Fuerzas de Elite

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 Asunto: RELATOS
NotaPublicado: 22 Jul 2011 09:37 
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En este post podéis ir colgando todos los relatos que vayáis escribiendo y así de esta manera los podemos tener todos juntos.

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Última edición por LMiguel el 22 Jul 2011 10:04, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 22 Jul 2011 09:40 
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Cecilio Andrade escribió:
Operación Perro Loco.

Se dejó caer sobre la tierra húmeda tras un parterre de algún tipo de arbusto florido, las gafas de visión nocturna no le habían permitido ser tan detallista, ni sus conocimientos de botánica podían decirle mucho más allá si era comestible o no en caso de necesitarlo, que no era el caso. La caída fue buena, amortiguó y rodó hasta otro arbusto más espeso que el primero.

Tenía ya en la mano la Glock 17, extraída de su funda Praetor Defense mientras rodaba a cubierto. Tras asegurarse de que no había sido detectado fue enroscando el supresor en la pistola. Enfundó el arma, ciertamente no de forma muy cómoda, pero necesitaba las dos manos para colocar en su sitio las gafas de visión nocturna Paulson EVN 96, que se había quitado antes de descolgarse. No eran las mejores gafas del mundo pero ciertamente en comodidad y profundidad de campo pocas la superaban, amén que a las distancias con las que debía lidiar hoy eran más que suficientes.

Haciendo un barrido chequeó la zona no había movimiento aparente. De repente le pareció ver una sombra fugaz en el borde de visión de las gafas, con otras gafas más potentes y con el fondo verde quizás no lo hubiera detectado. Tres sombras formando un triángulo con la base dirigida hacia donde él estaba.

El dorso de su pistola empuñada ya le ocupaba parte de la visión. Dos perros, pittbull por la forma, y un guía, y bien entrenados los tres ya que se movían en silenciosa y perfecta coordinación, sin prisas. Una sonrisa triste e irónica a la vez le asomó por un instante, sentía cierta pena por aquellos animales, después de todo, sus compañeros de grupo, le habían puesto el mote de “pittbull” a él. Y como ellos estaba entrenado para atacar, y matar, en silencio.

También supieron morir de igual forma, en silencio. Se movían un poco en oblicuo respecto a su posición, el viento en contra les quitaba el beneficio del olfato y el oído, aun así superior al de cualquier humano. El primero estaba apenas a 4 metros cuando asomó la cabeza tras el arbusto que lo ocultaba, la voló de un disparo, amortiguado, para nada silencioso. Cuánto daño había hecho Hollywood.

El segundo se giró al instante hacia el lugar del sonido que había matado a su compañero con la sana intención de vengarlo. En honor a esa velocidad de reacción necesitó el empleo de tres disparos, el primero falló por centímetros al girarse tan velozmente. Los dos siguientes lo alcanzaron en el pecho y en la boca, alcanzando el último el cerebro. Cayó en silencio, cumpliendo su adiestramiento hasta el final. Su caída no hizo más ruido al frenarse que el impulso inicial en la tierra húmeda del parterre.

El guía no entendió o simplemente su inteligencia era francamente menor que la de sus dos malogrados subalternos. Esperó casi un minuto, e incomprensiblemente comenzó a llamar con susurros, que en la calma de la noche eran guías para las anhelantes Parcas.

El esperó, tranquilo, sin jadear, el cargador era de quince disparos más el de la recámara dieciséis. Gastó cuatro con los animales, si aquel idiota lo era tanto como parecía todavía le quedaban doce disparos.

Lo era, un verdadero y completo descerebrado. Se acercó buscando a los animales y rumiando grandes castigos por la desobediencia.

Pack-pack-pack.

Uno estúpido menos en el mundo, dos disparos al pecho y uno al lugar donde normalmente el ser humano tiene el cerebro.

Ya toca recargar, sin mirar el arma y si su entorno sacó y guardo el cargador medio lleno para sacar uno completo e insertarlo.

Guardó la pistola con la mano derecha, mientras con la izquierda colocaba frente a su pecho el M4 que hasta ese momento llevaba en la espalda, comprobando al tacto que todo estaba como debía, aleta selectora en su lugar, en seguro, cierre bien trabado, cargador fijo, palanca de montar correctamente sujeta…

No necesitaba ver para todo ello, las miles de repeticiones que en su vida profesional había requerido y entrenado lo hacía posible. Tras colocar la culata en su lugar, frente al hombro derecho, y realizar otro barrido de la zona presionó con la mano izquierda el laringófono que portaba en el cuello.

- Bravo aquí Papa – pausa – Avispero libre.
- Ta.

Al momento tres sombras más cayeron en silencio.

Nada se oía, nada se movía. Y así fue durante dos minutos más. Entonces igualmente nada se oía, pero lo de moverse ya era otro cantar. Cuatro sombras negras avanzaban aparentemente sin tocar el suelo, ya que, contrariamente a todas las leyes físicas, parecían no rozar nada que generase sonido alguno.

