Fuerzas de Elite

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Nuevo tema Responder al tema  [ 49 mensajes ]  Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4, 5, 6  Siguiente
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NotaPublicado: 27 Jul 2011 16:19 
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123estol escribió:
Si que me acuerdo MASTER .

En realidad, durante las elecciones el que suscribe fue desplegado en esa zona de responsabilidad y recuerdo como hubo que establecer contacto con los compañeros del ET, que se denominaban?, si que recuerdo algo.

En España, bueno, en España todos sabemos que es lo que pasa, no?.
Monte "Leotar", de ahí tengo una buena experiencia que aunque corta, es graciosa a la vez que interesante, ya la contare.


Saludos.


PD: vamos si llega a pasar algo fuera de lo normal, lo hubieran tenido crudo las diferentes facciones, teniendo en cuenta la materia prima de la que disponía el contingente Español en ese ya lejano 1996.


SPABRI III,IV y V.

La verdad es que ciertamente menuda "reata" que nos juntamos en aquella época en aquella zona, y sin contar los que no están en este cyberclub pero que son/eran tambien de los de "mucha tela", ciertamente visto retrospectivamente si es curioso... y me alegra que haya más viejitos de aquellas batallas.

La toma y control del Monte Leotar se implementó durante la V por las elecciones precisamente dentro del operativo "Bosanova" para controlar las emisiones de radio y tv de la República Srpka (ahí aprendí a medio bailar, ¿verdad Lovat?).

A algún serbio la OTAN le pagó una dentadura perfecta nueva. ¿Recuerdas como tenían los "piñós" la gente de la zona?

Cuídense y cuiden de los suyos (como siempre).

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NotaPublicado: 27 Jul 2011 17:41 
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Yo recuerdo una PRP de la BRIPAC (en BMR) a la que nos unimos dos Hummer en Medyugorje para patrullar durante una semana las cimas del valle del Neretva en dirección a Sarajevo desde Mostar, en la zona Musulmana del valle. A controlar los campamentos de la Armija.

PD. Tanto pedir un hilo de relatos y lo estamos reventando.

:D :D :D :D

Pero qué mayores que estamos.

Vigilad y cuidaros donde os halléis. Un saludo.

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NotaPublicado: 27 Jul 2011 18:04 
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nube_negra escribió:
PD. Tanto pedir un hilo de relatos y lo estamos reventando.

:D :D :D :D

Pero qué mayores que estamos.


A ver a ver, por partes: :shock:

Punto 1:Según la RAE:

Citar:
Relato. (Del lat. relātus).

1. m. Conocimiento que se da, generalmente detallado, de un hecho.

2. m. Narración, cuento.
:smile:

Punto 2: Diccionario de sinónimos y antónimos © 2005 Espasa-Calpe:

Citar:
Relato:

•narración, cuento, novela, crónica, descripción, informe, exposición

Relatar:

•contar, narrar, referir, exponer, describir, puntualizar, reseñar


Punto 3:

Estamos contando desarrollando las historias del subforo con más "cuentos". wink:

Punto 4:

¿Qué quiere a nuestra edad? La mente desvaría, surgen los recuerdos, las historias, los relatos, los cuentos y batallitas del abuelo. Que somos ya muy viejitos amigo. 8) :cool:

jejejejejejej

No me parece mal contar cosas relacionadas con los relatos que se publican, cierto que debemos ceñirnos a los cortos, pienso que los que están basados en historias reales se pueden enriquecer, pero solo es mi opinión y acato la de la mayoría y dejar los comentarios para otro lugar que podemos enlazar con total facilidad y dejar este solo para los relatos.

Cuidaos y seguid cuidando de los vuestros.

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NotaPublicado: 27 Jul 2011 19:39 
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Acepto la colleja con agrado, porque viene de usted.

:grin: :grin: :grin:

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NotaPublicado: 27 Jul 2011 21:04 
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[align=justify]Saludos cordiales. Llego tarde al corrillo que andaba de cervezas con viejos camaradas, pero me sumo a la mayoría sobre aquel 96. A mi me toco desmontar checkpoint serbios, patrullas a pinrel por la frontera con Montenegro, escoltas de líderes serbios a la Base multinacional de Mostar, ver como había más hambre que ratas en aquella zona, confraternizar con los chetniks cuando no andaban de cacería, asistir a limpiezas de zonas de minas, controles de arsenales, abrir camino en el propio Trebinje, meterme en líos en el bar "Platanij", visitar a la "rusa", los niños de Lubinje, de milagro no acabar pasto de un mina anticarro, que se llevó un eje y una rueda de un bmr, en la bajada a Stolac, cruzar algo más que palabras con algunos milicianos en más de una ocasión, batirnos a tiro limpio en algún reconocimiento con elementos dispersos que odiaban a los lagartijos, e incluso alguna manita en la frontera, y más de algun paco tirando a las letras IFOR de los BMR cuando buscábamos rutas alternativas de patrulla, y en fin, fueron muchos meses que dieron para mucho. Y si que recuerdo a ciertos personajes independientes que andaban por la zona. Ah y se me olvidaba, tuve la suerte de que los gomaespuma vinieran al destacamento de Trebinje para hacer un programa grabado, eso es imborrable.

