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 Asunto: Re: ETA
NotaPublicado: 16 Abr 2018 11:15 
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Ocurrió hace 50 años en la localidad guipuzcoana de Villabona. Hay momentos en los que una persona, sin saberlo, se enfrenta a su existencia. En el caso de Fermín Garcés Hualde, además, asumía el devenir de un país. Presenció el primer crimen mortal de ETA. La víctima, el guardia civil José Antonio Pardines. Fermín, entonces camionero, no lo dudó. Se precipitó sobre los dos asesinos -Iñaki Sarasketa y Txabi Etxebarrieta- y agarró a uno de ellos por la solapa: "¡Quietos, asesinos, quietos ahí!".

Los etarras, manchada su alma tras arrancar la vida a otro hombre, le encañonaron con su pistola. Consiguieron escapar, pero el valor del camionero fue crucial para dar con los criminales. "Estoy vivo de milagro", sostiene hoy el protagonista de esta historia, en unos recuerdos intactos al paso del tiempo.


-"¡Es que lo estoy viendo!".

Fermín Garcés, a sus 86 años, viste tricornio, orgulloso uniforme de guardia civil -"¡Cada día me va más grande!"- y un caminar saltarín. Sonríe hasta con los ojos cuando habla de los buenos tiempos, de los años que ha pasado en el Instituto Armado; vocación tardía, descubierta al enfrentarse a aquellos asesinos. Se estremece cuando la memoria le lleva al 7 de junio de 1968, fecha de la que pronto se cumplirán 50 años y que arrancan estas líneas.

Entrevista al guardia civil Fermín Garcés Jorge Barreno

¿Qué era ETA por entonces? Difícil que nadie lo supiera. Apenas habían perpetrado algunos sabotajes y sus manos aún no estaban llenas de sangre. Aquellas siglas, como para la mayoría, no le decían nada a Fermín. Bastante tenía con sacar adelante una familia.

Fermín Garcés estaba curtido en la escasez. "Para comer o beber hacía falta sacrificio", recuerda de su infancia. Valtierra (Navarra, 2.600 habitantes en esas fechas) acogió sus primeros pasos. Nació en el seno de una familia trabajadora: campos, rebaños, una tienda familiar. Pobres remiendos para llegar a fin de mes. Su padre, enfermo de cáncer, murió cuando él tenía 12 años.

"Toma, Fermín. Coge la bicicleta y vete a cobrar", le decía su madre. Con una lista de adeudados de su tienda, el niño recorría el pueblo para reunir unas perrillas que nunca eran suficientes. Tercero de seis hermanos, enseguida empezó a trabajar. No le quedaba otra, lo mismo que a la mayoría de sus vecinos. Más campo, más rebaños, más tienda familiar.
Fermín Garcés nació en la localidad navarra de Valtierra.

Fermín Garcés nació en la localidad navarra de Valtierra.

Pasaron los años y Fermín asentó los cimientos de su vida. Se casó, tuvo dos hijos -Ángel Mari y Carmen Pilar- y buscó prosperidad en el sector de los transportes. Su hermano mayor, Julián, le enseñó a conducir. Pronto encontró trabajo en la empresa Mina, con sede en Pamplona.

Esos recuerdos son los de la sonrisa con los ojos, imprescindibles para comprender qué ocurrió aquel 7 de junio de 1968.
"¡Quietos, asesinos!"

Jornada clara en un veranillo que se vestía de manga corta. No hacía frío, ni calor. No era un día soleado, tampoco excesivamente nublado. La fatalidad, lobo con piel de cordero, se cubrió de aparente apatía para sacudir con fuerza. Fermín Garcés, hoy en una cafetería del barrio madrileño de Tetuán -donde reside-, recita de carrerilla aquellos acontecimientos.

"Viajaba con mi camión desde Francia, con un cargamento de maíz rumbo a Alcorcón (Madrid). Era un camión viejo, un Pegasus verde de tres ejes. Tan viejo que sólo podía viajar al atardecer o de noche para que no se calentase demasiado el motor. Al llegar a San Sebastián nos desviaron por Villabona. Había obras en la carretera y unos guardias civiles dirigían el tráfico. ¡Cagoen...! Yo llevaba dos toneladas de más de maíz de las permitidas para sacar más beneficio de aquel viaje. ¡Me daba miedo que me parasen y lo viesen!".