[align=center]***[/align]

El salón era grande, rectangular y bien iluminado, con cristaleras al jardín en tres de sus lados, todas abiertas para que circulara el aire y se llevará el bochorno de la noche, junto con el humo de cigarros, porros, halitosis, aerofagias, comida excesivamente especiada y quien sabe cuántas cosas más. Ocho sicarios gordos y grasientos pueden generar eso en cantidades industriales.

Barca Madrid. Ni eran equipos de su país ni cercanos, pero aún así generaban tal pasión que la noche y la hora había sido elegida en base a ese evento. Que broma macabra, veintidós tipos en calzoncillos disputándose una pelota por cifras millonarias, iban a ser los que marcaran la diferencia sobre la hora a la que las Parcas se cobraran sus cheques de viaje.

Solo uno de ellos detectó un leve movimiento a ras de suelo, pensando si sería un ratón, pero ignorándolo al instante pendiente de una escapada por la banda de uno de los delanteros millonarios.

Nadie más detectó las tres granadas flashbang M84 que rodaron desde los tres lados abiertos y acristalados. La sincronización fue perfecta, las detonaciones fueron simultáneas. Generando tal presión que todos los hombres que estaban de pie se derrumbaron al instante, los sentados se encogieron y las enormes cristaleras corredizas se desmenuzaron.

Al instante cuatro sombras se materializaron en los tres lados hasta un instante antes acristalados. Dos en el fachada del rectángulo disparando al frente, y uno más a cada lado disparando en oblicuo al frente para no correr el más mínimo riesgo de herir al compañero del otro lado.

Los auriculares electrónicos Howard Leight eran estupendos, ampliaban la capacidad de oír y a la vez reducían el sonido aturdidor de los disparos y las granadas, sin hablar del apaño que les había hecho el técnico al permitirles la compatibilidad con sus radios, tenía que comprar y regalarle un par de botellas de Jerez oloroso, sin duda.

Cuatro fueron alcanzados al instante, dos más al intentar levantarse sin aun saber bien nada de lo que ocurría, los dos últimos, ligeramente menos afectados por las detonaciones tras la barra del bar, intentando llegar a sus AK47, a pesar de llevar pistolas en sus cinturas no parecieron reparar en ellas.

Las cuatro sombras se habían materializado con M4 ya apuntados desde su hombro derecho. Mejilla apoyada en la culata, cabeza vertical y codos metidos dentro de su torso.

La suavidad con la que se movían parecía que los representaba lentos. Nada más lejos de la realidad. Con una suavidad y naturalidad fruto del entrenamiento cambiaron el cargador de sus armas mientras recorrían los 7 u 8 metros de la sala donde todavía seguía sonando un Barca Madrid desde una pantalla de plasma de más de 50 pulgadas, rajada y sucia en ese momento. Que desperdicio de televisor.

Cuando llegaron a la puerta que llevaba al interior del edificio, dos a cada lado de la puerta, permanecieron unos segundos escuchando, con las armas dirigidas al suelo y los dedos índice respectivos fuera del disparador.

Gritos, preguntas, carreras, todo eso se escuchaba de forma inconexa. En un momento los dos primeros hombres de cada lado entraron en el pasillo, encarando sus armas en un único, suave e instantáneo movimiento. El primero, el mismo que abrió el primer movimiento de aquella letal partida de Go, más bajo y compacto, redujo aun más su tamaño para permitir a su compañero disparar por encima suyo sin apenas más riesgo que el que viniera del frente, del cual ya se encargaba de contrarrestar el con su compañero.

Cuatro tipos en el pasillo, sudados y en camiseta, dos con AK, uno con M16 y otro con una pistola de algún tipo. Todo eso pensaron al tiempo de levantar y alinear sus M4 con visores ACOG.

Los dos primeros fueron abatidos antes de que pudiesen hacer el más mínimo gesto de defensa, el tercero comenzó a levantar su pistola pero no logró llegar a mitad del recorrido cuando cuatro impactos lo clavaron contra la pared, dejando una alargada mancha en su deslizamiento al suelo.

El cuarto, con AK47, logró saltar dentro de uno de los cuartos a tiempo. Mientras las dos primeras sombras recargaban sus fusiles, los dos siguientes pasaban al frente. El ahora primer equipo lanzó otra granada flashbang preparando la entrada en la habitación. Tras la detonación entraron y el siguiente equipo pasó de nuevo a ocupar la punta del avance, mientras sus compañeros terminaban de asegurar su, a partir de ese momento, retaguardia.

Salieron recargando sus armas. Todo era ritmo, suavidad, sincronización y movimientos perfectamente entrenados.
La escalera, ya estaban llegando a la parte más difícil. Subir una escalera ante enemigos alertados y resueltos. A ver como acababa todo.

