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NotaPublicado: 27 Abr 2019 13:16 
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Los mercenarios incluyen armas de alquiler de Eritrea, Turquía y Ecuador, con la ayuda logística de Turquía y Qatar. Están surgiendo nuevas pruebas de la participación de mercenarios que luchan del lado del gobierno de Fayez al-Sarraj, jefe del Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA) con sede en Trípoli, contra el Ejército Nacional Libio (LNA) dirigido por el mariscal de campo Khalifa Haftar.

Las evidencias recogidas confirman que las fuerzas que apoyan a la GNA incluyen una amplia gama de milicias, bandas criminales y facciones radicales contra el LNA que, lanzó una ofensiva a principios de este mes para tomar el control de la capital libia, una acción militar que está avanzando constantemente hacia el centro de Trípoli.

Fuentes libias señalaron a medios árabes que las fuerzas a favor de Sarraj están recurriendo a mercenarios extranjeros, incluidas armas de alquiler de Eritrea, Turquía y Ecuador, con la ayuda logística de Ankara y Doha.

Durante los últimos dos días, dijeron las fuentes, el Ejército libio pudo arrestar a varios elementos armados turcos que luchaban junto a las milicias de Trípoli, en un acontecimiento que parece confirmar la participación directa del gobierno de Erdogan en el conflicto libio. Muchos de los pasaportes de los elementos turcos fueron incautados por las fuerzas de LNA.

El mayor general Ahmad Mismari, portavoz del Comando General del Ejército Nacional de Libia, dijo el jueves que elementos extranjeros luchaban junto a las fuerzas de la GNA en Trípoli, además de los extremistas islámicos traídos de Zuwara y Misrata.

Mismari dijo durante su conferencia de prensa que estos elementos llegaron a través de Turquía, y que había un avión vigilando las posiciones de la LNA y proporcionando información a las fuerzas de la GNA.

El portavoz de LNA reveló que las fuerzas de LNA descubrieron los restos del caza Mirage F-1, derribado hace dos días por las fuerzas de LNA, junto con la silla del piloto del avión y un paracaídas.

También encontraron ciertas pertenencias del piloto, incluidos alimentos y una etiqueta con el nombre que lo identificó, quien dijo que está luchando junto a las milicias de Trípoli, como un ecuatoriano con el nombre de Boris Reyes.

Mismari prometió que en las próximas horas haría anuncios “devastadores”. Sobre la ofensiva, subrayó que las fuerzas de LNA están progresando en Trípoli, ya que las fuerzas de GNA “han continuado retirándose dentro de sus bases, que se encuentran dentro del alcance del Ejército libio”.

Los expertos han dicho que un eje de facto turco-qatarí está tratando de ayudar a rescatar los intereses islamistas en Libia respaldando a las milicias de Trípoli que luchan por la GNA.

La agencia de noticias Reuters informó este viernes que el LNA estaba luchando en el sur de Trípoli y mantenía la base avanzada de Gharyan, una ciudad a 80 km al sur de Trípoli, que es difícil de tomar debido a su ubicación montañosa.
https://okdiario.com/internacional/mili ... os-4041620

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NotaPublicado: 18 Dic 2019 14:53 
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Turquía sigue protagonizando el tablero de juego internacional al destinar comandos especiales y equipamiento y asesores militares a Libia mientras se produce un nuevo asedio del Ejército de Liberación Nacional (LNA, por sus siglas en inglés), dirigido por el general Jalifa Haftar, sobre la capital de Trípoli, sede del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, por sus siglas en inglés) del primer ministro Fayez Sarraj, el cual está apoyado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), Qatar y la propia nación presidida por Recep Tayyip Erdogan.

La principal misión de las fuerzas especiales enviadas por Turquía a Libia es la de proteger a los miembros del Gobierno de Acuerdo Nacional; mientras, el equipamiento militar y el destacamento de asesores arriban por petición expresa del Ejecutivo de Sarraj para enfrentar a la operación lanzada por Haftar y sus filas, la cual está provocando duros enfrentamientos entre las milicias armadas rivales.

El GNA ha indicado que en las últimas horas sus destacamentos lograron detener una incursión del LNA en torno a la mezquita de Al-Tugara, cercana al antiguo aeropuerto internacional, que lleva cinco años sin actividad, pero que es importante para controlar la zona sur de la capital de Trípoli.

Según informaciones del medio Al-Arabiya, el acuerdo bilateral de apoyo suscrito entre Turquía y el GNA fue remitido al Parlamento turco para su ratificación. Este pacto incluía lo necesario para enviar “una fuerza de reacción rápida” en auxilio del Ejecutivo tripolitano.

