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Militares españoles que venden explosivos
• Un bombero del Ejército del Aire destinado en la base de Torrejón de Ardoz guardaba en su casa un arsenal de armas, doce kilos de cocaína y cuatro kilos de explosivos...
Reportaje por: Manuel MARLASCA/Luis RENDUELES
28/01/08
La policía buscaba droga y se encontró con uno de los mayores arsenales de armas y explosivos hallados en España. Su dueño era un militar profesional, bombero NBQR (especializado en guerra nuclear, bacteriológica, química y radiológica) del Ejército del Aire, destinado en la base aérea de Torrejón de Ardoz, llamado Víctor, alias Baby. Para él trabajaban otras dos personas, que también han sido detenidas en la operación policial, culminada la primera semana de enero. En una de las viviendas del soldado Baby, agentes de la Sección Tercera de la Brigada Central de Estupefacientes (BCE) encontraron todo tipo de elementos necesarios para fabricar bombas de gran potencia. Había cuatro kilos de explosivo plástico PG-2, petardos de trilita, petardos de TNT, cordón detonante, diversos detonadores, un paquete de carga explosiva procedente de una mina anticarro… Los agentes de la BCE avisaron a sus colegas del TEDAX (expertos en desactivación de explosivos).
Una fuente de esta última unidad señala a interviú que “el material encontrado, bien empleado, tendría efectos devastadores. El explosivo plástico es muy potente, y el hallado en poder de los detenidos se utiliza en muy pequeñas cantidades para desactivar minas. Los cordones detonantes, las mechas lentas… Todo eso es material que sólo saben emplear personas con altos conocimientos de explosivos”.
La Guardia Civil frustró a mediados del pasado año otra operación en la que estaba involucrado un soldado profesional destinado en el regimiento de Regulares de Melilla. Los agentes interceptaron al militar, de fe musulmana, cuando llevaba en la guantera de su coche una pequeña cantidad de C-4 y cocaína. El militar pretendía cambiar explosivos que había hurtado en el arsenal del cuartel por droga para consumo propio. Un o_ cial destinado en el CNCA, el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista, explica: “Los controles del Ejército son muy rigurosos; lo que ocurre es que basta medio kilo de explosivo plástico para hacer daño, basta un kilo para tirar un edificio normal, por ejemplo”. Este oficial añade: “Doscientos cincuenta gramos bastaron para hacer saltar el coche del fiscal Danilo Anderson, de Venezuela, asesinado en noviembre de 2004. Con 50 kilos de C-4 se reventaron las planchas blindadas del BMR en el que viajaban los soldados españoles que fueron asesinados en Líbano”. Los expertos consideran los explosivos plásticos los más letales y peligrosos (entre cinco y diez veces más potentes, por ejemplo, que la dinamita), puesto que además son los más fáciles de moldear y pueden camufiarse fácilmente en puertas, rendijas... Las primeras investigaciones de los TEDAX apuntan a que el material explosivo hallado en poder del bombero militar procede de un arsenal del Ejército de Tierra y no del Aire, al que pertenece el detenido.
Fuentes policiales señalan que “la especialización NBQR del detenido hace pensar que puede tener conocimientos para él mismo manejar todo ese material”. Los investigadores creen que Baby planeaba dos destinos para colocar su letal mercancía: revenderla a grupos de delincuentes comunes extranjeros especializados en atracos y reventar cajas fuertes, o bien a grupos neonazis de la Comunidad de Madrid vinculados con discotecas y redes de tráfico de drogas. De hecho, en casa del soldado Baby se encontró también simbología nazi y toda clase de armas: un subfusil con silenciador, armas de descarga eléctrica, rifies de pistolas y revólveres de diversos calibres, una ballesta con mira telescópica… Además, había placas falsas de la Guardia Civil, sirenas luminosas, chalecos antibalas... Todo este material es empleado habitualmente por delincuentes que se hacen pasar por policías o guardias civiles para robar droga o dinero a otros grupos mafiosos. En cuanto a la operación de Melilla, las cantidades de explosivo eran mucho menores y todo indica que los compradores eran una banda de traficantes marroquíes de droga vinculados al integrismo islámico, al estilo de los autores del 11-M. “Los integristas siguen la doctrina Takfir, que justifica la venta de drogas, los asesinatos, el camufiaje, el robo... para hacer la guerra santa. Ceuta y Melilla son puntos de máximo riesgo”, explican las mismas fuentes.