[align=center]***[/align]

Un torso medio asomó al comienzo de la escalera… suficiente. Cuatro disparos precisos y rápidos casi lo hacen volar al estilo de Hollywood, con la parte superior del torso y la mandíbula convertidos en una masa amorfa y roja. Varios espasmos hicieron que acabará rodando escaleras abajo a una velocidad inusitada.

Estaba claro que los de arriba ya no bajarían, otras dos granadas stun les ayudarían un poco.

Dos estaban aun retorciéndose en el suelo cuando el primer binomio alcanzó el segundo piso, obviamente, las dos masas humanas retorcidas, perdieron el mundo de los vivos de vista antes de que sus ojos pudiesen recuperar la visión de quien les aplicaba una ración de la misma medicina que ellos habían hecho tantas veces en el pasado, matar.

Aparentemente solo quedaban dos o tres objetivos más.

Avanzando de dos en dos, cubriéndose mutuamente, fueron recorriendo el segundo piso, en silencio, con suavidad y rapidez, como sombras. Hasta que llegaron al único lugar donde podían esconderse los restantes objetivos.

Uno de los dos más retrasados soltó su fusil y sacó dos granadas aturdidoras, mientras su binomio apuntaba y cubría la retaguardia del equipo. Mientras los dos adelantados hacían un gesto de asentimiento lanzó las granadas. Para ello las había “calentado” previamente, tras sacarle la anilla y soltar la palanca las mantuvo un segundo y medio en la mano antes de hacerlas volar en una parábola baja y cruzada hacia su objetivo.

Tras el estallido el primer binomio entró. Mientras el segundo permanecía fuera de la habitación listo para cubrir su salida o entrar si eran requeridos.

Repitiendo la secuencia de entrada, el primer hombre, el más bajito, redujo más su silueta y entró hacia el lado izquierdo mientras el segundo entraba al lado derecho apuntando sin riesgo sobre su compañero.

Se escuchaban disparos fuera, la fuerza de contención estaba parando los refuerzos del adversario.
Los dos últimos enemigos resultaron más inteligentes o con mejor fortuna, el caso es que la granada apenas les afectó y pudieron realizar fuego, aunque de una forma caótica e imprecisa.

En una de esas carambolas hollywoodiense uno de los proyectiles logró entrar entre el chaleco y la espalda de la sombra más baja. Como una de esas casualidades imposibles pero reales, un proyectil de AK47 pasó entre el chaleco y la espalda a través del espacio lateral para los brazos. En principio no tocó carne, pero al chocar en un ángulo tan abierto en el interior del chaleco, se desvió lo suficiente para hacer un arañazo profundo en el costado derecho de la espalda para acabar incrustado en el lado interno-derecho del chaleco. No era mortal pero el jodido dolía de $%&/, vaya mierda.

Pese a todo logró apretar los dientes y abatir al objetivo que estaba en su sector, para lo que necesitó seis disparos. Algo que luego, tras el briefing posterior, le hizo pagar una ronda de cervezas. Aun así logró colocarle los dos taponazos reglamentarios en el pecho y el tercero en la cabeza.

[align=center]***[/align]

Tras chequear toda la casa y con un gesto de asentimiento entre ellos realizó la llamada.

- Pittbull a Camada.
- Adelante Pittbull, aquí Camada.
- Objetivo neutralizado. Equipo sin novedad, personal de inteligencia puede acceder, solicito extracción.
- Buen trabajo Pittbull, personal y extracción en camino.
- Recibido.

$%&ª como duele la $%&ª espalda, también es casualidad.

- ¿Todo bien jefe?

Miró a su compañero, eran las primeras palabras que vocalizaban directamente entre ellos en horas,aun así con voz tranquila contestó.

- Todo bien hermano.

Chocaron los puños, así como con los otros dos integrantes del equipo. La mirada que se dirigieron desde sus cubiertas cabezas era clara, orgullo, alegría de estar todos bien, confianza y sobre todo la mirada de "somos hermanos y lo hemos vuelto a conseguir".

- Todo perfecto.
- Ta.
- Ta.
- Pero pagas cerveza.
- Ta.

[align=right]¿Continuará?[/align]

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NotaPublicado: 22 Jul 2011 09:44 
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nube_negra escribió:
No quiero cascarle el post al Maestro Cecilio. Pongo aquí mi relato y aprovecho para solicitar a los moderadores un apartado apropiado. Propongo, que no he localizado algo similar en el foro.