Denuncia de Grecia

En el último mes, Ankara y Trípoli ampliaron su convenio de seguridad ante la amenaza de las tropas de Haftar y sellaron también un pacto sobre límites marítimos en el Mediterráneo oriental, que comprende la frontera marítima entre Turquía y Libia cerca de la isla de Creta; un acuerdo que denuncia Grecia por infringir la ley internacional. El propio Jalifa Haftar respondió a esta iniciativa ordenando hundir cualquier embarcación turca que suponga una amenaza.

Tras lo acordado, el Gobierno griego recusó al embajador del GNA, Mohamed Younis Menfi, y el Ejecutivo libio alineado con Haftar y radicado al este en Tobruk rechazó el mismo, remarcando su nulidad absoluta.

El acuerdo marítimo fue enviado a Naciones Unidas para su refrendo y el convenio castrense fue remitido al Parlamento turco para su aprobación. Mevlut Çavasoglu, ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, indicó previamente que el Congreso otomano daría luz verde a la introducción de fuerzas en Libia tras su aprobación por parte de los diputados.

Todo esto ocurre después de que el jueves pasado el LNA acelerase una ofensiva sobre el centro mismo del reducto capitalino del GNA, la cual denominaron “batalla final”; tras una operación para conquistar la totalidad del territorio libio que dio comienzo el pasado 4 de abril y que supuso un toque de atención sobre las intenciones de Jalifa Haftar al llevarse a cabo incluso a pesar de la presencia en Trípoli por esas fechas de António Guterres, secretario general de la ONU, que estaba de visita oficial en la capital libia.

Desde que se pusiese fin al régimen dictatorial de Muamar el Gadafi en 2011, Libia atraviesa una situación de inestabilidad, conflictos bélicos y desgobierno; en la que dos facciones se disputan el poder: la del GNA de Trípoli, dirigido por el primer ministro Fayez Sarraj y apoyado por la ONU desde 2016, y la del LNA del mariscal Jalifa Haftar (antiguo miembro de la cúpula militar que encumbró al poder en 1969 al depuesto y ejecutado Gadafi), quien dirige la otra Administración asentada en la parte oriental de Tobruk.

Y es que la recompensa es bastante importante, ya que hablamos de llegar a controlar uno de los países más importantes del norte de África, rico por sus reservas petroleras.

Haftar, que cuenta con el apoyo expreso de Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Francia, ha llegado a controlar ya gran parte de Libia tras haber extendido su influencia sobre las grandes ciudades del sur y los yacimientos petrolíferos occidentales de Al-Sharara y Al-Fil; ahora solamente le queda conquistar las localizaciones de Sirte y Misrata y derribar a Sarraj y al bastión de Trípoli, que recibe el apoyo principal de Turquía y Qatar; de hecho, el sábado pasado la capital qatarí de Doha acogió un encuentro entre el ministro turco Çavasoglu y el primer ministro libio Sarraj para discutir sobre cooperación en el Mediterráneo oriental.

Al respecto, Turquía ya desplegó drones de vigilancia en el norte de Chipre, en la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, para tener mayor control sobre el arco mediterráneo y Oriente Medio. La agencia de noticias turca Anadolu informó que los aviones no tripulados Bayrakartar TB2 volaron al norte de Chipre este mismo lunes para poder supervisar mejor la zona del Mediterráneo, donde Turquía quiere seguir aumentando su presencia para obtener beneficios y un mayor control, incluso mediante el envío de buques de exploración de gas entre Chipre y Turquía y reclamando además supuestos derechos sobre una zona de interés económico en aguas del mar Mediterráneo que se extiende desde Turquía a Libia. Justo en un momento en el que Turquía atraviesa por una crisis económica, con una fuerte caída de la lira turca.

Por lo tanto, la guerra de Libia sigue vigente y provocando inseguridad y devastación en el país. Desde que se desatase el conflicto en abril, más de 1.500 personas han muerto ya en suelo libio, más de 5.000 han resultado heridas y más de 100.000 se han visto forzadas a abandonar sus hogares y convertirse en desplazados internos en territorio propio.

Rusia y Alemania abogan por el diálogo

Mientras discurre el conflicto bélico en Libia, Vladimir Putin, presidente de Rusia, y Angela Merkel, canciller de Alemania, han apostado en las últimas horas por reanudar las conversaciones de cara a pacificar la nación libia. Los dos dirigentes trataron el asunto a través de una conversación telefónica, según informó el Kremlin. "Vladimir Putin confirmó la disposición de Rusia a continuar respaldando los esfuerzos mediadores que realizan Alemania y la ONU", señaló oficialmente el Estado ruso.