El camionero se encontró con un guardia civil, Félix de Diego, que controlaba el acceso al tramo de la N-I en obras. Le permitió pasar sin mayores contratiempos. Fermín mantuvo la respiración, inquieto por la sobrecarga de su camión, y prosiguió su camino. Al cabo de un kilómetro se encontró un segundo control del Instituto Armado, tan rudimentario como el primero. Era el guardia civil José Antonio Pardines, que había cruzado su moto para dar el alto a los vehículos.
Ilustración de Juan luis Folgado publicado en el libro `Historia de un desafío´ (Editorial Península) del encuentro entre los etarras y Pardines en Villabona.

Ilustración de Juan luis Folgado publicado en el libro `Historia de un desafío´ (Editorial Península) del encuentro entre los etarras y Pardines en Villabona.

"Estábamos a la altura de una yesería. Pardines estaba mirando el motor de un Coupé 850 blanco. El coche tenía unas matrículas que no eran las suyas, aunque yo eso no lo sabía. De repente... ¡PUM! -Garcés se estremece en la butaca de la cafetería, rostro serio y mirada turbada-. Pensé que había sido el ballestín de mi camión. Al mirar, vi a aquellos dos -Sarasketa y Etxebarrieta- que le disparaban otras cuatro veces en el suelo".

Sarasketa, en una entrevista publicada en El Mundo, relató cómo fue el encuentro con Pardines. Según él, el guardia civil pidió la documentación del coche al advertir algo extraño en sus matrículas. Los etarras salieron del coche mientras el agente comprobaba la numeración del motor. "Algo no coincide", dijo. Etxebarrieta sacó la pistola y le descerrajó los disparos. "[Etxebarrieta] había tomado centraminas y quizá eso influyó".

Esa es la versión de Sarasketa, claro. Porque los informes policiales detallan que la víctima recibió el impacto de las balas de dos pistolas diferentes, de un calibre que encajaban con las armas de los dos etarras. Así lo detalla el libro Historia de un desafío (editado por Península).
Las pistolas de Etxebarrieta y Sarasketa. Foto de la Guardia Civil, incluida en el proyecto `Historia de un desafío´(Editorial Península).

Las pistolas de Etxebarrieta y Sarasketa. Foto de la Guardia Civil, incluida en el proyecto `Historia de un desafío´(Editorial Península).

Volvamos a Fermín. Se abalanzó al exterior de su camión. Ahora no es capaz de entender de dónde sacó el valor para echarse a correr sobre aquellos asesinos. Salvó la distancia que había hasta los asesinos y agarró a Sarasketa del hombro: "¡Quietos, asesinos, quietos aquí".

"¿Y qué podría haber hecho si se hubiesen quedado ahí?", recuerda ahora el camionero. Los etarras respondieron con una amenaza mortal. "Me apuntaron con un arma como un demonio de grande". Echaron abajo la moto de Pardines y escaparon a bordo de su vehículo.

Fermín se retuerce: "Parece que le esté viendo ahora [a Pardines]... ¡Uf! Lo siento mucho, me pongo malo. Echaba sangre por la boca... ¡Lo mataron por nada! ¡Él no había hecho daño a nadie!".
El guardia civil Pardines, muerto en el suceso de Villabona. Fotografía incluida en el proyecto `Historia de un desafío´(Editorial Península).

El guardia civil Pardines, muerto en el suceso de Villabona. Fotografía incluida en el proyecto `Historia de un desafío´(Editorial Península).
La persecución

El camionero no se quedó parado. Se fue hasta su camión y vio que, tras él, se agolpaba una decena de vehículos, llegados en el transcurso de los acontecimientos. "Mira, vete un kilómetro allí que hay un guardia civil de servicio y dile que han matado a su compañero", le dijo al primero. "¡Vamos a seguir al coche que se acaba de ir para ver las matrículas! O al menos a llamar al puesto de la Guardia Civil más cercano".