Mi compañero abrocha el último “click” de mi chaleco. Mientras tenso las cintas laterales para ajustarlo soy consciente de su peso y repaso: las placas van puestas (fijo), meto las solapas de los portacargadores dentro de ellos y coloco los cargadores dentro, compruebo que van cargados con munición especial antirebote, compruebo que han quedado listos para sacarlos y ponerlos en mi HK sin tener que girarlos, tenso las gomas para que no se caigan, coloco los cargadores de mi P9 en el lado izquierdo listos para su uso (“sin giros, siempre sin giros ni movidas chungas”, como dice el Jefe), la radio encendida y comprobada, ajusto el auricular y el micro, el tubito de la camelback se empeña en soltarse. Ya no se suelta, tira de velcro al canto. En la bolsa de la cintura compruebo que va la batería de repuesto, más luces química, más bridas de electricista, 1 cargador de fusil con munición ordinaria, silbato, luz estroboscópica, granada aturdidora, ….. Diosssss, la de cosas que caben aquí.

Ahora cojo mi pistola, corredera atrás, coloco con cuidado un cartucho en la recámara y la cierro despacio, presionando para que se acerroje (“nunca golpes tu arma”, como dice el Jefe). Sujeto el martillo con mis dedos mientras presiono la palanca de desamartillado y lo acompaño; compruebo que queda en reposo y separado del percutor (“el martillo, me lo acompañáis siempre, que no golpee que no me fio de los belgas”, como dice el Jefe). No pongo el seguro que para eso me han enseñado a trabajar en doble acción. El arma en su funda de pierna, asegurada. La muevo, no se cae.

Me agacho por mi fusil y mientras lo cojo veo a mi pareja manipular su escopeta Fabarn SDASS, cargándola, ajustándosela,…… Recuerdo al Jefe cuando nos enseñaba a alimentarla, a disparar en doble secuencia, a recargar de modo táctico,…

Mi HK está con el cierre atrás, introduzco un cartucho en la recámara y cierro y bloqueo. El arma tiene puesto el seguro, ahora le pongo el cargador. Compruebo que el seguro lo puedo quitar y poner con el pulgar y el índice, el Jefe me mira y sonríe. Me siento seguro. Es como si me dijera: “lo sabes hacer, verás”. El siempre sonríe.

Mi correa de un punto rodea mi cuerpo cruzada para que mi fusil caiga al lado contrario a mi pistola. Perfecto, no ajusto nada. El Jefe se acerca y me ajusta la correa por detrás para que no se cruce sobre el salvavidas. Ahora comprueba que el salvavidas no lo tengo activado automático por el helicóptero. Sonríe mientras me da una palmada en el hombro.

En el helo están Mono y Chicano colocando la estacha para el descenso en fast-rope sobre el objetivo. Comprueba que el montaje es correcto; debería haberlo hecho él, pero él siempre dice que cuando uno es un inútil manifiesto para algo lo debe hacer otro (“a mí se me sueltan siempre los cordones de los zapatos”, dice siempre el Jefe cuando hay una cuerda cerca).

Nos reúne y nos comprueba en chaleco salvavidas y la correa portafusa a cada uno, hasta a los que se quedan en apoyo en el helo. Una collejita a Lince para que coloque bien un cargador. “Aseguramos el fusil”, y todos los que intervenimos lo llevamos al costado y lo sujetamos con una banda con “click” al costado. Ya no se mueve. Y empieza a repasar la secuencia de la acción mientras sonríe, parece que nada le preocupa.

El Comandante del buque y el helicóptero aparecen en cubierta mientras probamos las linternas, encendemos los holográficos, comprobamos que llevamos los visores nocturnos y que funcionan, tenemos enlace radio entre nosotros y con el barco,……. Arranca el helo. A la señal embarcamos en orden inverso al del descenso, sentados, asegurados. Ahora el Jefe no sonríe, el miedo a volar. No puede con el.

Despegamos y empezamos en vuelo. Vemos la fragata hacerse pequeña y el mercante objetivo a lo lejos. Retrocedemos en el vuelo y nos acercamos al agua, para desaparecer de su vista. En mis cascos oigo al Jefe hablar con el tirador, está en posición, empieza a ver el buque y le va identificando detalles; todos lo oímos.

Señal de 5 minutos, vamos lanzados a ras del agua. Veo la mano del Jefe marcando el “5” delante de todos, codazos entre nosotros para avisarnos. Veo la señal de “2” minutos, ufff, ahora noto la boca seca. Recuerdo al Jefe diciéndonos “cuando vas pal freago se te seca la boca, te puedes pegar una mañana entera sin necesitar beber”. Señal de “1” minuto, el helo parece que acelera y empieza a ascender. No sé ni lo que oigo por la radio.

Vertical sobre el punto de inserción y se abre la puerta, Mono empuja la estacha y cae. El Jefe resucita y hace la señal: Negro desciende, Mono desciende, Cobra, yo, Bicho, el Jefe,…En la cubierta veo a la pareja anterior colocada y me acerco a la espalda de mi compañero que está agachado, le toco y cubro mi sector. A mi lado aparecen Bicho y el Jefe; mira a su alrededor y comprueba que todos estamos en el sitio: uno en pie y el otro agachado delante (“así metemos mucha gente en poco sitio”, como dice el Jefe).