Por otro lado, Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan tienen programada una reunión para el 8 de enero en Estambul, con el objetivo principal de tratar el tema del gasoducto Turk Stream, un proyecto que incluye dos tuberías con una capacidad total de 31.500 millones de metros cúbicos de gas anuales a través del fondo del mar Negro. Se prevé que en este encuentro ambos mandatarios traten el conflicto de Libia y sus consecuencias, teniendo en cuenta que ambos apoyan a bandos rivales, Rusia al LNA de Haftar y Turquía al GNA de Sarraj.
https://okdiario.com/internacional/turq ... ia-4943384

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NotaPublicado: 26 Dic 2019 11:10 
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El conflicto de Libia se está decantando de tal forma que las fuerzas militares o paramilitares de Turquía y Rusia pueden verse directamente implicadas sobre el terreno, como ya sucedió en Siria. De un lado, los mercenarios rusos apoyan al mariscal Jalifa Hafter, que controla el este y sur del país. Y de otro, el Gobierno turco del presidente Recep Tayyip Erdogan ha estrechado su alianza con el llamado Gobierno de Unidad Nacional, que controla Trípoli y Misrata. Ninguna de las dos partes en conflicto tiene poder militar para vencer a la otra. Pero la ayuda directa de Turquía o Rusia puede inclinar la balanza de una forma sangrienta.

Jalifa Hafter anunció el jueves 12 de diciembre que iba a emprender una ofensiva “decisiva” sobre Trípoli. La capital se encuentra en manos del llamado Gobierno de Unidad Nacional (GNA, por sus siglas en inglés), único reconocido por la ONU. Hafter inició el asedio en abril, pero se vio obligado a quedarse a las puertas. Quedó así en evidencia que su fuerza no era tan determinante como parecía. Pero ahora cuenta con la ayuda de cientos de mercenarios rusos sobre el terreno, además del apoyo tradicional que le suministran Egipto y Emiratos Árabes Unidos. La llegada de los rusos, que se suman a los mil mercenarios sudaneses con que cuenta Hafter, está desequilibrando ligeramente la guerra a favor del mariscal libio.

Sobre el papel, el Gobierno de Unidad, dirigido por Fayez al Serraj es, oficialmente, el único legítimo de Libia y cuenta con el respaldo, también oficialmente, de la ONU, Estados Unidos y la Unión Europea. Pero eso es solo sobre el papel. En realidad, a este Gobierno solo lo sostienen en su esfuerzo militar Turquía y, en menor medida, Qatar. Fayez al Serraj se ha reunido dos veces en menos de un mes con Erdogan y ha firmado un acuerdo militar y otro marítimo. Ahora, Estambul está dispuesto a dar un paso más hacia el frente.

A principios de diciembre, Erdogan anunció que su país está listo para enviar tropas a Libia “si el pueblo libio lo pide”. Ankara y el Gobierno de Unidad de Libia firmaron el 27 de noviembre un acuerdo de cooperación militar que incluye la creación de una Fuerza de Reacción Rápida que cubra “responsabilidades militares y policiales en Libia”, el establecimiento de una oficina de Cooperación en Defensa y Seguridad “con suficientes expertos y personal”, transferencia de material e instrucción militar y compartir información de inteligencia.

El acuerdo fue enviado el pasado fin de semana al Parlamento turco para su tramitación y, aunque la oposición socialdemócrata ha criticado su coste económico así como “el peligro para la seguridad interna que supone compartir información secreta con un actor político en circunstancias bélicas”, el Gobierno turco cuenta con apoyo suficiente para su aprobación.

El domingo, 15 de diciembre, Erdogan se reunió de nuevo con Al Serraj en Estambul aunque casi nada trascendió de la reunión. Un día antes, los ministros de Exteriores y Defensa de Turquía se habían reunido también con el presidente del Gobierno de Unidad en Doha (Qatar), el otro gran aliado militar de Trípoli.

El analista y exmilitar turco Metin Gurcan escribió en Al Monitor que las Fuerzas Armadas turcas ya han comenzado los preparativos para el envío de ayuda militar a Libia. Esta consistiría en “dos o tres equipos de asalto anfibio y una compañía de unos cien marines”, así como los buques de guerra y aviones necesarios para su despliegue. Eso sí, apunta el experto: se limitarían a labores de instrucción militar y no de combate.

“Lo que más necesita ahora mismo el Gobierno de Unidad son sistemas de defensa antiaérea”, sostiene Emrah Kekili, investigador del centro de estudios SETA, “además de reconstruir su sector defensivo con ayuda del saber hacer de Turquía”.