En fin, y en cuanto a la edad queridos amigos, lo importante y principal es llegar, y de momento nosotros hemos llegado. Mañana cuelgo otro de mis relatos, y animo al personal a criticarlos, que tengo que mejorar. Un abrazo
[/align]

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NotaPublicado: 28 Jul 2011 16:14 
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Saludos cordiales, cuelgo otro relato breve, titulado "Vuelta a casa", espero que sea de vuestro interés. Un abrazo

VUELTA A CASA

[align=justify]Los motores cesaron, el ruido ensordecedor dejó de retumbar en las cabezas de todos los ocupantes del Hércules C-130. Sólo un extraño silbido recorría la estancia, nadie hablaba, nadie se miraba, todos permanecían cabizajos.

-Es la hora caballeros – Dijo el Capitán Vázquez, oficial de embarque –en cuanto baje la rampa, nos adelantaremos el Sargento Romero y yo, el resto, esperad a que suelten las eslingas y los cabestrantes de amarre.-

Todos asintieron, después de muchas horas de vuelo, podían oír y hablar sin tener que gritar. Todavía anclados a los asientos de red del avión, algunos no habían reparado en soltarse los cinturones de seguridad, seguían con la mirada en el suelo.

-Sánchez – Dijo el Capitán. –Pon tú la bandera encima una vez que suelten todo-. El Cabo 1º Sánchez era el Jefe del maltrecho pelotón que tenía que bregar con todo aquello. El silencio seguía dominando el ambiente, todo seguía igual, a pesar de las instrucciones nadie miraba a otro sitio que no fuera el suelo del avión. Todos buscaban en su interior respuestas a preguntas, soluciones a problemas, muchos querían evadirse o borrar esos instantes, pero no era posible, la vida era de esas cosas que se escriben con tinta indeleble.

-¿Habrá algún Ministro?¿Habrá algún General?- Esas preguntas y otras se pasaban por la cabeza del Cabo 1º, -No hay ni banda de música…- Sentenció en sus pensamientos.

La rampa del Hércules, terminó de descender y una luz gris inundó el interior del avión. A todos les recorrió un viento húmedo, estaba lloviendo, el agua golpeaba con fuerza el asfalto de la pista de aterrizaje del Aeropuerto de Torrejón de Ardoz, y más allá de la rampa, no se veía nada, no se oía nada. Todo era un silencio roto por el chapoteo de la lluvia.

Sánchez miró a un par de sus hombres, que permanecían cabizbajos. Eran buenos chicos, buenos soldados y buenos compañeros, tanto o más como todos los que allí estaban. Soldados valientes y disciplinados, hombres de honor y porque no, amigos.

Uno el más alto, era el conductor de su BMR. Un madrileño de 21 años, serio, achaparrado y con cara de niño malo. El otro era el tirador de la TC -3, un “artista de la browning” como él se definía. Un chico de Córdoba bajito, moreno, lleno de vida y alegría, que nunca paraba de hablar, pero jamás se despistaba de sus quehaceres.

A la derecha del Cabo 1º Sánchez, se encontraba el Cabo Rodrigo, un asturiano rudo, grandote, de ojos vivos y expresión amable, era el jefe de una de las escuadras del pelotón. Un hombre reservado, amante de la vida en la milicia, leal y sobre todo sereno. Y a su lado, se encontraba Martín, un soldado de la escuadra del Cabo Rodrigo, de Albacete, un buen chico, ágil y veloz, era el “galgo” del pelotón.

Miró al resto, otros 4 más les acompañaban, todos cabizbajos y concentrados en sus pensamientos.
Y en el centro estaban otros dos compañeros, el Cabo Arístegui y el Soldado Griñán. Sánchez miraba hacia la rampa, se dejó llevar por los recuerdos, se perdió entre el chapoteo de la lluvia…

-Mi primero…, un obstáculo en la carretera – Dijo el Soldado conductor del BMR. El Cabo 1º Sánchez, elevó su cuerpo a través de la trampilla superior, se apoyó con las manos en las filas de sacos terreros que protegían ese espacio vital en el techo del BMR, y pudo ver como unos maderos estaban cruzados a lo ancho de la carretera, y tocaba parar.

- Para a unos metros antes, pero deja el motor en marcha…Córdoba…haz un barrido con la torre, pero deja el dedo fuera del disparador, apúntame a esa zona de árboles de tu derecha- Dijo El Cabo 1º dando instrucciones a través del microauricular.

-Si mi primero, le voy a echar un vistazo a ese linde del bosque- Respondió Córdoba, que así lo llamaban todos en el pelotón.

Sánchez volvió al interior del BMR y miró al Cabo Arístegui. –Cógete a dos y ves a mirar que narices hacen esos maderos ahí tirados- Le dijo con cierto aire de preocupación.

-Si, mi primero vamos a ver. Venga Griñan y López, coger el fusil, ajustaros el casco y vamos fuera- Respondió Arístegui a la vez que daba instrucciones a dos soldados.

-El resto menos Rodrigo, arriba con los fusiles y atentos a todo lo que se mueva- Añadió el Cabo 1º. Y todo el mundo se puso a sus faenas. Córdoba giró la torre a la derecha, y realizaba batidas sobre ese sector de bosque del que le había alertado Sánchez. Arístegui abrió la portezuela trasera del BMR y salió a la calzada con los otros dos soldados. Y el resto, se parapetó apuntando a los flancos arriba del BMR.

Arístegui fue el primero en llegar al obstáculo, eran maderos sin más, parecía que había sido un mero accidente de algún camión maderero, que había perdido parte de su carga. Griñán se acercó al arcén, y el Soldado López se situó a espaldas al Cabo, realizando una verificación visual del sector que tenía a la izquierda del BMR, un campo abierto de gran extensión, que no indicaba otra cosa más que lejanía.

