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NotaPublicado: 01 Jul 2023 15:37 
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13.000 soldados y policías dejarán este sábado sus tareas y deberán abandonar el país a fin de año El Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York El 30 de junio de 2023, votó a favor de poner fin a una misión de mantenimiento de la paz de una década a Malí cuya junta militar instó a la retirada de las tropas, ya que se alinea con Rusia. El Consejo de Seguridad votó por unanimidad una resolución que iniciará de inmediato la reducción de la misión de la Minusa, iniciada en 2013 para evitar una toma del poder por los yihadistas.



A petición de las autoridades militares de Mali, el Consejo de Seguridad de la ONU ha puesto fin este viernes a la misión de los cascos azules en ese país africano, escenario de la penetración de los grupos yihadistas. En este país, aunque trabajando en una misión de la UE, hay también desplegados soldados españoles.

En un discurso del pasado 16 de junio ante el Consejo de Seguridad, que tuvo el efecto de una bomba, el ministro maliense de Relaciones Exteriores, Abdoulaye Diop, denunció "el fracaso" de la misión de la ONU (Minusma) y pidió la "retirada sin dilación".

La resolución, que fue adoptada por unanimidad de los 15 miembros del Consejo, decide "poner fin al mandato de la Minusma a partir del 30 de junio", la operación más costosa de la ONU (1.200 millones de dólares anuales). Este cese de operaciones deja vía libre a Rusia y al Grupo Wagner para estrechar lazos con el gobierno del país (que dio un golpe de Estado en 2020) y en última controlar sus recursos.

Los cascos azules cesarán sus actividades este 1 de julio para empezar a organizar el desmantelamiento de su operación, "con el objetivo de terminar el proceso para el 31 de diciembre de 2023". Hasta finales de septiembre, podrán proteger a los civiles "en los alrededores" de sus posiciones.

La misión, que cuenta con una decena de bases repartidas por el territorio, fue creada en 2013 para ayudar a estabilizar al estado amenazado con desmoronarse por los ataques yihadistas, proteger a los civiles, contribuir a los esfuerzos de paz y defender los derechos humanos.

"Lamentamos profundamente la decisión del gobierno de transición de abandonar Minusma y el daño que causará a los malienses", dijo el diplomático estadounidense Jeffrey DeLaurentis en el Consejo de Seguridad.

Poco después de la votación, el canciller ruso Serguei Lavrov llamó a Diop y prometió un "apoyo sin reservas" al país africano en el campo militar, humanitario y económico, según la cancillería en Bamako.

La embajadora adjunta rusa ante la ONU, Anna Evstigneeva, también garantizó un "amplio apoyo" a Mali, país que quiere asumir la "total responsabilidad" de su seguridad.
"Resultados tangibles"

Según la última evaluación del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, poner fin a la misión es prematuro. Unos días antes del anuncio de la junta maliense, Guterres estimó que la presencia de Minusma es "valiosa" y recomendaba que se mantuviera con los mismos efectivos, aunque enfocándose en prioridades limitadas.

Varios países de la región, "particularmente preocupados por la expansión de los grupos extremistas" y "el riesgo de propagación de la inestabilidad" habían pedido incluso que se reforzara el mandato, según el informe.

El embajador maliense ante la ONU, Issa Konfourou, desechó dichos temores y sostuvo que su país ha registrado "resultados tangibles" en el terreno y del orden constitucional.

"El gobierno lamenta que el Consejo de Seguridad siga considerando la situación de Mali como una amenaza a la seguridad internacional", dijo. Las relaciones entre las autoridades malienses y la misión se erosionaron desde que los militares asumieron el poder en 2020.
Policías nigerianos de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Mali (MINUSMA) patrullan en la plaza principal de Tombuctú el 8 de diciembre de 2021. El 30 de junio de 2023, el Consejo de Seguridad de la ONU votó en Nueva York el fin de una misión de mantenimiento de la paz de una década en Mali cuya junta militar instó a retirar las tropas al alinearse con Rusia. El Consejo de Seguridad votó por unanimidad una resolución que iniciará de inmediato la reducción de la misión de la Minusa, iniciada en 2013 para evitar una toma del poder por los yihadistas. (Foto de FLORENT VERGNES / AFP)
Policías nigerianos pertenecientes a la misión de la ONU.FLORENT VERGNESAFP

La ONU denunciaba regularmente los obstáculos de las autoridades locales a los desplazamientos de los cascos azules. Asimismo, algunos países empezaron a retirar a sus tropas debido a la multiplicación de ataques contra la misión, que han dejado 174 muertos desde 2013.