La prensa local informa de que el apoyo turco se ha limitado al envío de armamento, drones -cuya industria se ha desarrollado rápidamente en los últimos años-, y de algunos instructores. No obstante, Ankara niega cualquier envío de armamento, porque eso implicaría reconocer oficialmente la violación del embargo internacional de armas decretado por la ONU sobre Libia. El embargo se lo saltan todas las partes implicadas, pero nadie lo asume. También el Kremlin niega que haya mercenarios rusos destacados en las filas del general Jalifa Hafter.

Un grupo de expertos que ha trabajado durante varios meses sobre el terreno para la ONU presentó un informe de 379 páginas ante el Consejo de Seguridad en el que asegura que las dos partes en el conflicto han recibido “armas y equipo militar, apoyo técnico y combatientes no libios que no cumplían las sanciones relacionadas con las armas”. El informe indica que tanto Emiratos Árabes Unidos y Jordania (aliados del mariscal Hafter) como Turquía “suministraron armas de forma habitual y a veces flagrante, con poco esfuerzo para ocultar la fuente”.

El investigador turco Kekili enarbola el argumento moral para justificar la intervención turca en la guerra de Libia. “No hay que olvidar que Hafter dirige a unas milicias golpistas. Y el Gobierno de unidad es el Ejecutivo reconocido por la comunidad internacional”. Pero Kekili no elude los intereses turcos en el Mediterráneo: “Desde el inicio de la guerra, Emiratos Árabes Unidos y Egipto han apoyado a Hafter porque saben que les será más fácil controlar los recursos energéticos a través de un dictador y porque así pueden minar los intereses turcos en el Mediterráneo, donde también Grecia está trabajando junto a Egipto para arrebatarnos nuestros legítimos derechos”.

Un diplomático europeo que solicita el anonimato señala que, de momento, Hafter "no ha dado un paso, pero el simple anuncio de la ofensiva forma parte de la guerra psicológica. Tal vez Hafter aún no tenga fuerza suficiente para invadir Trípoli, pero es cierto que la tenaza sobre la capital cada vez se estrecha más. Por eso es comprensible que en Trípoli se pongan nerviosos y acudan a Erdogan. Sin embargo, el precio que se está cobrando Erdogan con el acuerdo marítimo firmado con Libia es muy alto, ya que afecta a un actor fundamental, la Unión Europea, y a uno de sus miembros, Grecia”.
El ejemplo sirio

Karim Mezran, miembro de Atlantic Center, señala en un informe de este centro de análisis que la comunidad internacional debería haber apoyado militarmente al Gobierno de Unidad Nacional, para obligar a Hafter a negociar. “Esto no es lo que pasó. Y ahora tenemos a las poblaciones de Trípoli y Misrata luchando contra cuatro o cinco potencias extranjeras que apoyan a Hafter y al resto del mundo observando y decidiendo no hacer nada, con la excepción del presidente turco”.

Mezran cree que si Turquía convierte en el principal defensor del Gobierno reconocido, en lugar de Europa o Estados Unidos, entonces todo lo que se necesitará será un acuerdo entre Moscú y Ankara para resolver el problema libio. Y con ese acuerdo quedará mermado “el poder americano y europeo”, según Mezrán.

El riesgo de que el conflicto libio degenere en una guerra como la de Siria es evidente. En Siria, la intervención rusa a partir de 2015 permitió al régimen de Bachar al Asad recuperar el terreno perdido; mientras que el apoyo de Turquía ha sido lo único que ha permitido que las facciones rebeldes no sean completamente aniquiladas. En Libia, igual que en Siria, Turquía y Rusia apoyan a facciones contrapuestas, lo que no ha sido óbice para que sus dirigentes, Erdogan y Vladímir Putin, pactasen treguas y cierto reparto de territorio.

El próximo 8 de enero, Erdogan y Putin se encontrarán en Estambul y la cuestión de Libia será una de las que acapare la reunión. El pasado martes, ambos líderes conversaron sobre el tema por teléfono y mostraron su disposición a mediar entre los bandos en liza, así como a apoyar los esfuerzos del Gobierno alemán y la ONU, que tienen previsto organizar a principios del año que viene una conferencia de paz.
Un pacto para buscar gas en el Mediterráneo

Además, del pacto de cooperación militar, Turquía y Libia han firmado a finales de noviembre un acuerdo de demarcación de las fronteras marítimas de sus zonas económicas exclusivas. Este nuevo diseño de fronteras abriría el paso a Turquía para emprender exploraciones en busca de bolsas submarinas de hidrocarburos.