No sabían que estaban persiguiendo a miembros de ETA. Al poco alcanzaron una empresa papelera y Fermín se bajó del coche. Entró en las oficinas y pidió un teléfono: "¡Tengo que hablar con la Guardia Civil!". El portero le pasó el aparato. Al otro lado sonaba la voz de un agente destinado en el puesto de Tolosa: "Mire -dijo Fermín-, soy camionero y han matado a uno de sus compañeros. Eran dos chicos jóvenes y se han ido en dirección a Tolosa".

Los acontecimientos se precipitaron en ese momento. Sarasketa y Etxebarrieta se refugiaron en casa de un cómplice en Tolosa, de nombre Eduardo Osa. Su obsesión pasaba por salir del municipio: la Guardia Civil debía de pisarles los talones y no tardarían en descubrir su vehículo semiabandonado junto al restaurante Benta Haundi.
La moto de Pardines después de su asesinato. Fotografía incluida en el proyecto `Historia de un desafío´(Editorial Península).

La moto de Pardines después de su asesinato. Fotografía incluida en el proyecto `Historia de un desafío´(Editorial Península).

Los dos asesinos y su cómplice salieron escopeteados a bordo de un Seat de color limón. Al poco los interceptó una patrulla de la Guardia Civil. Los agentes les dieron el alto e inmediatamente los identificaron como los criminales que habían matado a Pardines.

La balanza cayó de un lado en cuestión de décimas de segundo. Uno de los guardias civiles desenfundó rápido y disparó a Etxebarrieta, quien también desenfundaba su pistola, presto a matar. El etarra cayó malherido. Sarasketa se echó al monte vaciando su cargador contra los agentes, aunque no impactó sobre ellos. El colaborador, Eduardo Osa, fue detenido.

Sarasketa alcanzó otra localidad cercana, Régil, en su precipitada huida. Pidió ayuda al cura del pueblo, que le dio cobijo en la iglesia. Allí pasó la noche. A la mañana siguiente fue descubierto por el sacristán y los vecinos acudieron alarmados. También la Guardia Civil, que lo capturó.
Fermín identifica al asesino

¿Qué fue de Fermín Garcés? Un compañero se llevó su camión a Pamplona. Él también fue hasta allí a bordo de un camión al que la Guardia Civil dio el alto. Un trayecto tenso, puesto que el conductor del vehículo lamentaba las noticias que corrían como la pólvora. No por la muerte de Pardines, sino por la de Etxebarrieta, que no había sobrevivido a las heridas.
Fermín Garcés cumplirá 87 años el próximo 7 de julio.

Fermín Garcés cumplirá 87 años el próximo 7 de julio. Jorge Barreno

Fermín guardó silencio hasta alcanzar la capital navarra, donde ya no pudo contenerse más: "¿Pues sabes quién soy yo? El camionero que se enfrentó a los de la ETA". "¡Pues si lo sé no te cojo!", respondió su compañero de viaje.

A los tres días, Fermín fue requerido por la Guardia Civil. En dependencias del Instituto Armado en el País Vasco identificó, entre varios sospechosos, a Iñaki Sarasketa. Tras un consejo sumarísimo, el etarra fue condenado a cadena perpetua. En 1977, con la amnistía general, quedó en libertad.
Entrada en la Guardia Civil

Fermín Garcés había sobrevivido a unos acontecimientos que le podían haber costado la vida: "¡Vivo de milagro!". "Llevé el camión cargado de maíz a Alcorcón pasados unos días", recuerda. Al poco recibió una llamada. Antonio Cores Fernández de Cañete, director de la Guardia Civil, quería reunirse con él.

"Me ofreció un camión nuevo y una recompensa, pero yo le pedí trabajo de guardia civil". Fermín había encontrado su vocación y se encontró con las puertas abiertas: "¡Esto está hecho! Así estamos más tranquilos, de que estés cerca".

"Mi vida en el Cuerpo… donde quiera que iba decían: '¡Este es el de la ETA! Hombre, encantado de conocerte'. Estuve destinado en el cuartel de Príncipe de Vergara (Madrid) como mecánico. También hacía mis guardias. Era muy feliz, aunque sufría mucho cada vez que había un atentado y mataban a un compañero. Como el día de la bomba de República Dominicana [14 de julio de 1986, 12 guardias civiles muertos]. Estaba regando las plantas del taller cuando... ¡Bumba! Fuimos allí y... qué horror. Una pesadilla".