La junta reclamaba por su parte que Minusma dejara los derechos humanos de lado y se centrara más en repeler a los grupos terroristas.

Ahora, es necesario organizar la salida de más de 13.000 militares y policías y de sus equipos, desde helicópteros a vehículos blindados.
"Complejas negociaciones"

El calendario de la retirada ha sido objeto de complejas negociaciones en los últimos días. La retirada de las tropas internacionales también genera temores en la población maliense.

"Es posible que los extremistas aprovechen esta oportunidad para aumentar la violencia", comentó Julie Grégory, del grupo de reflexión estadounidense Stimson Center.

Y "los responsables de la ONU temen que cuando los soldados de la paz se vayan de sus bases, Wagner (el grupo mercenario ruso) ocupe sus instalaciones", estima Richard Gowan, del International Crisis Group.

Tras la rebelión de tropas del grupo Wagner en el marco de la invasión de Ucrania, abortada por su jefe Yevgueni Prigozhin, el 24 de junio, Moscú aseguró que selló un acuerdo y que este ejército privado seguirá operando en Mali, donde es a menudo acusado de perpetrar violaciones de los derechos humanos.

"Seamos claros, el grupo Wagner no es la respuesta, independientemente de que opere por sí solo o bajo control directo de Moscú", advirtió recientemente el embajador británico adjunto ante la ONU, James Kariuki.
https://www.elmundo.es/internacional/20 ... b456f.html

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NotaPublicado: 29 May 2025 09:52 
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El gobierno haitiano ha firmado un acuerdo con Prince, el contratista militar privado que fundó Blackwater, empresa conocida por una matanza de civiles en Irak.



David C. Adams y Frances Robles, sumadas sus experiencias, han cubierto Haití durante más de cinco décadas, y Mark Mazzetti ha escrito sobre los contratistas militares privados estadounidenses durante 20 años.


Erik Prince, contratista militar privado y destacado partidario del presidente Donald Trump, está colaborando con el gobierno de Haití para llevar a cabo operaciones letales contra las pandillas que aterrorizan a la nación y amenazan con apoderarse de su capital.

Prince, fundador de Blackwater Worldwide, firmó un contrato para enfrentarse a los grupos criminales que han estado matando a civiles y tomando el control de vastas franjas de territorio, según altos funcionarios del gobierno haitiano y estadounidense y otros expertos en seguridad familiarizados con el trabajo de Prince en Haití.

En los últimos meses, el gobierno de Haití ha usado los servicios de contratistas estadounidenses, entre ellos Prince, para que trabajen en un grupo de operación secreta destinado a desplegar aviones no tripulados para matar a miembros de pandillas, dijeron expertos en seguridad. El equipo de Prince ha estado operando los drones desde marzo, pero las autoridades aún no han anunciado la muerte o captura de un solo objetivo de alto valor.

Los expertos en seguridad dijeron que Prince también ha estado buscando veteranos militares haitianos para contratarlos y mandarlos a Puerto Príncipe; se espera que envíe hasta 150 mercenarios a Haití durante el verano. Recientemente envió un gran alijo de armas al país, según dos expertos.

El gobierno haitiano está esperando la llegada de los envíos de armas y de más personal para intensificar su lucha contra las pandillas.

Funcionarios estadounidenses dijeron estar al corriente de la colaboración de Prince con el gobierno de Haití. Pero se desconocen todos los términos del acuerdo del gobierno haitiano con Prince, incluido el monto de sus honorarios.