Ankara y el Gobierno de Unidad de Libia ya han enviado a la ONU el acuerdo bilateral para su aprobación. Los países vecinos han puesto el grito en el cielo ya que las zonas delimitadas se solapan con las aguas territoriales y zonas económicas exclusivas de Egipto y Grecia. Como protesta ante el acuerdo, el Gobierno griego ha expulsado de Atenas al embajador libio.

Un diplomático europeo conocedor del conflicto libio señala: “El acuerdo marítimo entre Turquía y el Gobierno de Unidad libio ha escandalizado a la ONU y a la Unión Europea, pues menoscaba los derechos de Grecia y, de forma indirecta, los de Chipre. En la UE no ha habido disparidad de criterio a la hora de solidarizarse con Grecia”.

El controvertido pacto es la última medida de presión de Ankara para no quedar fuera del reparto de los hidrocarburos del Mediterráneo Oriental. Grecia, Chipre, Egipto e Israel han firmado varios acuerdos de extracción y transporte del gas hallado bajo sus aguas excluyendo a Turquía. Y Ankara arguye que Grecia utiliza de forma injusta la presencia de pequeñas islas frente al territorio turco, como Castelórizo, para justificar la extensión de su zona económica exclusiva hasta reducir a la nada la zona de explotación turca.
https://elpais.com/internacional/2019/1 ... 72834.html

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NotaPublicado: 27 Dic 2019 09:48 
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Una nueva partida internacional se juega en el este del Mediterráneo. Mientras en Siria el ejército y su aliada Rusia golpean violentamente el noroeste, para acabar con el último foco de una oposición armada apoyada antaño por Turquía, ambas naciones extranjeras amagan con enzarzarse en Libia. Y no sólo ellos. Cada vez más países se arremolinan en torno a uno de los dos poderes rivales erguidos sobre las ruinas del gadafismo. Otra de las llamadas guerras 'proxy' se avecina.

"Ellos apoyan a un señor de la guerra pero nosotros lo hacemos al Gobierno legítimo y aceptamos su invitación para enviar tropas. Esto es lo que lo hace diferente", explicó el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ayer a los delegados provinciales de su partido. El presidente estaba tratando de explicar a sus acólitos las razones por las que, tan pronto como el mes que viene, la Gran Asamblea, que domina, tiene previsto aprobar un despliegue militar con el que Turquía busca ganar peso regional y confrontar a sus vecinos incómodos, en especial Grecia y Chipre.

El Gobierno de Erdogan es, junto con Qatar e Italia, uno de los proclamados partidarios del Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN). Basada en Trípoli y encabezada por el primer ministro Fayez Sarraj, esta Administración es la única reconocida por Naciones Unidas. En su contra está llamado Gobierno de Tobruk, basado en la ciudad homónima. Su brazo armado, el Ejército Nacional Libio liderado por el mariscal Jalifa Hafter, lleva nueve meses tratando de invadir Trípoli, una ofensiva que ha relanzado estos días. Las escaramuzas se han sucedido alrededor de la urbe, aunque el GAN parece haber logrado frenar el primer embate de Hafter.

El sábado pasado, tras una visita de Sarraj, el Parlamento turco aprobó un acuerdo militar con el GAN que le permitirá proporcionar a los libios equipamiento y adiestramiento castrense. La moción planeada para aprobarse en enero, anunciada por Erdogan el jueves, permitirá enviar soldados para combatir a Hafter bajo demanda del GAN, que ya expresó su deseo de requerir tropas si se incrementan los combates en la capital. Erdogan acusó ayer a Hafter de ser un "golpista apoyado por varios países europeos y árabes", entre ellos Rusia. De materializarse el despliegue turco, paradójicamente Erdogan podrá esgrimir justo lo mismo que Putin al intervenir en Siria: tener una invitación formal para ello.
Huella turca

Pero la huella turca ya se hace notar en Libia, sobre todo en su cielos. Según el periódico The Guardian, drones Bayraktar TB2 surcan el aire libio bajo la égida del GAN, igual que lo hace una flota de naves similares Wing Loong de factoría china, proporcionadas por Emiratos Árabes Unidos a las fuerzas de Haftar. La pugna en los cielos, haciendo combatir estos aparatos de bajo coste, útiles para golpear sigilosamente y combatir sin poner en riesgo efectivos en el campo de batalla, ha convertido Libia en el primer escenario de una de las llamadas guerras del futuro.

