo en 1939, y que no fue implementada por todas las unidades alemanas. Además, hay otras razones que ayudan a explicar la victoria alemana: la situación geográfica y el ataque de Polonia desde tres lados; la escasez comparativa de defensas polacas y de aviones, además de la debilidad de las comunicaciones polacas, que hicieron que muchas de sus unidades se quedaran ciegas y sordas.

P.- ¿Tenía Polonia alguna posibilidad de sobrevivir al ataque?

R.- Los polacos se encontraban en una situación muy difícil en 1939. Aunque su ejército y la fuerza aérea no eran del todo malos en comparación con el resto de países europeos, contra la Wehrmacht alemana y el Ejército Rojo de Stalin estaban superados en número. Los ejércitos y aviadores polacos lucharon valientemente, pero no podían ganar. Sin embargo, lo que empeoró aún más su situación fue el hecho de que sus aliados occidentales, los británicos y los franceses, a pesar de firmar tratados que los comprometían a ayudar a Polonia, hicieron poco para cumplir esos compromisos. Los franceses llevaron a cabo una incursión poco entusiasta en el Sarre y los británicos lanzaron panfletos en lugar de bombas sobre ciudades alemanas.

Si los británicos y los franceses hubieran intentado cumplir con sus compromisos para ayudar a Polonia en 1939, es posible que algunas fuerzas alemanas se hubieran retirado hacia el oeste del frente polaco, lo que podría haber permitido que los polacos se unieran temporalmente y provocar que Hitler reconsiderara su guerra. Sin embargo, vergonzosamente faltó voluntad política en Londres y París, que la dejaron sola. Polonia estaba condenada.

P.- ¿Es Polonia uno de los países más golpeados por la Segunda Guerra Mundial?

R.- Polonia fue uno de esos países que soportó la peor parte de la Segunda Guerra Mundial. No sólo se la sometió a invasiones alemanas y soviéticas de 1939, sino que se dividió entre esos dos regímenes totalitarios brutales durante los siguientes 22 meses antes del ataque de Hitler de la URSS, que la dejó sola bajo la bota alemana. Después de eso, la brutal depravación de las ambiciones raciales del Tercer Reich afectó a las poblaciones polacas, que fueron clasificadas, deportadas y oprimidas y culminaron en el genocidio contra los judíos de Europa, aproximadamente la mitad de los cuales, por cierto, eran ciudadanos polacos. A pesar de crear el movimiento de oposición clandestino más grande y efectivo en la historia de la guerra, el país fue aplastado en 1944 cuando trató de levantarse contra la ocupación alemana. Luego llegó la ocupación soviética y soportó más de 40 años de comunismo. Alrededor de seis millones de polacos, casi el 20% de la población anterior a la guerra, uno de cada cinco, fueron asesinados en la contienda. Por ese sacrificio, Polonia merece un reconocimiento mucho mayor del que recibe.

P.- ¿Quedan rastros físicos de aquella ofensiva alemana de septiembre de 1939?

R.- Hay relativamente pocos rastros de la guerra de 1939 en Polonia. Los estragos bélicos y del régimen comunista de posguerra, que tenía poco interés en conmemorar las batallas de 1939, han dejado unos pocos monumentos: en Mokra, Kock, Westerplatte y en otros lugares, pero poco más. Queda por ver si la Polonia moderna podrá rectificar este déficit específico, pero ciertamente puede presumir de algunos museos de clase mundial en Gdansk y Varsovia para conmemorar su pasado más amplio en tiempos de guerra.
https://www.elmundo.es/internacional/20 ... b467f.html

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NotaPublicado: 16 Sep 2019 15:53 
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Ahora que está tan de actualidad lo de las guerras y vivimos una escalada de violencia que no es para tomársela a broma, tal vez sea el momento de acercarse a una actividad que aglutina disciplinas tan dispares como el estudio histórico, el trekking, el coleccionismo, la actuación o la sastrería y, por supuesto, el juego y la diversión.
La recreación de batallas o hechos históricos relacionados con revueltas, revoluciones o conflictos bélicos ha sido una constante a lo largo de la historia. Desde hace siglos, la lucha de celtíberos y romanos en Numancia, los desfiles de moros y cristianos, los desembarcos de vikingos en Catoira, de piratas en O Grove o motines como el de Esquilache están presentes en nuestra cultura y su recreación combina la exaltación del valor de los antiguos habitantes del pueblo en el que surgieron con la diversión más prosaica por parte de los habitantes actuales.