Le oigo, “asegurado, nos movemos”. Mono y su Equipo se separa del grupo del Jefe a la vez que nos lanzamos a nuestros objetivos. Detrás del Jefe volamos por la cubierta a las escaleras exteriores, y empezamos a subir. La retaguardia es mía. Llegamos al puente, Chicano nos dice que no hay movimientos mientras subimos, desde el visor de su Accuracy lo ve perfectamente. Mi pareja y yo pasamos a vigilar el costado que no se ve desde el barco. “En posición” para el Jefe, y el Equipo que asalta el puente entra. Oigo los gritos, “puente asegurado. Avanzar”. Nos acercamos por ese costado al puente, avisamos para entrar. Nos repartimos en los lados y vigilamos el exterior por parejas mientras se reduce a los 3 tripulantes. El Jefe le dice en “su” inglés al supuesto capitán que pare el barco. La velocidad se reduce. Mono avisa que tiene a la gente reunida, pero que faltan 2. El capitán dice que no sabe dónde están. Mono dice que ha encontrado una pistola. El capitán no sabe nada. Informamos al barco. A buscarlos.

Nos mira. Vamos 4. “Con cuidado, lobitos”, dice el Jefe mientras sonríe. Se me ha quitado la sensación de inquietud. Salimos y avanzamos siguiendo el recorrido planeado por él en el plano del barco. Acceso al interior, informamos y entramos. El pasillo es estrecho, escopeta, yo, fusil y fusil, todos en silencio. Escalera que desciende, nos aproximamos 2, observamos, escuchamos, señal y descienden uno detrás de otro. Señal de seguridad y descendemos los demás. Soy retaguardia. Seguimos avanzando despacio. Intentamos enlace con el Jefe, nada. “Pues buscas un jodido teléfono, un barco tiene tela de ellos”, como dice el Jefe. Un teléfono, llamamos al puente, oímos al Jefe, “cubierta tal, no hay novedad”. “Seguid, lobitos”. Avanzamos otra vez.

De pronto, veo a nuestra retaguardia una sombra que se mueve. Aviso a los chicos, alto. La culata de mi fusil se clava en mi hombro a la vez que se eleva el arma, se apoya en mi mejilla a la vez que pego los codos al costado, lo aprieto contra mí, mi pulgar quita el seguro, miro por el holográfico y localizo la amenaza. Las palabras del Jefe una vez más: “la posición es la de un boxeador cubriéndose, los pies a la altura de los hombros, uno un poco más adelantado que el otro, los codos pegados a los costados, ahora en los puños pones un fusil y lo sujetas con fuerza”.

Veo un hombre moviéndose con rapidez por el pasillo hacia nosotros mientras mi compañero se apoya contra mí. Gritos de alto, un fogonazo enfrente. Respondo. Disparo-disparo, disparo-disparo, disparo-disparo, lo veo que se tambalea pero avanza, oigo a mi lado la escopeta disparar 2 veces. Ya no avanza. Está en el suelo. Veo el arma de mi compañero hacia el frente y sus manos sacar rápidos 2 cartuchos uno tras otro y meterlos en el depósito del arma. Un codazo y avanzamos. Aparto un revolver con el pie mientras mi compañero me cubre, un dedo en el ojo del fiambre (“está muerto, eso no lo aguanta ni Dios”, como dice el Jefe), registro el cuerpo. Bridas en las manos. Avisamos al puente y seguimos de nuevo.

Bajamos de nuevo una cubierta y otra más. Otro pasillo. Al girar una esquina nos lanzan algo, una botella, luego un disparo seguido de otro. Una pareja a por el capullo de la botella que se esconde detrás de unas cajas en una esquina. Mi colega y yo respondemos al fuego por proximidad. Disparos en doble-tap, siento que el cargador se acaba por ese golpecito que da el cierre atrás al quedar retenido. Mi índice abandona el disparador y empuja la palanca de retenida del cargador con ese truco que nos enseñó el Jefe a la vez que saco un cargador nuevo y lo coloco, tiro del cierre y repito 2 disparos. (“Lo veis tíos, no se tarda nada así”, como dice el Jefe). Ya no hay disparos, el que sea está en un hueco, chungo, estrecho. Mi compañero recarga con el arma al frente a gran velocidad, que bien se lo aprendió.

Pues hay que ir a ver, voy yo que soy más escurrido. Transición a arma corta, “que no me soltéis el fusil, puñeteros, que hagáis el cambio de una a otra, así siempre tienes un arma a mano”, como dice el Jefe. Mi mano izquierda lleva el fusil al costado de ese lado, muy atrás; al soltarlo se queda allí y no se me pone por delante. Al tiempo, mi mano derecha sujeta la pistola, desbloquea la seguridad y la extraigo de la funda girándola hacia el frente. La elevo pegadita a mi cuerpo y la llevo al frente, “es como si pegases una palmada con la pistola en la mano izquierda, los cuatro dedos rodean los dedos de tu mano derecha y el pulgar se pega a la corredera del arma, terminas de dirigirla al frente y buscas tu blanco”, como dice el Jefe.