Este artículo se basa en entrevistas con una decena de personas que siguen de cerca la situación en Haití. Todas menos una hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizadas a discutir públicamente asuntos delicados de seguridad.

El Departamento de Estado, que ha proporcionado millones de dólares en fondos para equipar y formar a la Policía Nacional de Haití, dijo que no le paga a Prince ni a su empresa por ningún trabajo en Haití.

Prince declinó hacer comentarios para este artículo. Blackwater ya no existe, pero Prince es propietario de otras entidades militares privadas.

La participación de contratistas civiles como Prince, un donante de Trump que tiene un largo y accidentado historial en el sector de la seguridad privada, marca un momento crucial en Haití. Su crisis se ha agravado desde que su último presidente fue asesinado en 2021, y el gobierno parece dispuesto a tomar medidas desesperadas para retomar el control.

Los grupos armados intensificaron la violencia el año pasado, uniéndose y tomando las prisiones, incendiando comisarías y atacando hospitales. Alrededor de 1 millón de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares y cientos de miles viven en refugios.

En los últimos meses, las pandillas se han apoderado de tanto territorio que funcionarios de la ONU han advertido que la capital corre el riesgo de caer bajo el control total de la delincuencia.

La situación es lo suficientemente grave como para que tanto funcionarios como civiles se muestren ansiosos por cualquier ayuda exterior, sobre todo después de que una misión policial internacional de 600 millones de dólares estadounidenses iniciada por el gobierno de Joe Biden y compuesta en gran parte por agentes de policía kenianos, no recibiera suficiente personal ni los fondos internacionales adecuados.

Como las fuerzas policiales haitianas carecen del personal y equipamiento necesario para contener a las pandillas, el gobierno está recurriendo a contratistas militares privados equipados con armas de gran potencia, helicópteros y sofisticados drones de vigilancia y ataque para enfrentarse a las pandillas bien armadas. Al menos otra empresa de seguridad estadounidense trabaja en Haití, aunque los detalles de sus labores en el país son secretos.



Desde que comenzaron en marzo los ataques con aviones no tripulados contra las pandillas, han matado a más de 200 personas, según Pierre Esperance, quien dirige una importante organización de derechos humanos en Puerto Príncipe.

Tras el fin de las ocupaciones estadounidenses de Afganistán e Irak, empresas de seguridad como las de Prince empezaron a ver cómo se agotaban sus grandes fuentes de ingresos. Los contratistas militares privados buscan nuevas oportunidades, y ven posibilidades en América Latina.

Antes de las elecciones presidenciales de este año en Ecuador, Prince recorrió el país con la policía local y prometió ayudar a las fuerzas de seguridad. El país se ha enfrentado a una ola de violencia desatada por los grupos delictivos.

Las autoridades ecuatorianas negaron haber firmado un acuerdo de seguridad con Prince.

Una persona cercana al empresario dijo que espera ampliar el alcance de su trabajo en Haití para incluir ayuda en materia de aduanas, transporte, recaudación de ingresos y otros servicios gubernamentales que deben restablecerse para que el país se estabilice. La corrupción desenfrenada del gobierno es una de las principales razones por las que las finanzas de Haití están en ruinas.

Prince, cuya hermana Betsy DeVos fue secretaria de Educación durante el primer mandato de Trump, donó más de 250.000 dólares para ayudar a elegir a Trump en 2016, según los registros financieros de la campaña. A menudo se le citó como “asesor” informal de la primera transición de Trump al cargo, una descripción que él negó.

Días antes de que Trump tomara posesión de su cargo en 2017, Emiratos Árabes Unidos organizó una reunión entre Prince y un ciudadano ruso cercano al presidente de Rusia, Vladimir Putin, como parte de un esfuerzo por establecer una línea de comunicación entre Moscú y el presidente entrante, reunión que posteriormente fue objeto de escrutinio.

El Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes remitió una denuncia penal al Departamento de Justicia sobre Prince, afirmando que había mentido sobre las circunstancias del encuentro, pero nunca se presentaron cargos penales.