"El poder aéreo está jugando un rol más importante y los drones son muy útiles. Hemos detectado una mayor tendencia a perseguir objetivos 'blandos'. Cada vez se toleran más las víctimas civiles y no ha habido condenas internacionales", recuerda al rotativo Jalel Harchaoui, experto del instituto Clingendael de La Haya. El académico señala varios ejemplos. El agosto pasado, un dron operado por Emiratos mató a cerca de 45 personas, entre ellas numeroso niños, durante una reunión en el suroeste del país. La nave, al servicio de Hafter, ejecutó el llamado bombardeo doble trampa, una técnica empleada habitualmente por los rusos en Siria que consiste en golpear una vez, esperar a que acudan a socorrer a las víctimas y atacar ese punto de nuevo.
"Obstáculo para la paz"

Según la ONU, que considera tamañas intervenciones extranjeras en Libia "un obstáculo para la paz", y sigue pidiendo a las partes un entendimiento político que evite el recrudecimiento del conflicto armado, más de mil personas han muerto en la última oleada de combates y más de 120.000 han resultado desplazadas. Uno de los temores es que la rama libia del Estado Islámico, que llegó a gobernar una ciudad del tamaño de Sirte hasta su expulsión en diciembre de 2016, pueda explotar la situación y volverse a aupar en medio del descontrol.

Así lo ha advertido recientemente Sarraj, quien considera que la ofensiva actual de Hafter da "a los terroristas la oportunidad apropiada y el clima" para un resurgimiento. Hafter, por su parte, fue uno de los arietes en la lucha contra el Daesh. Esto y su imagen de militar no islamista le han granjeado unas simpatías occidentales de las que carece el GAN, identificado con unos Hermanos Musulmanes criminalizados en países como Egipto o Arabia Saudí.

Según su ministro del Interior, Fathi Bashagha, e Inteligencias occidentales, un millar de combatientes rusos se han unido a las filas de Hafter que atacan Trípoli. Son ni más ni menos que mercenarios de la compañía Wagner, el 'miniejército' privado de un amigo de Vladimir Putin que ha hecho las veces de fuerza rusa en aquellos escenarios donde Moscú ha preferido no confirmar su presencia o no contabilizar bajas propias. Bashagha ha denunciado que los hombres de Wagner disponen de tecnología para desorientar drones y artillería.

Está previsto que Putin visite Turquía el próximo 8 de enero. Es probable que entre los temas que él y Erdogan despachen esté el futuro de Siria y Libia. Ankara negociará con una moneda de cambio: acaba de firmar con el GAN un acuerdo marítimo controvertido al que no quiere renunciar. El lecho marino recién delimitado por ambas administraciones, que se presume repleto de gas, se solapa con los de Grecia y especialmente Chipre, al que Turquía acusa de vender derechos de explotación a terceros sin contar con sus protegidos turcochipriotas. Si las temidas guerras del nuevo año tienen solución, parece que estará lejos de la órbita occidental.
https://www.elmundo.es/internacional/20 ... b4631.html

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NotaPublicado: 19 Sep 2020 11:14 
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El piloto de combate, el jefe mercenario y el señor de la guerra: una historia de guerra moderna

Cuando Christiaan Durrant tenía cuatro años, su padre lo ató a la espalda y los lanzó a ambos desde un acantilado del océano en un ala delta hecho en casa con lona, ​​tubos eléctricos y tuberías de aluminio.

Sorprendentemente, la pareja regresó a la tierra sin contratiempos y nació la obsesión de toda la vida de Durrant con el cielo, y con el riesgo alimentado por la adrenalina.

Fue una obsesión que finalmente lo colocaría en la mira de una investigación de la ONU, acusado de planificar una operación secreta para proporcionar a un señor de la guerra libio aviones, armas y soldados para ayudar a derrocar al gobierno de Libia reconocido internacionalmente.


A los 22, Durrant era piloto de combate de la Fuerza Aérea Australiana. A los 28, había encabezado la clase en una de las clases de pilotos de combate más difíciles del ejército australiano: el curso de Instructor de combate de combate, o FCI, equivalente al programa de pilotos Top Gun Navy de Estados Unidos.

Junto con sus crecientes habilidades, sin embargo, estaba una creciente sensación de frustración con los militares y su burocracia.

"Empecé a perder un poco la fe ... sentí que había mucha política involucrada y burócratas de alto rango que estaban erosionando la fuerza de lo que se le pidió que hiciera: defender el país. Y no pude" "Trabajar en ese ambiente, chocaba demasiado con mi propia personalidad", recordó en una entrevista con la radio ABC.

Dejó la Fuerza Aérea en 2004. Durante la década siguiente probó varias carreras civiles: voló jumbos para Qantas, fue consultor de aviación militar en Canberra, comenzó un negocio de turismo en Tasmania e incluso dirigió una granja. Ninguno atascado.

Durrant escribió sobre su sed de acción en su autobiografía de 2012, Fighter Pilot.