Me acerco al hueco y veo un hombre recostado. Un poco más y veo que se empieza a mover. Doble-tap, doble-tap, doble-tap,…., hasta que se queda quieto. “Si disparas al avanzar, no paras de hacerlo hasta que cae el otro”, como dice el Jefe. Otra vez al teléfono, como siempre.

Terminamos la búsqueda. No hay nada. Salimos al mundo exterior. Oigo al Jefe dar el barco como seguro por la radio. Ahora llegarán los chicos de azul y dispondrán lo que sea del barco y su gente.

Fuera del puente espera el Jefe. “Todo bien”. Sí, Jefe, le contesto. Su mano en mi hombro me quita un peso de encima. Un par de palmadas cariñosas en el cuello. “Comprueba tu arma y a esperar”.

No seais malos conmigo.

Vigilad y cuidaros donde os halléis. Un saludo.

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NotaPublicado: 22 Jul 2011 09:47 
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Cecilio Andrade escribió:
Quizá no sea un lugar muy adecuado para contar cuentos, considerando que solemos hacerlo para entretener o educar a niños pequeños .

Seguramente alguno sonreirá con la comisura de la boca, mirará al suelo moviendo la cabeza de un lado a otro, pensando que ya me vale, que vaya manera de hacer perder el tiempo. Pero, ¿qué queréis?, algunos somos así.

Ahí os suelto eso, desearía que disfrutarais de la lectura, y si consigo que veáis algo más que un cuento para niños para mi sería un enorme triunfo, pero aun así…

Un moderno cuento Zen.

Un joven y jactancioso tirador deportivo, tras ganar varias competiciones, discutía que el podía superar al mejor de los francotiradores, y retó a un maduro francotirador reconocido por su destreza y precisión.

Decidieron que el reto se desarrollaría en dos tiradas de dos disparos por tirador, en cada una de las cuales, cada uno marcaría las condiciones de la tirada.

El joven demostró una notable técnica en el ejercicio por él marcado, cuando acertó en el centro de un blanco a 550 m. en el primer disparo. Y colocando su segundo a apenas 3.5 cm.

– Ahí lo tienes – le dijo al francotirador - ¡a ver si por lo menos puedes igualar eso!

Sin inmutarse, el francotirador hizo sus disparos. Estos quedaron a 2.5 cm. por encima y 3 cm. a la derecha del centro del blanco, y con una dispersión de 6 cm.

Siguiendo inmutable frente a la sonrisa irónica de su contrincante, le invitó a que le siguiera.

Con una curiosidad creciente sobre las intenciones del francotirador, el campeón lo siguió hacia lo alto del talud que bordeaba el campo de tiro. Una vez allí el francotirador descendió con sumo cuidado hasta un estrecho escalón, de apenas 30 cm. de ancho, situado a algo más de 25 m. de altura del suelo, y a 350 m. del blanco.

En el precario equilibrio del escalón, de pie y con una tranquilidad absoluta, en medio del estrecho y ciertamente peligroso escalón, el francotirador apuntó su fusil, y realizó un disparo limpio y preciso en el centro del blanco. Su segundo disparo se abrió 2.5 cm. a la derecha.

– Ahora es su turno – dijo el francotirador tras subir de nuevo a lo alto del talud.

Contemplando con aprensión el aparentemente liso talud, el campeón no pudo obligarse a bajar al escalón, y menos aún a ejecutar el tiro.

– Tienes mucha habilidad con el fusil – dijo el francotirador – pero tienes tan poca habilidad con tu mente que siempre te hará errar el tiro.

Y colorín colorado…

P.D.: ¿Podéis decirme algo de lo que se os pasa por la cabeza al leer este cuento? Por favor.

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NotaPublicado: 22 Jul 2011 09:52 
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Cecilio Andrade escribió:
En referencia a una de las historias que buscaban constatar los cazadores de mitos que envió corocota2 voy a intentar escribir el relato de una de las acciones del francotirador de los Marines, Sargento “Gunny” Carlos Hathcock III.


Una de las muchas bases de fuego estaba siendo hostigada por un muy eficaz francotirador del Vietcong armado con un Mosin-Nagant. El resultado, varios norteamericanos muertos y una base casi paralizada.

Por ello se decidió que Hathcock y su observador Burque tomaran cartas en el asunto y eliminaran al francotirador.

Un poco después del mediodía habían comenzado a ascender a lo alto de una cota que dominaba la base de fuego y sus accesos, posicionándose en la cresta militar, la zona anterior al punto más alto, desde donde podía ver sin resaltar sobre el horizonte.