-¿Qué pasa Arístegui?... ¿Qué hay ahí abajo?-Preguntó el Cabo 1º. Arístegui se volvió y respondió.

–Son maderos, parece que es una carga que se ha caído de algún camión-. Todos suspiraron dentro del BMR, tocaba bajar y tocaba despejar la carretera.

De pronto Sánchez se volvió a mirar a Griñán que en ese mismo instante había caído al suelo, y un segundo después oyeron el disparo… -¡¡¡Tirador!!!- Gritó Sánchez- ¡¡A cubierto!! ¡¡A cubierto!... –

Nadie reaccionó en ese instante, todos se dejaron caer dentro del BMR, Sánchez seguía gritando a los de fuera. El Cabo Arístegui y el Soldado López se parapetaron detrás de las ruedas del BMR en el costado contrario a donde se encontraba Griñán.

-Mierda…mierda… ¿alguien ha visto algo?...¡¡joooder...joooder!!…- Gritaban dentro del BMR. Sánchez agachó la cabeza y se metió en el BMR. Abrió una de las troneras laterales, y mandó instrucciones a los dos hombres que estaban fuera.

-Quietos…¡¡Quietos ahí y no os mováis!!- Los dos de fuera, se quedaron petrificados, no entendían nada. De pronto un impacto se estrelló contra el cristal del conductor.

-¡¡"Hos...tia"!!...me han tirado…me han tirado..- Dijo el conductor. –Baja la tapa blindada, ¡¡bájala!!- Ordenó Sánchez. ¡¡Pang!! Otro impacto rebotó en algún lugar del BMR.

Sánchez volvió a gritar por la tronera al Cabo Arístegui.- Julián..¡¡Julián!! ¿Puedes ver a Griñán? ¿Está bien?...¿puedes verlo?..-

El Cabo Arístegui hizo una seña con la mano, y se dispuso a mirar por debajo del BMR asomando su cabeza por un lateral de la rueda que les servía como abrigo.

-¡¡¡Parece muerto!!!...tiene un agujero en la cabeza mi Primero- Gritó Arístegui. ¡¡Pang!! Otro impacto en el BMR.

-Córdoba…Córdoba..Abre fuego sobre el puñetero bosque ese, ¡¡¡bátelo bátelo!!!- Gritó Sánchez, y el tirador de la TC3 abrió fuego sobre el linde del bosque. La ametralladora browning del 12,7 hizo su trabajo, de forma minuciosa Córdoba batía el linde del bosque, y los 250 cartuchos de la caza, fueron consumiéndose.
Al cesar los disparos, oyeron gritos en el exterior… -Mierda…¡¡¡Mierda!!!...¡¡¡Mi primero!!...¡¡Mi primero!!...le han dado al Cabo…le han dado al Cabo- Eran los gritos del soldado López. Un escalofrío recorrió el cuerpo del Cabo 1º Sánchez, se bloqueó, no podía ni hablar.

El resto del pelotón que andaba dentro del BMR, estaban muy asustados, se miraban, el terror se reflejaba en sus rostros. Córdoba había vuelto a municionar al TC-3. El Cabo Rodrigo gritó en medio de aquel eterno silencio atroz. - ¡¡Mi primero…hay que salir de aquí!! que se meta López dentro que nos van a matar a todos a este paso…¡¡que alguien informe por radio al Teniente…vamos!!!

En ese instante Sánchez reaccionó y volvió al mundo, - Conductor…avanza unos metros y gira, nos están tirando desde el frente…, Rodrigo..echa un par de botes de humo hacia la carretera y otro al lado del bosque, y dos conmigo abajo, en cuanto haya cobertura suficiente para coger a los heridos y a López.-

El conductor avanzó unos metros, giró el BMR dejando el costado expuesto hacia el frente de la carretera bloqueada. Los botes de humo empezaron a crear una espesa cortina de color rojo, y en ese instante, saltaron a la calzada el Cabo 1º y dos soldados. Llegaron a la altura donde había caído Griñán, estaba muerto. Mientras los soldados lo cogían y lo metían en el BMR, Sánchez se acercó a la posición de López, y allí vio a su amigo Arístegui con otro disparo en la cabeza, estaba muerto. López lo miraba con rabia contenida, no había nada que hacer, ni siquiera podían vengar a sus compañeros. Lo asieron de pies y brazos y lo introdujeron en el BMR…

-Es la hora, pon la bandera sobre los féretros- Dijo el Capitán, logrando que Sánchez volviera al avión. Le levantó, sacó de una bolsa una Bandera de España, grande, de buen tacto, y la colocó en el ataúd de Arístegui. Acto seguido, sacó otra de otra bolsa, y la colocó en el ataúd de Griñán.

Salieron del Hércules, la lluvia los arropó, comenzaron a ver la pista, estaban muy cerca de los hangares, vieron gente, vieron paraguas, y vieron a la banda de música del Ejército del Aire. No oían nada pero sabían que estaban tocando, no querían oír, sólo querían recordar a sus amigos, a sus hermanos.

No querían llorar, pero la lluvia les hizo llorar. Y no se quisieron preguntar por qué y para qué…, sabían la respuesta. Por España, por la vida que ellos quisieron, y por ellos mismos, porque al final, la familia está para esto.