La aparición de nuevos conflictos armados a lo largo del tiempo no ha hecho más que ampliar el catálogo de batallas, guerras y hechos históricos que recrear. En ese sentido, el siglo XX ha sido un gran filón. La Gran Guerra, la II Guerra Mundial, Corea, Vietnam, las guerras de liberación anticolonialistas de África y Argelia, Afganistán, Irak y en unos días, Siria y lo que surja, son objeto de recreaciones por parte de agrupaciones, clubes, asociaciones culturales y grupos de amigos de todo el mundo que se reúnen en fechas señaladas o los fines de semana para jugar a la guerra, aprender historia y pasar un buen rato.
En estos casos, la cercanía del conflicto permite que los hechos recreados y el material empleado para ello sean más veraces, llegando a utilizarse uniformes, automóviles, carros de combate, armas y otros complementos originales o bien réplicas de gran calidad.

Dos de esos grupos son Screaming Eagles 101st Easy y Poland First to Fight. El primero está dedicado a la quinta compañía del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista de la 101ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial en el frente europeo. La segunda centra sus actividades en el ejército polaco del periodo comprendido entre su independencia en 1918 y el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Dos de sus responsables, el Screaming Eagle Javier Torres y Alberto Trujillo, de Poland Fist to Fight, nos explican en qué consiste realmente esto de las recreaciones históricas y qué actividades realizan en sus grupos.
«Decidimos recrear el ejército polaco durante el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial, primero porque sentimos un especial cariño por este país, y segundo, porque que es una parte de la Historia apasionante y totalmente desconocida en España», explica Trujillo.

Polonia fue el país con cuya invasión dio comienzo la Segunda Guerra Mundial, en la que acabaría interviniendo Estados Unidos tras el ataque de las fuerzas del Eje contra Pearl Harbour. Entran en juego entonces, los Screaming Eagles.
«La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto extremadamente violento. Murieron aproximadamente 60 millones de personas, lo que es suficiente motivo para no olvidarlo», explica Torres. «Desde el punto de vista de la recreación, la Segunda Guerra Mundial permite diferentes opciones, tantas como recreadores, entre los que se encuentran coleccionistas de militaria, historiadores, maquetistas, cinéfilos. Cada uno tiene su motivo y pasión tanto por el ejército americano, como por el alemán, el inglés, el polaco e incluso hay gente que recrea a los partisanos, que no es un ejército regular».

«Polonia, –continúa Trujillo– fue además uno de los pocos países que mantuvo tropas en combate en todos los teatros del conflicto durante toda la duración del mismo y fue el territorio donde se cometieron las mayores atrocidades. Posteriormente, en la inmediata postguerra, cayó en la esfera de influencia soviética y fue objeto de las mayores tensiones diplomáticas entre los tres grandes aliados y el preludio de la Guerra Fría. Se podría afirmar que se puede vertebrar todo el estudio de causas, desarrollo y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial alrededor de la historia de esta nación, así que entendimos que sería interesante divulgar esta parte de la Historia».
No hay más que escuchar a Trujillo y a Torres para comprobar que, más allá del aspecto puramente lúdico, las recreaciones exigen un buen conocimiento de los hechos históricos, algo que no se queda en los meros datos. Es necesario ampliarlo a otros campos como la sociología, el costumbrismo, la decoración, el diseño de armas, o la moda, porque hay que reproducir todos y cada uno de los detalles del conflicto, hasta el punto de que ciertos grupos exigen a sus miembros que se corten el pelo según las ordenanzas militares de la época.
«Dentro de lo razonable y lo posible somos muy estrictos en todo lo que concierne a la verosimilitud histórica. Es fundamental ser rigurosos e históricamente correctos, y desde luego en temas que son tan sencillos como son los cortes de pelo, tatuajes, pendientes, piercings, relojes, gafas, etc., somos bastante intransigentes. Entendemos que el que se mete a recrear este periodo debe ser consciente y aceptar la imagen que tiene que dar», explica Trujillo.