Tras un chequeo exhaustivo de la zona, observaron unos pájaros picoteando y escarbando entre las hojas y la hierba, un poco más arriba, en las ramas bajas, otras aves estaban a la expectativa y abajo, en un arroyo, se reunían más pájaros.

Un poco extrañado de una acumulación tan poco natural, Hathcock echó un vistazo más despacio con los binoculares y descubrió que era lo que atraía a tantas aves: arroz.

Habían esparcido arroz, y los pájaros atraídos por la comida, formaban una barrera a modo de sistema natural de alerta que avisaría al francotirador comunista de la llegada de un intruso. Ese hombre merecía respeto.

Cerca del arroyo Hathcock arrojó un palo contra las aves. El repentino bullir y batir de alas que huían hacia las ramas más altas del bosque alertaron al hombre tras su fusil Mosin-Nagant. Algún animal podía haber provocado esa desbandada, pero evidentemente también podía haberlo hecho un hombre.

Los dos Marines se introdujeron entre la vegetación del arroyo de una forma aparentemente descuidada, tras lo que se echaron cuerpo a tierra y reptaron silenciosamente cuesta arriba en dirección al supuesto escondite del tirador enemigo.

El ruido de los marines en la zona del arroyo indicó al vietnamita que su presa había salido de su zona de muerte. Quizás frustrado subió la cota y estudió la zona en la que habían estado los norteamericanos. Tras ello examinó en dirección contraria, al sector de tiro que los yanquis habían cubierto, y la verdad parecía muy bueno.

Mientras ocurría todo esto, los marines habían avanzado poco a poco a través del monte bajo hasta donde la cresta militar opuesta, en el extremo contrario de su anterior sector de tiro y vigilancia.

Hathcock, después de buscar cualquier escondite posible y no encontrarlo, estaba aun así seguro que debía ser allí.

En aquella posición, cuerpo a tierra, sólo podía ver el ángulo frontal que presentaban un tronco podrido y una roca. Pero era allí, seguro.

A la izquierda había un árbol enorme que le ofrecía suficiente cobertura para incorporarse, sentarse y, quizá, mirar por encima de la roca y el tronco.

Apoyándose al árbol con la izquierda y con el fusil en la derecha, empezó a sentarse. Tenía la intención de apuntar el visor de su fusil hacia el punto que habían ocupado anteriormente ellos, para ver si su adversario lo estaba utilizando.

Hathcock estaba casi acomodado, iba a cruzar las piernas cuando el terreno cedió bajo sus botas y resbaló al suelo con un estruendo demasiado audible para la supervivencia.

El soldado vietnamita echó un vistazo por su telescopio y pudo ver el repentino movimiento del marine caído. Tenía a Hathcock en su visor. Dio un gatillazo demasiado precipitado de su fusil Mosin-Nagant, resultando un disparo bajo y desviado a la derecha.

El resbalón, el estampido del disparo de fusil y, quizás, el coraje de haber cometido un error de principiante, inyectó la adrenalina en todo el organismo de Hathcock.

Alzó el fusil centrando la cruz filar del visor en el tronco tras el que creía que se ocultaba el vietnamita, descubrió la sombra verdosa de su adversario desaparecer entre la maleza que le rodeaba.

"iMierda!".

“Por que poco”. Esto tanto por el fallo del vietnamita como por su lentitud en lograr encararlo con su arma.

Los dos marines podían oír el ruido de ramas rompiéndose y golpeando al paso de su enemigo a través de la vegetación.

Ambos se pusieron en pie y corrieron por la cima de una cota que descendía hasta la linde de un bosque, donde vieron una cañada erosionada, arrasada y quebrada por las lluvias, que parecía una vía de escape perfecta para el vietnamita.

"Al suelo", dijo a Burke.

Ambos hombres empezaban a reptar por la linde del bosque, cerca de la cima de la cota.

Estaba seguro que “charlie” estaría en la cañada.

Cuerpo a tierra Burke observó la cañada en toda su longitud con los binoculares, mientras que Hathcock permanecía tras su Winchester, buscando el menor indicio que delatase la posición exacta de su blanco.

Chequearon la cañada durante más de una hora sin descubrir la más mínima señal delatora. A pesar de todo Hathcock estaba convencido de que su presa no había huido, que estaba oculto y estaba esperándoles.

El francotirador vietnamita seguro que estaría observando cada tronco de árbol de la cercana linde del bosque. Sería entonces cuando al enfocar sus binoculares en la cima de la cota, donde los árboles se fundían en la cresta, algo atraería su atención.

El menudo guerrillero cerraría los ojos un instante para dejarlos descansar y borrar imágenes fantasmas residuales, y volvería a mirar por los binoculares, buscando detectar algo revelador a través de los rayos del sol, cada vez más bajo.

"Creo que te he encontrado, mi joven yanqui." Pudo pensar, quizás.