Fueron desfilando a paso lento, bajo las notas de la marcha fúnebre de Chopin. Vieron a los ministros, vieron a los Generales, vieron a los compañeros, a los familiares, a los amigos….

- Hermano…ya estás en casa- Dijo el Cabo 1º Sánchez con el rostro pegado al ataúd de su compañero y amigo Arístegui, dando una pequeña palmadita con los dedos a la madera.[/align]

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NotaPublicado: 28 Jul 2011 16:42 
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Este fue el que me hizo asomar las lágrimas.... :shock:

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NotaPublicado: 30 Jul 2011 17:42 
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[align=justify]Saludos cordiales, dejo aquí otro de mis relatos, para el que quiera leer un ratito corto. Este lo he titulado "Nada nos importa el frío", Un abrazo.


NADA NOS IMPORTA EL FRÍO

El frío se hacía insoportable, pero que era aquello comparado con el frío y los pesares que habían padecido en la travesía del Lago Ilmen en aquel frío enero del año 1942. A fin de cuentas, al menos allí estaban calentitos, los “ruskis” todos los días los estaban deleitando con fuego de artillería, de carros de combate, y regalos personales de granadas y balas por doquier.

Pero que importaba todo ello, se estaba para lo que se estaba allí, que era rescatar a los alemanes de la bolsa en la que habían caído, y se había encomendado a ellos, a la Compañía de Esquiadores, pero sobre todo aguantar y demostrar como son los españoles.

-¿Cuántos vienen?- Se oyó tras una endeble pared. – Todos los que hemos echado hace un rato más unos 1000 más…jajaja…- Respondía José, Sargento de esquiadores, buen español, y hombre de oficio.

-Y no se dan por vencidos…, y mira que les estamos dando…- decía otro “guripa”, parapetado tras unos sacos y unos tristes muebles en un lateral de una casa en la calle de aquel maldito “Bol.U”. De pronto volvieron los disparos, las explosiones, todavía lejanas, no llegaban a la entrada del pueblo, pero se acercaban.

El Cabo Amador vio desde su posición que un nutrido grupo de rusos avanzaba por un flanco, a pesar del camuflaje invernal, esos espectros blancos se dejaban ver entre la mortecina nieve y el intenso frio. – Atención a la derecha, que vienen muchos…Ramón ¡¡la máquina!! Trae aquí la Mg… y que Gregorio traiga algún tambor con cintas- Dijo sin mucho énfasis.

Y de pronto cesó la artillería. –Se habrán cansado de despellejar a los suyos, porque anda que con la puntería que gastan sus artilleros, nos están facilitando el tajo a nosotros- Dijo otro.

Un estruendo que les era conocido amenazaba a la entrada del pueblo… -¡¡Tanques!!... vuelven otra vez con tanques…¡¡Traer algún Panzerfaust!!- Dijo el Sargento mientras miraba a sus 6 guripas con cierta pena. De los 16 con los que entró en el pueblo, incluidos cuatro letones agregados, ya solo quedaban 6 y él. Las instrucciones del Capitán fueron claras, el General quiere que se aguante y demuestre cuánto valen los españoles y cuanto vale la División.

Comenzaron a silbar las primeras balas, y el carro de combate rugió por sus motores y por su boca de fuego. Fue un tiro al azar, no sabían dónde estaban los españoles, pero andaban resueltos a demoler todo el pueblo de Bol.U si fuera preciso, para expulsarlos. Cosa que los guripas no tenían intención, mientras no se dijera otra cosa por parte del Mando.

El Cabo Santiago junto con Pedro, un soldado de primera, navarro, requeté y veterano de muchos lances, se acercaron a una casa septentrional con dos Panzerfaust. El carro era un BT-7, la cosa estaba hecha, ese carro se iba a desmontar en menos que canta un gallo.

-Gracias a Dios que no es un T-34 –Dijo Pedro. El Cabo lo miró con risa maliciosa y le respondió – Calla y apunta bien, no vaya a ser que la soberbia nos haga hoy irnos de viaje con tu tocayo allá en el cielo-. Pedro sonrió para sus adentros, tal vez el Cabo debería saber que el navarro, llevaba cosidas en su hombro 3 cintas emblema de destrucción de carros de plata. Pero no era momento de andarse con pavonadas, había que apañar y rápido la osadía de los rusos que andaban resueltos y muy envalentonados al parapeto del carro de combate.

Pedro esperó a tener el carro más cerca, sabía que los BT-7 sólo eran coches con cadenas con blindaje antibala, así que el lanzagranadas Panzerfaust le iba hacer un buen roto. Apuntó con calma a la torre, que era alta y endeble, respiró varias veces, y cuando ya estuvo seguro del blanco, apretó el disparador.

Una gran explosión desmembró el carro de combate soviético, la torre saltó por los aires, junto con el sirviente del cañón y algo que debió ser el cargador. La barcaza echaba fuego, pero eso fue todo. El Cabo apuntaba con su PPSH-41 del 7,62mm que había capturado hacía unos días a un ruso que ya no lo iba a emplear. Y en un instante descubrió a toda una sección de rusos que avanzaba tras el carro, y tras la explosión se habían tirado cuerpo a tierra.

-Ya os veo… os vais a enterar- Pensó el Cabo, y se echó mano a la cadera sin perder de vista a los rusos que permanecían todavía cuerpo a tierra, esperando descubrir de donde o por donde venían los fastos. Encontró sujetas a su cinto, dos granadas de palo M-24, las sacó, dejó el subfusil apoyado, y miró a Pedro a la vez que le tendía una de las granadas.