Prince tiene un historial de décadas de intervenciones militares en el extranjero, y algunas de sus operaciones terminaron mal. Blackwater enfrentó problemas legales por su trabajo para el ejército estadounidense en lugares como Irak, incluyendo un episodio en 2007 en el que sus empleados mataron a 17 civiles en Bagdad. (El presidente Trump indultó a cuatro guardias de Blackwater en 2020).

En 2011, Prince ayudó a reclutar y entrenar a un ejército de mercenarios colombianos para que Emiratos Árabes Unidos los utilizara en conflictos en Oriente Medio. En 2017, propuso un plan para utilizar contratistas para tomar el control de Afganistán. En 2020, The New York Times reveló que había reclutado a antiguos espías para ayudar a activistas conservadores a infiltrarse en grupos liberales de Estados Unidos.

Un año después, Naciones Unidas le acusó de violar un embargo de armas en Libia, lo que él negó.

“Mi nombre se ha convertido en cebo de clics para quienes les gusta entretejer teorías conspirativas”, dijo Prince en una entrevista de 2021 con el Times. “Y si mencionan mi nombre, siempre atrae la atención. Y es bastante repugnante”.

La experiencia de Haití con los contratistas militares privados se remonta a décadas atrás. Cuando las fuerzas estadounidenses devolvieron al poder al expresidente Jean-Bertrand Aristide en 1994, tras ser derrocado en un sangriento golpe militar, le acompañaba un equipo de seguridad privada de la Fundación Steele, con sede en San Francisco.

En los últimos años, los contratistas militares en Haití han tenido un historial más turbio. Mercenarios colombianos contratados por una empresa de seguridad estadounidense fueron acusados de participar en el asesinato del último presidente electo, Jovenel Moïse, en 2021.

Rod Joseph, veterano estadounidense del ejército haitiano y propietario de una empresa de formación de agentes de seguridad con sede en Florida, afirmó haber tenido conversaciones con Prince desde finales del año pasado para que le suministrara personal para su contrato.


Joseph, quien entrenó a la policía haitiana en el uso de drones de vigilancia, dijo que Prince le dio la impresión de que sus planes estaban bajo los auspicios del gobierno estadounidense, pero que luego pasaron a depender directamente del gobierno haitiano.

Afirmó que Prince le dijo que planeaba enviar soldados rasos de El Salvador a Haití junto con tres helicópteros para participar en ataques contra las pandillas.

Joseph dijo que le incomodaba la idea de que los contratistas trabajaran directamente con el gobierno haitiano, sin ninguna supervisión estadounidense.

“Deberíamos estar muy preocupados, porque si es del gobierno estadounidense, al menos puede tener la apariencia de tener que responder ante el Congreso”, dijo. “Si el contrato es suyo, no le debe explicaciones a nadie”.

“Es solo otro día de pago”, añadió.

Prince le envió un mensaje de texto hace unos días, dijo Joseph, solicitando una lista de veteranos haitiano-estadounidenses para enviarlos a Haití, pero se negó a facilitar nombres a menos que Prince pudiera proporcionar detalles más precisos sobre su misión y permitiera a Joseph dirigirlos.

Los contratistas militares estadounidenses que realizan trabajos de defensa en el extranjero deben obtener una licencia del Departamento de Estado, pero esas licencias no son de dominio público.

Prince ha tratado de ampliar su cartera y ha viajado al extranjero en busca de nuevos negocios, dijo Sean McFate, profesor de la Universidad Nacional de Defensa y autor de The Modern Mercenary: Private Armies and What They Mean for World Order.

Otros miembros de la industria militar privada ven a Prince con escepticismo, dijo McFate, debido a su carácter llamativo y a la publicidad negativa que genera para una industria de la seguridad que se enorgullece de su “sentido de la profesionalidad”.

“Siempre vale la pena observar hacia dónde va Prince, porque es una especie de barómetro de adónde cree que puede llegar el mundo de Trump, y quiere ganar dinero con ello”, dijo McFate.