"Hay un mono en tu espalda ... Solo come peligro, emoción y hazañas imposibles. Si no se alimenta, te susurrará al oído lo poco que vales", dijo.

"Para satisfacer a ese mono tendrás que hacer cosas que no son del todo cuerdas, ni conducen a una larga vida ni a una familia feliz. Eres un esclavo del mono".
Encontrar, arreglar, terminar: Operación Opus


Mantener a ese mono alimentado fue cómo Durrant supuestamente terminó estableciendo un proyecto militar privado para un señor de la guerra libio.

Four Corners puede revelar que las Naciones Unidas están investigando el presunto papel de Durrant, y el de otros dos militares australianos, en la operación libia. La ONU alega que la misión violó un embargo de armas diseñado para detener la violencia que ha asolado a la nación del Medio Oriente desde el derrocamiento del dictador Muammar Gaddafi en 2011.

John Oddie, ex subcomandante de las Fuerzas Armadas de Australia en el Medio Oriente, dijo a Four Corners que las acusaciones eran extremadamente preocupantes.

"Es excepcionalmente grave que ex militares australianos estén aplicando las habilidades que les han otorgado nuestra comunidad y nuestro gobierno para cosas potencialmente criminales, ciertamente inmorales", dijo.
Youtube El piloto de combate, el jefe mercenario y el señor de la guerra: una historia de guerra moderna en Libia | Cuatro esquinas

La operación de 2019 fue organizada por un oscuro grupo de mercenarios y empresarios que se hacen llamar Opus.

Según la ONU, que ha reunido 140 páginas de evidencia condenatoria a través de dos informes innovadores, fue diseñado para brindar apoyo militar al general Khalifa Haftar, que controla las autodenominadas Fuerzas Armadas Árabes Libias, que ha estado luchando durante años para derrocar al gobierno reconocido del país.

La operación del Opus se presenta en dos documentos: una presentación en PowerPoint y un informe de situación secreto, o sitrep. Ambos se revelan aquí por primera vez.

En el informe de situación, el equipo de Opus lo advierte: "puede ser efectivo en siete días ... con la exportación de artículos controlados, incluidos helicópteros, municiones aéreas, armas terrestres, municiones terrestres y visión nocturna".

"Opus continuará con su agresivo programa de despliegue [para] apoyar la intención estratégica del comandante", concluyó. Los investigadores de la ONU creen que el general Haftar es "el comandante".

Helicópteros, armas y soldados occidentales
En un lenguaje frío y comercial, PowerPoint presentó un plan para helicópteros armados y un equipo de exmilitares occidentales que actuarían como fuerzas especiales de Haftar.

Proporcionó una lista de compras de hombres, armas, helicópteros de ataque militar y aviones de vigilancia.

También incluía una lista de nueve libios que aparentemente el equipo del Opus estaba ofreciendo matar o secuestrar para Haftar.

Una de las personas tiene el término DNT (No Terminar) junto a su nombre.

El documento está lleno de términos militares estadounidenses para asesinatos selectivos y secuestros.

En una página se refiere a la provisión de una unidad de "extracción / terminación de HVT": HVT significa objetivos de alto valor. En otros lugares, incluye el término F3, que significa Find, Fix, Finish, un término para apuntar y matar o capturar enemigos importantes.

"Se le dice que busque, ubique y asesine a personas", dijo el periodista estadounidense de conflictos Robert Young Pelton, quien ha hablado con personas involucradas en la operación.

Haftar aceptó la propuesta, que según los investigadores de la ONU tenía un valor de hasta 80 millones de dólares, y en dos meses empezaron a llegar helicópteros y aviones a Amman, Jordania.
Cuatro miembros del Ejército Nacional Libio (LNA) vestidos con ropa del ejército hacen gestos con signos de paz desde un automóvil montado con armas.

Según investigadores de la ONU, el 14 de junio del año pasado, Durrant aterrizó en Ammán para supervisar el envío de helicópteros, aviones y un grupo de unos 20, principalmente ex militares de Sudáfrica, el Reino Unido, los Estados Unidos y Australia, a Libia para la operación Haftar.

También estuvo allí para recibir dos helicópteros de ataque Cobra y cinco helicópteros de las fuerzas especiales "Little Bird" del ejército jordano, que los vendía en el mercado abierto, según investigadores de la ONU.

Las autoridades jordanas comenzaron a sospechar del proyecto y enviaron a un representante para reunirse con Durrant.

No salió bien. Durrant se presentó como Gene Rynack, un ligero error ortográfico del nombre del piloto contratista de la CIA de Mel Gibson en la película, Air America.