Ambos las cogieron, quitaron el seguro de las granadas, y al unísono las lanzaron en dirección a los rusos tumbados. Aguantaron el tiempo justo en sus manos, para que cuando las granadas llegaron a la altura de los rusos, estas explosionasen y no hubiera tiempo de reacción por parte del enemigo. ¡¡¡Bum!!! ¡¡¡Bum!!!, dos explosiones simultáneas y la primera línea de aquella sección de esquiadores rusos se fue al cielo. Sin dudar, tanto el Cabo como el Soldado de primera, saltaron de su posición y se dirigieron hacia el carro inutilizado, mientras con muy buen tiento, ametrallaban a los rusos que todavía no habían reaccionado.

El primero en llegar a los restos del carro de combate fue Pedro, que enseguida cogió de su zurrón una granada de mano, otra M-24 de palo y la lanzó contra los rusos, que algunos los más retrasados ya se blandían en retirada. La explosión cogió a muchos entre el suelo y la carrera de retirada, por lo que los efectos fueron más mortíferos entre los que se estaban levantando.

El Cabo avanzó por un costado del carro que seguía en llamas, y disparó y disparó contra todo bulto que estaba tumbado, sentado o corriendo en ese camino de entrada al pueblo. Pedro lanzó la última de sus granadas, alcanzando a 5 ó 6 rusos que andaban reaccionando ante aquel empuje. Y una vez visto el resultado de la sorpresa, avanzaron un poco tirando a todo ser animado que encontraban en sus líneas de tiro.

Todo fue rápido, sólo se oía algún lamento, algún grito de los heridos y como no estaban allí para otras florituras, Santiago el Cabo, miró a los rusos más cercanos, buscaba munición para su PPSH-41, encontró en un cadáver dos cargadores que asomaban, y se los metió en su bolsa. Cogió alguna granada rusa, y una pistola que podía venir bastante bien en un mal aprieto.

Pedro por su parte, hizo lo propio echándose a la bolsa unas cuantas granadas rusas, y unos cargadores de PPSH-41, para abastecer su arma que al igual que el Cabo, hacía ya unos días que la había adquirido como parte de su arsenal.

Realizada la operación, decidieron retirarse a posiciones más retrasadas, los rusos no tardarían en volver, y algo más enfadados, porque era la tercera vez en el día, que les habían dejado fríos a un par de secciones de esquiadores de la madre Rusia, y habían mandado al infierno a 3 carros de combate.

En otro lado de aquel pueblo, el Cabo Amador junto con dos sirvientes de ametralladora, ya había comenzado a batir el flanco por el cual, entraban al menos dos secciones de rusos. La MG-34 escupía fuego a buen ritmo, tanto como el ritmo que llevaban los rusos en caer inertes bajo la nieve. Los dos sirvientes de la ametralladora eran hábiles y eficaces. Amador apoyaba disparando con su MP40.

Bajaban de una ladera, y pronto al verse frenados por la mordaz puntería de la ametralladora, los rusos comenzaron desde arriba de la ladera, a batir el sector donde estaba la ametralladora y el Cabo Amador. Tocaba largarse de allí o los iban a dejar servidos en cuanto menos se dieran cuenta.

-¡¡Ramón!! Venga, recogemos y nos vamos de aquí que nos van a dar al final- Gritó el Cabo. Los sirvientes de la ametralladora, soltaron una última ráfaga que dejó a 4 rusos servidos, y levantaron campo.

Salieron de aquella improvisada posición, y se dirigieron a una casa que ofrecía buena vista de la ladera, más flanqueada y menos expuesta. –Ramón, este es un buen lugar, vamos a quedarnos aquí, y los que bajen a darles duro. Yo me voy a subir a esa zona de árboles, a ver si puedo desde allí tirar a los de la loma- Indicó el Cabo, y Ramón y Gregorio asintieron a la vez que ya habían tomado posición, habían dejado los pertrechos y municiones a mano, y se disponían a seguir con la faena.

El Cabo Amador se dirigió a un pequeño grupo de árboles, que quedaba sobre el flanco izquierdo de los rusos, algo más bajo que la loma, pero que ofrecía una buena panorámica del campo de batalla.

La ametralladora comenzaba a disparar, y el Cabo pudo ver como en la loma comenzaban aparecer muchos rusos, demasiados para frenarlos con una sola máquina. Y por mucho que él pudiera batir la cresta de la loma, seguramente lo iban a localizar y devolverle los cambios por su osadía.

-Amador es mejor que bajes a ver al Sargento, a ver si es posible con un puñado de guripas, desde el flanco darles un buen escarmiento, mientras andan entretenidos con los de la Mg-34- Pensó el Cabo, y con ese pensamiento en caliente, se bajó hasta la posición del Sargento.

-Mi sargento, tenemos problemas en mi lado. Vienen muchos rusos y tengo a Ramón y Gregorio, los de la MG muy ocupados, lo malo es que si lanzan un asalto, nos van a copar. Pero me he dado cuenta que desde su flanco izquierdo, son vulnerables, porque andan distraídos con los guripas de la MG- Dijo el Cabo al Sargento sin mayores preámbulos.