«Quien entiende esta afición, la vive con el mayor respeto y eso quiere decir que intenta ser lo mas fiel al original que recrea. Esto significa trasladarse 70 años atrás, con todo lo que implica. En cuanto a los uniformes, armas y complementos, tenemos una gran numero de posibilidades, tanto originales como réplicas, aunque, evidentemente, la calidad es muy diferente de una a otra. No hay nada como las piezas originales, pero dado que son piezas valiosas tanto económica como históricamente, la gente las cuida muuuuuy mucho [Torres hace especial hincapié en el adverbio] y suele remplazarlas por reproducciones».
«Somos muy cuidadosos con que todos los elementos que mostramos sean correctos y estén documentados bien en textos bien en fotografías. Es más, muchas veces descartamos elementos que pueden estar documentados en alguna foto de la época al comprobar que lo que aparece en la imagen es una «rareza», es decir, una excepción, ya que, si se aceptan ese tipo de cosas sin demasiado análisis, se corre el riesgo de mostrar como normal algo que no lo era», explica Trujillo. «En nuestro caso los uniformes son réplicas fieles de los originales aunque algunos complementos o accesorios sí que lo son. Como recreamos las fuerzas armadas polacas, Ejército, Marina y Fuerza Aérea, en los distintos teatros en los que combatieron, y lo hicieron en todos prácticamente, tenemos muchos uniformes diferentes. Haciendo un cálculo rápido, entre septiembre de 1939 en Polonia, en Noruega y Francia en 1940, en el Norte de África en 1941, en la Batalla de Inglaterra, en Italia en el 43, el Frente del Este desde el 43 al 45, en Francia y Holanda en 1944, etc… Debemos tener unos quince uniformes masculinos distintos y diez o doce femeninos».
Hablando de uniformes femeninos. Cualquiera podría pensar que esta afición es una cosa solo masculina. Es obligado preguntar si participan mujeres en este tipo de recreaciones.
«Sí, sí que las hay, pero su papel es el mismo que ocuparon históricamente en el conflicto», explica Torres. «Por ejemplo, el de enfermeras. En el ejército americano nunca estuvieron en combate y sus labores fueron meramente burocráticas o sanitarias. Cada vez hay mas mujeres en el mundo de la recreación pero, claro, cada uno en su papel. Hay que tener en cuenta que la vida en el ejercito hace 70 años era muy diferente a la que conocemos actualmente».

«En nuestro grupo hay una muy alta proporción de mujeres, aproximadamente un tercio de nuestros miembros son chicas», continúa Trujillo. «Pero también realizan los mismos roles que tenían las mujeres en aquella época. Sin embargo, nuestro grupo permite mucho juego para eso porque, como el Ejército Polaco estuvo en todas los frentes, lo mismo ocurrió con las mujeres. Realizaron todo tipo de tareas y misiones. En muchos casos más que las mujeres de otros ejércitos, porque el Ejército Polaco de la Segunda Guerra Mundial no tenía un territorio donde reclutar soldados y de esa forma fueron desde enfermeras, radiotelegrafistas o mensajeras, a combatientes con las armas en la mano e incluso pilotos».

Como explica Javier Torres, una afición como esta no es para disfrutarla de puertas adentro. Hay que salir al campo, lucir los informes y, si es necesario, mancharse de barro.
«Esto es como vivir la Historia de un modo diferente. Por eso hay que moverse, hacer sesiones de fotos en entornos lo mas parecidos a la situación histórica, tertulias,exposiciones, recreaciones públicas o privadas en donde ponemos en práctica movimientos de tropas, instrucción, o manejo de armamento. Incluso hemos participado en el rodaje de un cortometraje de Manuel Olaya».
Por su parte, la organización representada por Alberto Trujillo, constituida como Asociación Cultural reconocida como tal por el Ministerio del Interior, añade a ese tipo de actividades una labor de divulgación histórica que cuenta con el apoyo de la Embajada de Polonia y otras instituciones de dicho país.
«Hacemos de todo: montamos campamentos en los que hacemos living history, desfilamos, hacemos instrucción y formaciones, escenificamos batallas históricas, hacemos homenajes a los caídos, cantamos canciones patrióticas. Además, en todos los eventos que organizamos nosotros, impartimos conferencias con materiales que explican la historia de Polonia en este periodo, desde la independencia hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y el establecimiento de la dictadura comunista».