Fermín lo siente en lo más profundo, ahora en un parque de Tetuán. Viste el verde por dentro y por fuera. Mantiene el porte castrense, se enfunda el tricornio y tira el bastón a un lado para las fotografías.
Fermín Garcés, en un parque en el madrileño barrio de Tetuán.

Fermín Garcés, en un parque en el madrileño barrio de Tetuán. Jorge Barreno

-Oiga, ¿y eso qué tiene en el uniforme, qué es?

-La Cruz del Mérito con distintivo rojo.

Distinción orgullosa ante grandes proezas.
Su mayor satisfacción

Aquellos acontecimientos fueron el aldabonazo a una historia cruel, en la que el terrorismo secuestró a una sociedad temerosa de sus zarpazos. Más de 800 muertos. Secuestros. Extorsión. La serpiente de ETA fagocitaba todo a su paso. El entorno de la banda adjetivó la historia de Etxebarrieta y Sarasketa hasta los altares heroicos. Auténticos gudaris, a su entender.

La Guardia Civil, apenas sin medios para hacer frente al terrorismo en 1968, terminaría siendo punta de lanza contra los asesinos; hombres y mujeres que pagaron con sus vidas la lucha contra ETA. Un recorrido en el que Fermín Garcés se convirtió en uno de sus estandartes.

-Esa Cruz del Mérito será uno de sus mayores orgullos, ¿verdad?

-Sí... Bueno, no. Mi mayor satisfacción es que mi nieta, Irene, haya entrado también en la Guardia Civil. Y mis otros dos nietos también están en la academia.

Con su acento navarro, Fermín se despide: "Gracias, majo". Sonríe con los ojos, recoge su bastón, y se marcha con su historia a cuestas. La historia de su vida, pero también la del principio y del fin de ETA.


https://www.elespanol.com/espana/201804 ... 264_0.html

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 Asunto: Re: ETA
NotaPublicado: 19 Abr 2018 11:14 
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La organización terrorista ETA anunciará su disolución el primer fin de semana de mayo en un acto que se celebrará en el País Vasco francés, según han confirmado fuentes abertzales. La banda lleva meses trabajando en la declaración de desaparición que estaba prevista entre finales de mayo y la primera quincena de junio, tal como adelantó EL PAÍS.

ETA dará así por finalizado el debate interno que había abierto entre su militancia para acordar y hacer pública su desaparición el cierre definitivo al considerar que su "función y ciclo" habían terminado, según comunicó la propia organización en un comunicado difundido el pasado 22 de febrero. "El final del ciclo resulta cada vez más evidente y, como consecuencia de las decisiones tomadas, ya se ha producido en gran parte. El final de la estrategia político-militar marcó el comienzo del final del ciclo de la organización", decía ETA en aquel escrito. Durante las últimas fechas, la dirección de la banda terrorista ha tratado de lograr el amparo internacional para anunciar su final definitivo.


La banda ha delegado la tarea de la disolución en el GIC (Grupo Internacional de Contacto), que coordina el abogado surafricano, Brian Currin, y en la que participan, entre otros, el ex secretario general de Interpol, Raymond Kendall, y el profesor israelí y asesor en los acuerdos de Camp David, Alberto Specktorowski. Es el mismo grupo que participó en la preparación de la Declaración de Aiete, previa al cese definitivo del terrorismo de ETA de octubre de 2011.

El presidente del Foro Social, Agus Hernán, próximo al GIC, ya adelantó a este diario que el objetivo de la cobertura internacional es "fortalecer la credibilidad" de la declaración de desaparición de ETA.

El pasado día 8 el líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ya anunció en Bayona (Francia) con motivo del primer aniversario del desarme de ETA, que la organización terrorista daría "nuevos pasos" en las próximas semanas y meses.

En el acto del primer fin de semana de mayo participarán agentes políticos y sociales, y personalidades internacionales.