"Durrant dijo a las autoridades jordanas que la operación tenía autorizaciones de 'todas partes'", declararon los investigadores de la ONU en un informe. Los jordanos establecieron que eso no era cierto.

En cuestión de días, el cuartel general de las Fuerzas Armadas de Jordania canceló la venta de los helicópteros de ataque y las autorizaciones de salida de los aviones y hombres que estaban a punto de desplegarse en Libia, encontró la ONU.

Los investigadores de la ONU creen que Durrant y los demás detrás de Opus se vieron obligados a comprar media docena de helicópteros exmilitares en Sudáfrica y enviarlos por todo el continente.


Durrant salió de Ammán hacia su casa en los Emiratos Árabes Unidos.

Los contratistas organizaron un vuelo privado y, el 27 de junio o alrededor de esa fecha, 20 mercenarios aterrizaron en el cuartel general de Haftar en el este de Libia, Bengasi.

Entre los 20 mercenarios había otros dos australianos: un ex soldado del SAS de 60 años y un ex fusilero del Ejército de 38 años y tripulante de Blackhawk.

A los 20 hombres se les pagó alrededor de 80.000 dólares cada uno por lo que sería un trabajo de tres meses. Al final, solo duraron unos días en la nación devastada por la guerra.

Cuando llegaron, tres de los mercenarios fueron a visitar a Haftar para discutir la operación. El caudillo mercurial notó que llegaban sin los helicópteros militares prometidos en el PowerPoint.

"El general, al no ver todas sus cañoneras de lujo por las que había pagado, se enfureció", dijo Pelton, el periodista a quien una persona involucrada le describió la escena.

“El general dijo: 'Pagué $ 80 millones, ¿dónde están mis cosas?' Y hubo amenazas contra la vida de Durrant, personalmente por parte del general ", le dijeron a Pelton.

A los mercenarios les quedó claro que el plan se estaba desmoronando. Varias noches más tarde, temiendo por su seguridad, condujeron hasta un muelle de Bengasi y huyeron en dos botes inflables.

Uno de los botes se averió poco después de partir y los 20 hombres tuvieron que amontonarse en un bote pequeño para un viaje nocturno de 350 millas náuticas a través del Mediterráneo hasta un puerto seguro en Malta.

Cuando llegaron a la capital maltesa, La Valeta, los mercenarios fueron interrogados por la policía maltesa. Dijeron que estaban en Libia como parte de un estudio de petróleo y gas y que habían evacuado apresuradamente porque se volvía demasiado peligroso.

Fueron liberados sin cargos y pasaron la noche en un resort antes de salir de la isla en vuelos internacionales.

Durrant declinó una entrevista, pero dijo a Four Corners en un comunicado que ni él ni los hombres que entraron en Libia participaron en la prestación de apoyo militar a Haf.

No infringimos las sanciones; no brindamos servicios militares, no llevamos armas y no somos mercenarios ", dijo. La ONU se basaba en" documentos falsos "para acusarlo de participación, dijo a Four Corners.

"Algunas de sus preguntas y los informes anteriores de otros se basan en investigaciones poco fiables de la ONU, influenciadas por una agenda política que va más allá de mí, y sigue siendo falsa y decepcionante", afirmó.

Los informes de la ONU sobre la presunta operación afirman que la evidencia está establecida más allá de toda duda razonable de que la operación ocurrió. Los investigadores también afirman estar "convencidos de la veracidad" de los documentos en los que se basan.

Los investigadores de la ONU afirman que Durrant fue uno de los organizadores de la operación y ha violado el embargo de armas de la ONU.

Durrant fue "al menos, cómplice de la planificación y ejecución de una operación militar en apoyo de un grupo armado en Libia", según su informe más reciente.

Una de las personas que la ONU está mirando en relación con el caso es un amigo estadounidense de Durrant: Erik Prince.
El infame jefe mercenario

Prince es uno de los jefes mercenarios más destacados y notorios del mundo.

Prince, el hijo menor de un multimillonario de repuestos de automóviles de Michigan, sirvió brevemente como SEAL de la Marina de los EE. UU. Antes de crear la compañía militar privada Blackwater a fines de la década de 1990. La empresa se convirtió en uno de los mayores proveedores de servicios militares privados para el gobierno de Estados Unidos durante la guerra de Irak.

Robert Young Pelton se incorporó a Blackwater en Irak y pasó tiempo con Prince. Recuerda que incluso cuando la compañía ganaba cientos de millones protegiendo a diplomáticos estadounidenses, Prince tenía una ambición más audaz.
https://www.abc.net.au/news/2020-09-14/ ... d/12644052

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