Pero los expertos subrayan que los haitianos están desesperados por encontrar soluciones, independientemente de su procedencia.

“Las puertas están abiertas. Todas las posibilidades deben estar sobre la mesa”, declaró el mes pasado el ministro de Economía y Finanzas de Haití, Alfred Métellus, al diario haitiano Le Nouvelliste. “Estamos buscando a todos los haitianos, a todos los extranjeros que tengan experiencia en este campo y que quieran apoyarnos, quieran apoyar a la policía y al ejército para desbloquear la situación”.

Joseph dijo que le preocupaba que externalizar el trabajo de lucha contra las pandillas a contratistas militares privados no contribuiría en nada a mejorar las competencias de la policía y el ejército haitianos.

“Cuando se hace así, hay problemas”, dijo. “Cada vez que lances conocimientos en paracaídas, los locales siempre necesitarán esos conocimientos. Si no tienes conocimientos de seguridad, solo tendrás un montón de gente muerta”.
https://www.nytimes.com/es/2025/05/28/e ... illas.html

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NotaPublicado: 26 Jun 2025 17:26 
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Qué fue de Wagner: la organización de mercenarios rusos se resiste a desaparecer dos años después de la muerte de su líder

Expulsados de Ucrania, los mercenarios que lideró Yevgeny Prigozhin todavía combaten en África, donde el Kremlin intenta liquidar sus últimos reductos para prevenir el germen de un nuevo levantamiento
— Silenciados, comprados o encarcelados: cómo se enfrenta Putin a un sector ultranacionalista cada vez más exaltado

Cuando Yevgeny Prigozhin decidió marchar sobre Moscú el 23 de junio de 2023 encabezando una rebelión del Grupo Wagner contra el presidente Putin, asestó sin saberlo el golpe definitivo a su empresa. Dos meses más tarde, murió. Sin embargo, la liquidación de su grupo de mercenarios ya venía fraguándose semanas atrás en el Kremlin.


Diez días antes del motín, Vladímir Putin apoyó la idea de que todos los paramilitares que estaban luchando en Ucrania firmasen un contrato con el Ministerio de Defensa ruso. Al presidente no le habían gustado las críticas públicas de Prigozhin a la falta de municiones en el frente y la popularidad que estaba logrando en el Ejército a costa del estancamiento de las operaciones militares.

Ahí cometió su error de cálculo el líder de los mercenarios. Según cuenta a elDiario.es Vanda Felbab-Brown, experta en crimen organizado internacional y política exterior de la Brookings Institution, “Prigozhin llegó a creer que tenía mucha más independencia, poder de decisión y autoridad de lo que realmente tenía.” Y el desafío a Putin fue su sentencia.

Tras morir en un accidente de avión cuyas causas todavía siguen sin aclararse el 23 de agosto de 2023, al lado de su mano derecha, el neonazi Dimitri Utkin, el presidente ruso ordenó la expulsión de Wagner del este de Ucrania y ofreció a sus combatientes integrarse en las Fuerzas Armadas Rusas. Algunos lo hicieron, otros pasaron a formar parte de la Guardia Rusa, encargada de la seguridad interna, y entre estos, hubo quienes se incorporaron al Batallón Ajmat checheno, asimilable a Wagner en cuanto a brutalidad y tácticas de asalto.

El objetivo de Moscú era evitar el surgimiento de un nuevo Prigozhin capaz de capitalizar el descontento de los soldados. “Wagner fue importante cuando el ejército ruso tenía un rendimiento deficiente y necesitaba carne de cañón”, explica Felbab-Brown. “Sirvió al Estado mientras fue útil y, cuando se volvió peligroso, el Gobierno ruso lo liquidó”. Esto es aplicable tanto a Ucrania como, de diferentes maneras, a África“, concluye.
África: resistencia a la disolución

Liquidado de facto en Ucrania, a Wagner solo le quedaba África, el continente donde había forjado su reputación, pero también allí Putin aspiraba a su disolución, con el objetivo de cortar el problema de raíz. Los wagneritas habían luchado en Crimea y Luhansk en 2014, y en Siria en 2015, en coordinación con el Ministerio de Defensa, pero fue en el continente africano donde gozaron de verdadera autonomía y lograron expandir su negocio, estableciendo ellos mismos, en la práctica, cuáles eran los intereses exteriores rusos.