La labor divulgativa de Poland First to Fight ha sido reconocida por la Oficina de Excombatientes y Personas Represaliadas del Gobierno de Polonia, que ha condecorado a varios de los miembros de la asociación con la Medalla Pro Memoria y la Medalla Pro Patria, lo que les ha abierto las puertas para participar en las ceremonias oficiales conmemorativas del Comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Westerplatte y del Levantamiento de Varsovia. Como explica Trujillo, su labor «va mucho más allá de la mera recreación de combates. El tema armamento, vehículos, tiroteos, etc… es solo un medio o un reclamo para alcanzar un fin, que es divulgar la historia de Polonia en la Segunda Guerra Mundial».

Una historia que debería servir para ser conscientes del drama de la guerra y evitar que se reproduzcan los movimientos políticos o ideologías que las provocaron. Algo que, en ocasiones, no está demasiado claro en ciertos grupos, que transitan por esa finísima frontera que separa el interés histórico en ciertas doctrinas y la más burda exaltación de las mismas. Mientras que algunas asociaciones aclaran que, por ejemplo, la recreación de tropas del ejército alemán de la Segunda Guerra Mundial no supone una aceptación de la ideología nazi y muestran su rechazo explícitamente, otras parecen desarrollar una cierta nostalgia de que El Hombre del Castillo de Phillip K. Dick sea solo una novela de ciencia ficción.
«Esto es una afición historica y cultural. Nosotros nos hemos decantado por la Segunda Guerra Mundial, pero tienes romanos, napoleónicos, medievales, Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial, Vietnam, Guerra Civil española. Es una manera de acerca la historia de la humanidad a la gente, la historia más violenta, es verdad, pero la historia al fin y al cabo. En ese sentido nosotros somos meramente recreadores que por múltiples motivos intentamos que no se pierda todo eso. A la gente en general le gusta, siente curiosidad simplemente viendo el material o atendiendo a las explicaciones. Siempre hay personas que no lo ven así y creen que es una exaltación de la guerra o a un orden político determinado. Nada mas lejos de la realidad porque, además de que está prohibido por la ley, está mal considerado por los propios recreadores».

https://www.yorokobu.es/jugar-a-la-guer ... ?offset=24

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NotaPublicado: 28 Dic 2019 14:35 
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El libro 'El voluntario' revela nuevos detalles de la historia de Witold Pilecki, el único hombre que entró en el campo de exterminio por su propio pie para recabar información

Fue el único prisionero que entró por su propio pie en el campo de exterminio de Auschwitz, aunque entonces desconocía el horror que iba a encontrarse en su interior. Witold Pilecki, oficial del ejército polaco de 38 años y feroz partisano durante la invasión nazi y soviética de Polonia, acababa de fundar el llamado Tajna Armia Polska (Ejército Secreto Polaco) cuando descubrió la puesta en marcha de una extraña prisión alemana en el antiguo cuartel militar de Oswiecim.

Cuando intentó saber a qué la estaban dedicando las tropas ocupantes, se dio cuenta de que nadie salía de ella para poder contar lo que sucedía en su interior. Para poder informar a sus aliados británicos, Pilecki ideó un plan de infiltración que detalló a sus compañeros de la resistencia. Él mismo se ofreció como voluntario para cumplir una misión en apariencia sencilla: recabar información de la prisión, organizar fugas, motivar a los presos y preparar una insurrección. Si podían matar oficiales nazis durante el transcurso de aquel periodo, tanto mejor.

El periodista inglés Jack Fairweather, ex corresponsal de guerra de The Washington Post, ha indagado en la historia oculta de Witold Pilecki para publicar El voluntario (Ed. Custom House), un libro que ilumina no sólo su trabajo como partisano en los conflictos anteriores a la Segunda Guerra Mundial, como la Gran Guerra o la polaco-soviética de 1919. También su papel como denunciante de las atrocidades nazis tras la contienda y su persecución por las autoridades soviéticas, que terminaron por fusilarlo en 1948. Su cuerpo sigue hoy sin aparecer.
ENTRAR COMO UN JUDÍO