Los detalles de dicho anuncio se darán a conocer este lunes en una rueda de prensa en la que participarán miembros del Grupo Internacional de Contacto (GIC) del abogado sudafricano Brian Currin, de Bake Bidea y del Foro Social, según ha informado la televisión autonómica vasca, ETB.
https://politica.elpais.com/politica/20 ... 03008.html

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 Asunto: Re: ETA
NotaPublicado: 25 Abr 2018 17:17 
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La organización terrorista ETA ha realizado una entrega de armas a las autoridades francesas en Bayona, según fuentes de la lucha antiterrorista. Esta entrega se produce días después de que los mediadores de la banda terrorista anunciaran un acto para el próximo 4 de mayo en la localidad francesa de Cambo para la "paz definitiva".

Fuentes de la lucha antiterrorista han explicado a este periódico que la organización ha seguido el mismo criterio para esta concesión utilizado hace semanas para entregar una granada cuando el grupo de mediadores, denominados artesanos por la paz, dieron a la Fiscalía francesa las coordenadas de donde se encontraba exactamente el material.

El material analizado por la policía francesa asciende a 24 armas cortas, munición diversa de 9 mm y 38 SP, cordón detonante de 20 metros, unos 500 detonadores electrónicos, dos temporizadores, 200 placas de matrículas y material para el robo de vehículos.

ETA está realizando estas entregas impelida por agentes internacionales unos días antes del acto para su anunciada disolución. Estas armas son aquellas que aún se conservaban de sus militantes y que la banda terrorista no pudo entregar en el acto del mes de abril de 2017 en Bayona.
http://www.elmundo.es/espana/2018/04/25 ... b464f.html

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 Asunto: Re: ETA
NotaPublicado: 15 Jun 2018 12:13 
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La primera vez que mataron a su padre, Pablo tenía 17 años y un examen de Física. El 21 de junio del año 1993, dieciséis minutos después de las ocho de la mañana, la banda terrorista ETA hizo estallar un Opel Corsa en la glorieta López de Hoyos de Madrid. El coche iba cargado con 40 kilos de amonal y explotó al paso de un minibús del Ejército del Aire en el que viajaba el teniente coronel Juan Romero Álvarez y otros seis militares. Cuando Pablo llegó a casa, entre uniformes y nubes de ducados, su madre le dijo que papá ya no estaba. Se lo contó con el carácter con el que se contaban esas cosas en los años de plomo y luego se tragó el dolor como quien se bebe un zumo de tomate que te dura casi 20 años.

Cuando su padre iba a morir por segunda vez, Pablo Romero trabajaba en este periódico. El 21 de junio del año 2013, justo veinte años después, publicó un artículo en portada de EL MUNDO titulado 'El folio 825'. "Conocer la verdad de lo que sucedió aquel día maldito es para mí la mejor medicina para una herida que probablemente no sanará nunca", escribió. Apenas tres semanas antes de que prescribiera el asesinato de su padre y espoleado por un desafortunado comentario en la redacción, Pablo se había plantado con un boli y una libreta en la cuarta planta de la Audiencia Nacional, delante de ocho tomos y casi 2.000 folios, y buceó a contrarreloj por el polvo del sumario de aquel atentado hasta que en la página número 825 encontró el alias de un etarra que le permitió reabrir uno de tantos casos sin resolver en el historial de ETA. El suyo. Dicen que hay al menos otros 370. "De momento, he conseguido que la causa no muera, he comprado algo de tiempo. Ya es algo", escribía justo dos décadas después de la primera muerte de su padre.

Han pasado otros cinco años desde entonces. Pablo Romero se fue primero de EL MUNDO y se fue de todas partes después para meterse en una película a lo Jason Bourne basada en hechos reales sin otra obsesión que averiguar qué pasó la mañana de su examen de Física. Quién mató a su padre y por qué nunca se juzgó aquel atentado. La respuesta se encuentra en un podcast que ha lanzado Pablo en cinco capítulos. Las tres muertes de mi padre se llama.