Las investigaciones que han culminado con el hallazgo del espectacular alijo de armas y explosivos en Madrid comenzaron un año atrás, cuando los agentes de la Sección Tercera de la BCE tuvieron conocimiento de las existencia de una red de distribuidores de droga que operaba en diversas localidades del Corredor del Henares (Madrid). La organización tenía vinculaciones con individuos dedicados a la seguridad de locales nocturnos y ocasionalmente, a dar palizas por encargo. Todos ellos adoptaban grandes medidas de seguridad, cambiando constantemente de tarjetas telefónicas y hablando mediante claves y códigos que hacían prácticamente imposible su seguimiento y vigilancia. En uno de los domicilios del responsable del grupo, ubicado en Alcalá de Henares, los investigadores encontraron doce kilos de cocaína de gran pureza. La policía halló también un laboratorio para adulterar la droga con todos los elementos necesarios: sustancias de corte, acetona, moldes, molinillos, una prensa hidráulica…
Según fuentes policiales, Baby era el encargado de recibir la droga y adulterarla para obtener mayor beneficio y de repartirla entre sus distribuidores, dos de los cuales han sido arrestados en esta misma operación. Los atentados del 11 de marzo de 2004 sirvieron para poner de manifiesto el nulo control de la custodia de los explosivos que se empleaban en la minería española. Tras la matanza de Madrid, la Guardia Civil extremó las medidas de seguridad en las explotaciones mineras para evitar descuidos de material. “En la actualidad es prácticamente imposible sacar dinamita de las minas”, señala un mando del Instituto Armado. Por ello, tanto la delincuencia como los grupos terroristas buscan otras formas de abastecimiento de explosivo. Fuentes del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista señalan a interviú que en la actualidad las fuerzas de seguridad creen que hay cuatro vías para obtener material explosivo. “No sólo hablamos de bombas para terroristas; muchos delincuentes emplean explosivos para reventar una caja fuerte o la puerta de un furgón blindado de transporte de fondos”, señalan fuentes policiales. Las minas de Portugal se han convertido en un objetivo de los traficantes de explosivos.
En el país vecino, los controles no son tan estrictos como en España después del 11-M y grupos de delincuentes locales venden dinamita a sus colegas españoles. El transporte de explosivos desde países extranjeros, sobre todo Marruecos y Argelia, es otra de las vías de abastecimiento. En este caso, se trataría de integristas musulmanes, Sin embargo, transportar explosivos no es fácil, dada la peligrosidad que conlleva y la rápida caducidad que presentan casi todos ellos. Los integristas también han optado en ocasiones, como en el caso de la célula recientemente desarticulada en Barcelona (ver recuadro), por fabricar ellos mismos sus explosivos, siguiendo los manuales que Al Qaeda cuelga en internet. La cuarta vía es la más peligrosa y la que dos recientes operaciones policiales han puesto de manifiesto que ya se ha abierto. Se trata de obtener explosivo de los polvorines militares con la colaboración de soldados que desvíen material de los almacenes del Ejército y lo introduzcan en el mercado negro. Fuentes de los servicios de inteligencia españoles insisten en el “buen y estricto control” sobre los arsenales militares y en evitar el “alarmismo” a pesar de algunas “ovejas negras” que han robado “pequeñas cantidades”.
El foco está puesto en dos grupos de riesgo: los soldados adictos a la cocaína u otras sustancias y los militares musulmanes, que alcanzan hasta el 60 por ciento en algunas unidades de Ceuta y Melilla, según fuentes de inteligencia militar. Y en estas plazas los compradores peligrosos son delincuentes o integristas violentos. A veces, todos los grupos de riesgo se cruzan. Fue el mismo canje, droga por explosivos, que hizo posible el 11-M. Y el mismo que ofertaban en enero de 2007 en Ceuta, la otra plaza española –territorios ocupados como Palestina, según los integristas– dos soldados que fueron detenidos. Lo que ocurre es que ahora quien vende explosivos en España ya no es un minero esquizofrénico, sino gente de uniforme.
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