Prigozhin y Utkin aprovecharon el vacío de seguridad cada vez mayor que estaban dejando las tropas francesas para ofrecer sus servicios a los gobiernos locales, hasta el punto de que en 2023 Emmanuel Macron llegó a expresar su frustración por la “epidemia de golpes de Estado” en el África francófona y la “extraña alianza” entre panafricanistas y neoimperialistas, en clara referencia a los mercenarios rusos.
Imagen de las estatuas del difunto líder del Grupo Wagner, Yevgeny Prigozhin (i), y su mano derecha, Dmitru Utkin, en Bangui (República Centroafricana). Annela Niamolo/AFP vía Getty Images

Mali, Libia, Burkina Faso, Níger o República Centroafricana fueron algunos de los países en los que Wagner consiguió asentarse. En este último, en 2020, la llegada de 1.500 milicianos rusos comandados por Utkin permitió una salvaje y exitosa contraofensiva contra los grupos rebeldes. Aquello convenció, de un lado, a los líderes rusos de la eficacia de la estrategia paramilitar en África y, del otro, a gobiernos locales como el maliense, que no tardaron en hacerse con los servicios de la compañía militar privada.

Ahora bien, después del motín de junio de 2023, Putin quiso poner fin a la independencia de Wagner e impulsó la creación del Africa Korps, una estructura paramilitar subordinada al Ministerio de Defensa ruso y al servicio de inteligencia militar (GRU), con un nombre de reminiscencias nazis, ya que así se llamaba la unidad alemana que combatió en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero no en todos los países se completó esta disolución y el grupo de mercenarios todavía tiene presencia en algunas zonas. “La retirada de Wagner se está produciendo gradualmente y, a menudo, mediante fusiones o absorciones en lugar de un desmantelamiento”, explica a elDiario.es Dimitri Zufferey, autor de ‘Los señores de la guerra: Qué es Wagner y cómo actúa el aparato paramilitar ruso’ e investigador del grupo Inpact - All Eyes On Wagner.

En Libia, por ejemplo, Wagner combatió al lado del general rebelde Jalifa Haftar en 2019, y tras el alto el fuego de 2020, la integración de sus combatientes en el Africa Korps fue relativamente sencilla.

En cambio, en Mali la situación ha sido más compleja. Hasta hace pocos días, el 6 de junio, Wagner luchó en el norte del país contra los grupos yihadistas y los separatistas tuaregs por encargo de la junta local. “Misión cumplida”, publicó un canal de Telegram afiliado a la compañía de mercenarios, pero según Felbab-Brown, la decisión de abandonar Mali estuvo “mucho más motivada por el Kremlin”, deseoso de culminar la absorción por el Africa Korps, que por las autoridades malienses.

Después de su partida, una investigación internacional descubrió una red de cárceles ilegales en el país controlada por Wagner con centenares de presos. Estos centros se utilizaban para arrestar a civiles y se habían convertido en parte de un sistema represivo que operaba en paralelo a las fuerzas de seguridad. En menos de dos años, 668 ciudadanos fueron detenidos o secuestrados con la participación de mercenarios rusos, según la organización de derechos humanos Kal Akal.

Este lunes también se ha presentado ante la Corte Penal Internacional un informe confidencial sobre posibles crímenes cometidos por el grupo de mercenarios en África, entre 2021 y 2024. Según publica Associated Press, en el documento se detallan torturas, mutilaciones, ejecuciones extrajudiciales e incluso casos de canibalismo por parte de los paramilitares rusos, que luego difundían estas atrocidades en vídeo.