Me sorprende que se aplique legislación antiterrorista contra tuiteros o cantantes y cuando uno intenta investigar un atentado todo se coja con papel de fumar

¿Por qué esperaste hasta el último minuto para investigar el asesinato?
Porque durante 20 años me dediqué a vivir y a tener esta historia guardada en el cuarto de atrás de la cabeza. Alguna vez te preguntas qué pasó, pero no se lo preguntas a nadie, te lo preguntas a ti mismo, es algo muy íntimo. Tenía cosas que hacer: estudiar, trabajar, vivir... No me dedicaba a ser víctima. Hasta que un día alguien dijo una barbaridad que me hizo caer en la cuenta de que se cumplían 20 años del atentado. Levanté el teléfono y llamé a la Audiencia Nacional.

Descolgó el juez Grande-Marlaska, hoy ministro del Interior. Lo que vino después no responde a ningún plan. Dice Pablo que empezó a investigar igual que empezó a correr Forrest Gump. "Ya que estoy en la Audiencia, me leo el sumario. Ya que he encontrado una pista, se lo digo al juez a ver qué pasa. Ya que el juez me hace caso, tendré que seguir. Y ya que, ya que, ya que... me he encontrado cinco años investigando en las cloacas de este país".

¿Y qué has encontrado allí?
Muchísimo miedo y muchísima desidia. Mucho qué hay de lo mío. Todo el mundo va a lo suyo y hay muy poca vocación de servicio público, sobre todo entre la gente con más responsabilidad, que sólo está pendiente de ascender y de colgarse sus medallitas. Responsables policiales, judiciales, políticos... De uno y otro color. Uno y otro año. Da igual la legislatura. Se pasa por encima de los errores y nadie se atreve a ver qué se está haciendo mal y a hurgar en ello. Nos mienten sistemáticamente y los periodistas lo compramos.
¿Cuál ha sido tu mayor decepción?
Lo que más me ha decepcionado es el plano judicial. Me llama la atención que se aplique legislación antiterrorista contra tuiteros o por una letra de una canción por mala que sea y, sin embargo, cuando uno intenta investigar el asesinato de siete personas en una masacre terrorista se coja todo con papel de fumar. Que te digan que no hay nada cuando tú sabes que sí lo hay. Es un síntoma de una enfermedad que está en los huesos del Estado, la desidia. Y no es una cuestión de ETA. Pasa con el GAL, los Grapo, el yihadismo, las cunetas del franquismo... No reabras las cosas que dan dolor de cabeza.

El dolor de cabeza empieza con una llamada anónima al periódico. Un tal Andrés, que seguramente no se llama Andrés, en nombre de una fundación que seguramente no existe, contactó con Pablo después de su primer artículo desde una cabina en cualquier parte. "Pensaba que era un loco, un tipo que llama un 24 de diciembre al periódico con una voz rarísima. Me dijo que me iba a ayudar pero colgó sin decirme cómo ni cuándo. Tres meses después me llamó a mi móvil y quedamos. Me obligó a comprar una tarjeta prepago y un día a la semana nos podíamos llamar. Sólo decíamos fecha y hora y ya sabíamos dónde vernos".

Hay una enfermedad que está en los huesos del Estado, la desidia. Se pasa por encima de los errores y nadie se atreve a hurgar para evitar los dolores de cabeza

Andrés le puso sobre la pista del comando Madrid de ETA, cuya desarticulación se frustró por un supuesto error policial durante la negociación del Gobierno con la banda terrorista en 1992, meses antes del atentado. Pablo empezó a tirar del hilo, corriendo como corría Forrest, sin tener ni la más remota idea de dónde se escondía la meta. Siguió publicando y soltando cebos entre líneas por si alguien recibía el mensaje oculto. Primero llegó un sobre anónimo al buzón de su casa, luego un policía retirado dispuesto a echarle una mano, una testigo desaparecida, un segundo coche la mañana del atentado, un confidente del CNI que le soplaba qué días tenía el teléfono intervenido, un café con un "seductor" llamado Rafael Vera, pruebas que ya no existen, papeles que se han borrado, decenas de trenes y aviones al Norte. Siempre solo. "Solo se va más rápido. Como no sabía hacerlo, quería hacerlo solo. No quería dar explicaciones a nadie y que nadie me cuestionara. También necesitaba discreción".