-¡¡Frio eh!!..., vamos Amador no me jodas, que somos media docena…. – Respondió el Sargento.
José, Sargento de Infantería, natural de Burgos, hecho al frío y a las durezas de la vida en la milicia, veterano de la guerra civil desde los primeros días, metió unos dedos por el cuello de su uniforme, y tocó el fieltro de la guerra, y la camisa…, esa camisa azul que les habían prohibido llevar, pero que todos los voluntarios llevaban como símbolo de su naturaleza y su pasión.

Recordó arengas, la de Serrano Suñer y las de otros…”Rusia es culpable…vamos a devolver la visita….sois los mejores de esta nación…la historia se escribirá con sangre…”. Se rascó la cabeza y pensó –José…aquí no hay otra cosa que hacer que frenar a los ruskis, por arriba o por abajo, al final nos van a mandar con San Pedro, así que mejor elegir la manera de ir con el Santo, que no esperar a que nos den muerte como ellos quieran o se les ocurra…-

Miró al Cabo y le dijo, -Yo me quedó aquí por si las moscas vuelven por el camino central, que Pedro y Santiago, te acompañen, súbete a Ramón y a su compinche también, y yo voy a poner con una automática al Soldado Sánchez, el de Transmisiones, para que siga abriendo fuego y entretener a los rusos. Ya puedes rezar para que todos los que tengan que venir, estén allí, porque como les dé por atacar por los cuatro costados, estamos apañados-

El Cabo Amador se dirigió hacia las posiciones de sus compañeros y se los fue llevando tras él, urdiendo el plan que había propuesto. Los 5 guripas armados hasta los dientes con todo lo que tenían, se fueron acercando al flanco izquierdo de los rusos, bajo la cobertura de los árboles y algunos montículos de nieve. El Soldado de Transmisiones se dispuso hacer su papel, y con otra Mg-32 el sólo comenzó a batir la loma, con ráfagas cortas, controladas, sin otra intención de decirles a los rusos que allí seguían los españoles esperándolos.
La Escuadra de circunstancias del Cabo Amador, se fue desplegando. En el punto más alto y retrasado, colocó a los de la ametralladora, y él, junto con el binomio de Pedro y Santiago, con sus PPSH-41 se desplegaron a unos 50 metros de los rusos, dispersos y ocultos, y preparados para darles la bienvenida.
Habían convenido que el fuego lo iniciara la ametralladora, para propiciar que los rusos se envalentonarán y lanzarán algún tipo de movimiento para neutralizarla, eso sí, tenían que cruzar una vaguada nevada y escarpada como paso obligatorio, o dar un rodeo de casi 4 km que no parecía la mejor opción.

La ametralladora comenzó a disparar, y comenzó a causar muchas bajas, las primeras ráfagas pillaron por sorpresa a la gran multitud de rusos que había concentrada en esa loma. Cuando tomaron conciencia del ataque, y tal y como había previsto Amador, un par de pelotones se lanzaron como perros de presa, a por la ametralladora que los batía.

Algunos de los de la loma, decidieron lanzarse hacia el lado del pueblo, despreciando que les estaba esperando por un lado la ametralladora que disparaba Sánchez, y por otro lado las granadas de mano que estaba empezando a soltar el Sargento frenando cualquier intento de entrada al pueblo por ese flanco.

Los dos pelotones de rusos avanzaron rápidamente hasta que llegaron a la vaguada, vacilaron, no lo tenían claro, pero el ¡¡Tac..Tac..Tac..Tac..!!, de la MG-32 los convenció, y se dispusieron a descender. Justo al punto en el que Amador los quería. Todos habían colocado granadas en el suelo, preparadas y ordenadas, seguían agazapados y esperando el momento propicio.

Se miraban entre ellos, sonreían y no por el frío, o para engañar al miedo, sonreían porque sabían que una vez más, los ruskis se iban a desesperar ante la suprema impertinencia de esos soldados desarrapados, pequeñitos, morenos, de mirada vidriosa, y muy mala leche, que formaban la 250 División de Voluntarios Españoles de la Wehrmatch, batiéndose en el gélido frente del Wolchow.

Y volaron las granadas…..
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NotaPublicado: 01 Ago 2011 18:58 
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[align=justify]Saludos cordiales. Dejo otro relato titulado "Los fotógrafos", espero que os guste, un abrazo.

LOS FOTÓGRAFOS


Lo peor era la luz, esa bombilla que parpadeaba sin cesar y no dejaba ni un segundo para poder cerrar los ojos y sentir un instante de paz. Así llevaba 4 días desde que en la ciudad de Vukovar lo había detenido un grupo de paramilitares croatas, mientras realizaba un reportaje fotográfico sobre la Iglesia ortodoxa de San Nicolás. Junto a él habían retenido a tres españoles más, uno el conductor del vehículo, otro un redactor de la revista “Treasures of Europe”, y un ayudante de iluminación y fotografía.

Fueron detenidos a punta de kalasnikov, les golpearon, los maniataron y los metieron en la caja de un camión. Ellos no paraban de gritar - ¡¡We are Spanish journalists!!- Pero las milicias croatas no se andaban con chiquitas, andaban asediados por las milicias serbias, y estaban seguros que el Ejército Popular Yugoslavo, iba a tomar la ciudad en su afán de acabar con los aires independentistas de los croatas, y cualquier sospechoso por mucho acento europeo que tuviera, era un posible enemigo potencial y aliado de los serbios, salvo que se demostrase lo contrario, y rara vez se podía demostrar.