El último bastión de Wagner es la República Centroafricana y, según Zufferey, allí “probablemente persistirá” porque “sigue siendo muy poderoso”. Fuentes del liderazgo militar de los mercenarios, citadas por John Lechner y Serguéi Eledínov en la revista Responsible Statecraft, dan por hecho que mantendrán su autonomía. “Estamos seguros de que nos quedaremos y el gobierno [centroafricano] es de la misma opinión”, aseguran.
Nuevos “mini-Prigozhin”

“Los vestigios de Wagner que aún son independientes del Afrika Korps tienen una influencia cada vez más limitada”, apunta la investigadora Felbab-Brown. Zufferey habla directamente de una “coordinación completa” entre los wagneritas, el GRU y el servicio de inteligencia exterior (SVR).

El hombre clave dentro del aparato de supervisión de los paramilitares es Andréi Averiánov, excomandante de la unitad militar secreta 29155, responsable de acciones de sabotaje, asesinato y guerra híbrida en Europa, y acusada, entre otras operaciones, del envenenamiento del exespía ruso Serguéi Skripal en Reino Unido en 2018.

A pesar de la práctica desaparición de Wagner, Rusia mantiene su interés por ejercer influencia en África. Ahora, Felbab-Brown considera que el Kremlin “operará de forma mucho más abierta”, ya que “no teme el coste” de hacerlo como años atrás. Según Zufferey, el Kremlin persigue una triple estrategia de influencia “híbrida”: “de seguridad, económica e informativa”. “La influencia rusa se basa principalmente en las élites locales que dependen de la protección rusa y de contratos económicos opacos”, argumenta.

La cuestión es si el Africa Korps podrá servir en el mismo grado que Wagner a los intereses de las juntas de los países en los que tiene presencia. Para Zufferey, el grupo de Prigozhin “se benefició de una flexibilidad y una brutalidad operativa que las estructuras oficiales rusas tienen dificultades para replicar”. Y añade: “Sin esta flexible fuerza de intervención, Moscú corre el riesgo de perder su eficacia sobre el terreno, especialmente en la lucha contra los grupos yihadistas o en el control de recursos”.

Otro reto para el Kremlin es cómo financiar todo este esfuerzo para ejercer influencia. En Responsible Statecraft, Lechner y Eledínov apuntan que Prigozhin entendió muy bien que sus empresas debían ser autosuficientes y no depender de subvenciones. Por eso, escriben, “aunque el Afrika Corps está, hasta cierto punto, diseñado para evitar la creación de otro Prigozhin en África, la economía política de Rusia todavía fomentará la llegada de nuevos mini-Prigozhins al continente”. Se trata de “una nueva generación de oligarcas patrióticos y emprendedores” dispuestos a “ayudar a llenar los vacíos presupuestarios en sitios como el Sahel”.
Las lecciones de Wagner

Incluso en el caso de que Wagner se acabe diluyendo por completo a las órdenes de los servicios de seguridad estatales rusos, su impronta será difícil de borrar. Zufferey destaca que “han puesto de relieve las limitaciones del ejército ruso convencional y las tensiones internas del gobierno”.

Otro experto, Jack Margolin, autor del libro The Wagner Group: Inside Russia’s Mercenary Army, señalaba en la edición rusa de Voice of America que Prigozhin finalmente consiguió lo que pedía antes de su rebelión: “Que las fuerzas rusas fueran más como Wagner para ser más efectivas”.


Algunas de las tácticas sanguinarias del grupo de mercenarios perviven en según qué unidades del ejército ruso: los llamados “asaltos de carne”, que Wagner puso en práctica en su mayor éxito, la toma de Bajmut, consistentes en lanzar a los soldados contra las líneas enemigas sin importar el número de bajas.


Si bien parece que el Kremlin tiene cada vez más bajo control a los grupos paramilitares, existe un último escenario incierto que puede alterar este equilibrio: el fin de la guerra en Ucrania. Si se firma un acuerdo de paz, Putin estará tentado de mandar a África a muchos veteranos que, con su experiencia, puedan engrosar las filas del Afrika Corps. Eso sí, a riesgo de volver a crear un nuevo Prigozhin.
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