A mediados de 2014 Pablo Romero se citó con tres etarras de la llamada vía Nanclares, el proyecto de reinserción de los etarras arrepentidos. Uno de ellos era Iñaki Rekarte: "La lógica que se vive aquí es la lógica de la guerra. Yo no he matado, ha matado ETA", le contó. "Te decían: tú mata lo que puedas, matad todo lo que podáis". Otro era Jesús García Corporales, alias El Gitanillo, uno de los asesinos de su padre. Entonces Pablo no lo sabía todavía. "Ni sentí ni padecí. No sé si hubiera sido distinto de haberlo sabido. Hablar con los etarras sólo me sirvió para constatar que no me iba a servir de nada, para constatar que todos los terroristas son unos descerebrados. Seguramente yo habría hecho lo mismo que hizo él: mentir. No esperaba que confesara que había matado a mi padre. Y tampoco busco que lo encierren ahora y tiren la llave al mar, ojo. Yo no soy un justiciero, ni un héroe. Sólo quiero saber la verdad".

Durante estos cinco años, ¿cuántas veces te has preguntado a ti mismo 'qué narices estoy haciendo'?
Pocas veces. Alguna... Sobre todo cuando me afectó a la cabeza, cogí una baja por depresión, perdí 22 kilos en dos meses y le vi los ojos a la muerte. Mi pareja y mis amigos han sufrido esto y te planteas cosas, pero no podía dejarlo. Conforme he ido descubriendo cosas, he ido hurgando en mi propia vida. Tenía que coser una herida y me la cose saber la verdad, no los homenajes. No sé qué hubiera pasado si no me hubiera metido en esto. Igual estaría tan feliz y contento viviendo en la inopia.
¿Te han hecho sentir una mosca cojonera?
Permanentemente, pero eso me divierte. Recuerdo a Ángel Yuste, aún secretario general de Instituciones Penitenciarias, decirme de pésimas maneras que dejase de investigar el caso de mi padre, que no enmendase la plana a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. A gritos.

Cinco años después del folio 825 y 25 años después del atentado, Pablo ha recopilado pruebas sobre los tres etarras que pudieron matar a su padre y sigue buscando a la testigo que identificó a dos de los asesinos comprando quesos en El Corte Inglés a principios del 93, cuando Madrid estaba empapelada con caretos de terroristas en busca y captura. Les siguió por el Paseo de la Castellana y anotó la matrícula de su coche, el mismo que estalló el 21 de junio en la capital horas después del atentado. Nunca nadie tomó declaración a aquella testigo después de los hechos.

Toda la investigación de Pablo está incorporada al sumario 17/94.

Esto es como un cáncer. Si pasas del cáncer, te acaba matando y si le haces frente, la quimio es durísima

¿Imaginaste hace cinco años llegar hasta aquí?
Me lo dicen hace cinco años y no me lo creo. Han pasado cosas muy raras, pero he conseguido lo que quería. Las pruebas que yo he investigado están incorporadas al sumario y ya no se van a destruir. Sé en qué estantería y en qué tomo están, que es lo que no pasaba hasta ahora. Yo he hecho el trabajo que otros no hicieron. Lo que pase ahora ya no me corresponde.
Dices en tu podcast que esta no es una historia de buenos y malos.
Es que eso es de un simplismo aterrador. Me ofende. Aquí los malos son unos hijos de $%&ª pero los buenos no son tan buenos.
¿Qué ha sido lo mejor de este proceso?
Nada.
¿Y lo peor?
Todo lo demás... Esto es como un cáncer. Lo tienes dentro. Si pasas del cáncer, te acaba matando y si le haces frente, la quimio es durísima. Yo no saco nada bueno de esto. Qué más quisiera yo que no haber tenido que pasar por esto, pero yo no elegí que mataran a mi padre.

'Las tres muertes de mi padre'

"El Comando Madrid de ETA mató a mi padre en un atentado en 1993. Durante 20 años no hice nada por saber la verdad. Ahora, y tras una larguísima investigación, sé que hay mucho más de lo que me contaron. Esta es la historia". Así arrancan los cinco capítulos del podcast 'Las tres muertes de mi padre', que Pablo Romero ha lanzado junto a Cuonda para narrar su investigación en primera persona. El primero se estrenó el pasado 24 de mayo y el último se podrá escuchar a partir del próximo 21 de junio, cuando se cumplan 25 años del atentado.

http://www.elmundo.es

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