José Luis Sotogrande no recordaba el tiempo que estuvo tumbado en el frío suelo de aquel camión. Tenía el ruido del motor del camión metido en la cabeza, cada bache, cada curva, cada frenada se fueron grabando en su memoria. Miraba a sus compañeros que al igual que él, intentaban no ofrecer a sus captores algún pretexto para que fueran más violentos si cabe, de lo que habían sido.

Miguel Zamorano el conductor del equipo de periodistas, era el que peor parte se había llevado, una culata de AK se había estrellado contra su mentón, y un par de dientes se habían ido a pasear fuera del anclaje de las encías. Estuvo tumbado, sangrando por la boca, tosiendo pero sin quejarse, de vez en cuando algún croata le deleitaba con una patada en las costillas.

Ernesto Cifuentes el ayudante de iluminación, se recogió sobre su cuerpo lo más que pudo y trato de evitar cualquier contacto con sus compañeros y obviamente con sus captores. Y Ricardo Ortega el otro redactor, también anduvo calladito y mirando a sus compañeros, con gesto grave, pero sin dar pie a posibles reacciones de los croatas.

El tiempo pasó muy lento, fueron aislados, les quitaron la ropa, y fueron interrogados. Su equipo fue examinado al detalle en busca de pruebas o algún pretexto para relacionarlos con las fuerzas serbias. El primer interrogatorio fue demoledor, desnudos ante 7 u 8 hombres armados, de rodillas mientras les gritaban que eran espías serbios, que los iban a fusilar por espías, y que no se creían que fueran periodistas españoles.

El primero en hablar fue Cifuentes que juraba y perjuraba entre pseudosollozos que eran españoles y de la prensa gráfica, que mirasen sus acreditaciones y pasaportes. La respuesta de los croatas fue sublime, le dieron una paliza, lo ducharon con agua fría y lo metieron en la celda que era más una nevera que una celda.

A Ortega le dieron otra paliza demoledora, de la cual se llevo el puente de la nariz desviado y alguna costilla con fisuras. Su testimonio era siempre el mismo, era redactor de la revista Tesoros de Europa, y andaban haciendo un reportaje a la Iglesia de San Nicolás de Vukovar. No debió de ser muy convincente, dado que el resultado de la primera entrevista, se saldo con sus costillas y nariz seriamente perjudicadas.

A Zamorano le propiciaron otra paliza que terminó por dejarlo hecho un asco, pero Zamorano se limitó a repetir “I’m a Spanish citizen… I’m a Spanish citizen...I’m journalist…”, pero a los croatas esa versión no les interesaba.

Se reservaron las mejores lindezas para Sotogrande, al cual a parte de la paliza de rigor, lo ataron a una silla, y lo sometieron a diversas descargas eléctricas de baja y media intensidad. Sotogrande aguantó ente gritos y lágrimas de dolor, pero no daba el brazo a torcer en cuanto a su situación, quien era y que hacía.

La situación se repetía todos los días, a veces eran reunidos todos juntos, y todos veían el maltrato a sus compañeros, otras veces, eran “entrevistados” por separado, y sólo podían oírse los gritos entre las paredes de aquellas gélidas celdas.

No hablaron entre ellos desde el momento de la captura, estaban aislados y cuando estaban juntos, era poco probable que pudieran realizar acto de comunicación alguno, por el delicado estado en el que se encontraban.

Era el cuarto día y Sotogrande había cerrado los ojos intentando dormir o al menos descansar su frenética actividad cerebral. – Mantente despierto y atento José Luis, que estos no puedan contigo- se repetía constantemente.

Evadía su mente recordando a su mujer y a sus numerosos hijos, recordaba su casa, sus amigos, su trabajo, y ello le motivaba a no derrumbarse.

Se oyó el cerrojo de la puerta de la celda, entro uno de los carceleros, un mal tipo grande y barbudo, que le daba los buenos días con un par de patadas, cortésmente, pero patadas a fin de cuentas. Le lanzó su ropa al suelo, la cual estaba llena de mugre y prácticamente hecha jirones. Se vistió como pudo, y fue escoltado de nuevo a la ya conocida sala de entrevistas.

En esta ocasión sólo había una persona sentada al otro lado de una mesa, una silla vacía y una lámpara de luz encendida con luz mortecina.

-Siéntese- Ordenó la voz en perfecto español. Sotogrande así lo hizo. Se acercó a la silla y se sentó. Fue una sensación extraña después de 4 días de poner las posaderas en el suelo.

-Así que son españoles, de una revista cultural ¿no?- Pregunto la siniestra figura. – Si señor, contestó Sotogrande.-Somos los cuatro españoles y no sé porque nos ha retenido y maltratado-.

Aquella persona avanzó su rostro hacía delante en la mesa, y la luz descubrió su faz, era un hombre rubio, esbelto, de melena profunda, vestía un elegante traje negro con raya diplomática, y una corbata con los colores de la hasta entonces bandera yugoslava.

-¿Saben ustedes que estamos en una guerra, señores españoles periodistas?- Volvió a preguntar aquel siniestro personaje.

- Si señor. Sabemos que hay una guerra en Yugoslavia, pero la revista para la que trabajo, nos consiguió visados para 15 días, y los permisos necesarios…- Contestó Sotogrande a la vez que era interrumpido. – Hemos revisado sus papales señor, y están en regla…., una pregunta... ¿Que tiene de especial una iglesia para una revista que nadie compra…?- Requirió el interrogador.