Fairweather ha conseguido acceder a todo el material que Pilecki recopiló en el interior de Auschwitz y reproduce paso a paso sus acciones dentro del campo. De Auschwitz sabemos que la única manera de salir, según sus propios guardias de las SS, era por la chimenea convertido en ceniza, pero para un oficial polaco que no era judío tampoco iba a ser fácil entrar. Por eso cambió su identidad por la de un tal Tomasz Serafinski y se hizo atrapar en medio de una redada alemana en las calles de Varsovia el 19 de septiembre de 1940. Después de que lo torturaran dos días para sacarle información junto con otros 2.000 civiles inocentes, fue enviado a Auschwitz junto a los supervivientes. Ahí le tatuaron el número 4859, le tomaron las fotos que ilustran esta página y empezó su verdadero calvario. No tardó en enfermar, lo que no le impidió comenzar sus primeros contactos con otros presos para tratar de organizar un comando de resistencia en el interior. Lo llamó ZOW, siglas de Zwiazek Organizacji Wojskowych, o sea, Unión clandestina de Organizaciones Militares. Se centró en dos cometidos: trazar un plan para hacerse con el control del campo cuando la resistencia polaca atacara desde el exterior, para lo que había que mantener una moral alta y unos mínimos de entrenamiento, y conseguir información interna para facilitarla a los aliados.

Los miembros del ZOW, que llegó a contar con 1.000 presos, trabajaban en varias zonas del campo, desde los que estaban en las oficinas de las SS y hacían labores administrativas hasta los que formaban parte del equipo del doctor Mengele, autor de terribles experimentos humanos con gemelos o los que metían a los muertos en los hornos crematorios. Todas las actividades de Auschwitz documentadas al detalle y enviadas al exterior gracias a la ayuda valiente de varios civiles polacos que recogen informes lanzados por Pilecki más allá de las alambradas electrificadas del campo.

El que fue perdiendo la moral fue el propio Witold Pilecki, que fue convenciéndose cada día que pasaba jugándose la vida dentro de que ni la resistencia polaca atacaría desde fuera ni los aliados británicos los apoyarían desde el aire. Por esa razón, el 26 de abril de 1943 vuelve a hacer algo extraordinario. Roba la documentación de un alemán del campo y aprovecha un turno de noche en una panadería del campo fuera de la cerca en la que es obligado a trabajar para fugarse en la oscuridad mientras dos de sus colaboradores distraen al guardia.
Pilecki, en una foto con el uniforme polaco.Alamy Stock Photo

Después de su huida, donde pasó varios días oculto en casas de civiles, entró de nuevo en contacto con los miembros de la resistencia polaca y trató de convencerles de los horrores que se viven en el campo de exterminio, además de enviar sus informes a los británicos, que los creyeron "exagerados".

Sin embargo, los partisanos no tenían los medios para poder tomar el campo y descartaron esa idea. A partir de ese momento, según cuenta Jack Fairweather, Witold Pilecki puso toda su fuerza y su talento para seguir combatiendo a los nazis en las ciudades. El 1 de agosto de 1944, la sublevación de Varsovia frente a los ocupantes nazis lo llevó de nuevo a la lucha. Sin revelar su rango, como mero soldado raso, combatió en el batallón Chrobry II entre las calles Towarowa y Panska, en lo que después se conoció como el gran bastión de Varsovia. Durante dos semanas causaron graves trastornos a un ejército alemán que ya se encontraba en retirada frente al rodillo soviético en el este mientras que en el oeste los aliados occidentales ya habían asegurado todas sus cabezas de puente en Normandía. De nuevo, Pilecki salvó la vida, pero pasó el resto de la guerra retenido en los campos de Lambinowice y Murnau, destinados a los prisioneros de guerra.

En septiembre de 1945, ya con el conflicto terminado y Polonia bajo el yugo soviético, recibió un encargo del Gobierno polaco en el exilio, que seguía funcionando en Londres: recolectar información de inteligencia sobre los ocupantes enviados por Moscú. En 1947 comenzó a obtener evidencias de las masacres y ejecuciones extrajudiciales cometidas por los rusos en Polonia durante y después de la guerra, lo que lo puso en el centro del objetivo para el Kremlin. El 8 de mayo de 1947, el servicio de seguridad polaco lo arrestó bajo los siguientes cargos: cruce ilegal de fronteras, uso de documentos falsos, llevar armas, espiar para el general Wadysaw Anders (gobierno de Polonia en el exilio) y preparar un posible asesinato de varios funcionarios del Ministerio de la Seguridad. Lo único que admitió, después de ser torturado, fue que trabajaba para el Gobierno en el exilio.

Fue fusilado el 25 de mayo de 1948. Su cuerpo sigue sin aparecer. Este mismo año el Parlamento Europeo ha pedido que esa fecha sea declarada Día internacional de los héroes de la lucha contra el totalitarismo.
https://www.elmundo.es/internacional/20 ... b4587.html

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