Sotogrande miró a su alrededor, oscuridad, vacío y una extraña voz con acento eslavo, pero que dominaba a la perfección la lengua de Cervantes…, miró al suelo, se fijo en sus pies, descalzos, no le habían devuelto sus zapatillas deportivas. Los dedos estaban negros de suciedad, con restos rojizos de sangre escupida, con pequeñas heridas en proceso de cicatrización.

Respiró con resignación, miró al interrogador y le respondió mirando a los ojos – La Iglesia Parroquial ortodoxa de San Nicolás fue construida durante el período 1733-1737 con elementos de estilo barroco provincial… El iconostasio, donde se esconden los curas ortodoxos para la consagración de la forma, fue erigido en 1757, y las tallas fueron esculpidas por el escultor Firtler…nacido en Osijek. La iglesia de San Nicolás, fue reconstruida y redecorada en varias ocasiones, ejemplo fue la incorporación de la capilla de San Jorge Mártir, y la ampliación del espacio para el coro. El último cambio importante a la iglesia data de 1935.-Concluyó.

Un aplauso enérgico inundó la habitación.-Bravo…tengo ante mí a todo un experto en arte barroco..¿Le costó mucho aprenderse toda esa retahíla?...- Le espetó el interrogador.

-Soy periodista señor, debo saber donde me meto…- Respondió Sotogrande. Una mano cruzó el aire y se estampó en su rostro, propiciando una poderosa bofetada que por poco desestabiliza al fotógrafo.

No vio quien fue el artífice de la agresión, la mano salió de la oscuridad, Sotogrande supuso que algún guardia a un gesto mínimo del interrogador hizo su trabajo demoledor.

-Usted y sus compañeros se metieron en zona de guerra…, las tropas serbias nos están amenazando y en esa zona digamos que nuestros intereses estratégicos se vieron comprometidos por su aparición… Hemos revisado sus fotografías, y por suerte para ustedes no hay nada que los vincule con actividades terroristas o de espionaje…mucha foto de cúpulas e iconos, mucha foto de lienzos… – Terminó el interrogador. -Van a ser liberados, hemos contactado con su consulado en Hungría, y en unas horas serán entregados en la frontera con Hungría, a algún representante de su Embajada Española. Un aviso… si vuelven por aquí, los mataremos o los matarán… y no haremos preguntas o perderemos el tiempo- .

Sotogrande asintió con la cabeza.- Entiendo señor, gracias por su comprensión - Y dicho esto resopló y notó como unas manos poderosas se clavaban en sus axilas y lo incorporaban para ponerlo de pie.

-Sólo una cosa más, por desgracia en el reconocimiento de sus materiales, estos se han roto, y no vamos a poder devolverles nada, las cintas se velaron, y sus carretes también- Dijo el interrogador con una sonrisa final, pero que lejos de demostrar afabilidad, denostaba maldad por los cuatro costados.

Sotogrande fue llevado a una sala, allí le esperaban sus compañeros. Todos se miraron sin la mayor emoción, todos eran sus propios espejos, golpeados, torturados, mancillados, presionados, humillados, pero al menos seguían vivos.

Llegó un tipo con un kalasnikov a la espalda, y les dijo en un vasto inglés –You return home…- No hizo falta hacer esfuerzos para entender aquellas palabras, y Cifuentes arqueó las cejas y sonrió seguramente por primera vez en cuatro días.

Fueron llevados a Donji Mijoljac, ciudad fronteriza con Hungría. El trayecto fue largo, enredado, pudieron ver el recorrido, iban en un coche más confortable que el camión en el que fueron de huéspedes al inicio de su cautiverio. Cuando llegaron a la ciudad de Donji Mijoljac, vieron en una plaza cercana al paso fronterizo, un coche negro y una furgoneta, con matrícula diplomática, y Sotogrande supuso que aquel era su vehículo para salir de ese infierno.

No hubo mucho trámite, el del kalasnikov se dirigió a una persona que vestía con ropa de invierno y llevaba un gorro de lana, éste se dirigió al coche, y tras una conversación, le dio la mano al croata, y con un gesto, el conductor del coche, liberó a los cuatro españoles.

Iban descalzos, lentos, doloridos, pero en el fondo felices de haber terminado aquello. El hombre del gorro les indicó que se metieran a la furgoneta.

-Soy García de la Embajada de Bucarest, entrad a la furgoneta y vámonos de aquí pronto que esto parece un hervidero de gente nerviosa y peligrosa- Dijo el hombre del gorro, todos se miraron y anunciaron una sonrisa.
Sotogrande miró al tal García y le dijo – Soy el Cabo 1º Caballero Legionario José Luis Sotogrande, de la Bandera de Operaciones Especiales de la Legión, Jefe de la Patrulla de Reconocimiento en Profundidad en clave Tito, solicitó ponerme en contacto con el agregado militar de la Embajada para transmitirle el informe de operaciones, y solicito se nos entregue en la ciudad húngara de Dravaszabolcs al otro lado de ese puente nuestro equipo de trabajo, para el desarrollo de la siguiente misión-

-¿Quién me has dicho que sois?-preguntó el tal García. Cifuentes lo miró y le dijo – Somos La Legión…. Llévanos al otro lado del río, dame unos marcos para unas cervezas, y daros prisa en traernos ropas y equipo para trabajar, que tenemos trabajo que hacer…-

-Pero si tenéis que….pero si os acaban de….- Tartamudeo García.

– Si, tenemos que volver que para eso nos pagan, ya sabes…soy el novio de la muerte….- Dijo el Cabo Caballero Legionario Ricardo Ortega.
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