En un movimiento suave y controlado, el francotirador vietnamita levantaría su fusil, apoyándolo contra el hombro, firme en la mano izquierda, apoyada sobre el codo en el suelo, sobre la zanja que lo disimulaba.

Se concentraría en el punto interior del visor, pero su blanco se le escapó por culpa del fulgor del sol, lo que le obligaría a inclinar un poco el arma en su intento de centrar al marine en su aparato de puntería y alcanzarlo.

"¿Qué ha sido eso?"

Pensó Hathcock al ver un reflejo delator en la cañada a través de su visor.

Lo más precisa y cuidadosamente que le fue posible, Hathcock centró la reticula de su visor en el punto de donde salió el destello. En realidad seguía sin ver nada discernible.

Contuvo la respiración dejando que la cruz filar cayese centrada de forma natural en lo que el creía que sería el blanco. En el exacto momento que el destello volvió a surgir su Winchester .30-06 dejó volar un proyectil, produciendo un enorme y repetido eco entre la cañada y cotas de la zona.

- "iSanta Custodia, sargento Hathcock! ¡Le has dado!", - exclamó él mismo Hathcock al ver que el punto irreconocible de donde había salido el destello se convertía en un hombre muerto, cayendo hacia el fondo de la cañada tras ser alcanzado por su bala.

Soltó aire mirando a su compañero

"Un disparo, una baja."

Burke llegó antes al cuerpo.

"Esto hay que verlo para creerlo Carlos. Mira, le has metido la bala directamente a través del visor."

Hathcock tomó el fusil de precisión Mosin-Nagant de fabricación soviética, el visor telescópico era un tubo hueco, el vidrio de los lentes y prismas internos habían reventado antes de que la bala entrase en la cabeza de! vietnamita a través de su ojo derecho.

"Burke, estoy pensando algo muy feo. Ese tío tenía que estar apuntándome directamente a mi propio visor, para que mi bala pasase limpiamente a través del suyo y le diese de esta forma. La única diferencia entre su situación y la mía, es que yo apreté el gatillo antes."

Con la última luz del día, Hathcock sentado junto al cadáver marcó su posición exacta en el mapa.

En cuanto al fusil, con el visor sin lentes y la culata ensangrentada, los llevó de regreso a la base, para recordarle lo cuan cerca había estado de perder este duelo tan especial.

Esta es una de las historias de este gran hombre, magnífico soldado y leyenda de francotiradores.



Espero que os haya gustado.

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NotaPublicado: 22 Jul 2011 09:55 
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Cecilio Andrade escribió:
Vietnam, febrero de 1967, Valle de Duc Pho.

El sargento Hathcock del USMC debe proteger el flanco de una misión que se desarrolla en el valle.

Para ello instala en su puesto de tiro su nueva arma: una ametralladora Browning H2 de 12,70x99 mm sobre la cual ha montado una óptica Unertl 8 X.

Le ha dado muchas vueltas, no es lo mejor pero quizás pueda demostrar algo.

Estudió los fusiles Boys de 15.5 mm. británicos que las unidades australianas han traído consigo. No le ha convencido.

También ha podido leer informes sobre ese fusil heredado de la IIGM y recamarado al .50, el .50 PZB.

En Fort Bliss, el Coronel Franquea Conway había modificado un PZB 39 alemán adaptándole un cañón de calibre .50. Le colocó un bípode muy adelantado, un freno de boca y un visor 3x también alemán. Con ese conjunto lograron alcanzar con precisión a 1280 metros.

Con el visor ART 4-12x pudieron llegar a los 1800 m.

Por lo visto estaban en camino a Vietnam una pequeña cantidad con visor 6-18x Redfield, para testarlos en operaciones, pero eso fue hace seis meses, y aun no habían sido entregados.

Mientras tanto habría que conformarse con el “engendro”.

Lo más difícil a sido encontrar y preparar munición, munición de .50 había toneladas, la cantidad no era el problema. La calidad, ese es el verdadero handicat, pero con paciencia, amigos y favores todo se saca adelante.

El observador señala un Vietcong a 2.300 m.

Hathcock hace sus cálculos.

Corrección por distancia.

Viento, dirección y velocidad aquí, en aquella salida de vaguada parece más fuerte y transversal, el blanco esta al descubierto en llano con brisa ligera.

Está ligeramente por debajo de la posición de Hathcock, inapreciable quizás.

Se mueve, esperar...

Apuntar...

Presionar lenta y firmemente el resorte de disparo.

Los casi 80 kilos del conjunto arma-afuste-visor pareció saltar a pesar de su propio peso y de los sacos terreros con los que lastraron las patas del trípode.

Tras el disparo Hathcock luchó por recuperar la imagen del visor, lo logró.

A casi dos segundos de vuelo de la bala, en su visor apareció un cono fantasmal de aire más denso, una especie de espiral muy aguda, que avanzaba a encontrar su objetivo, si los cálculos habían sido correctos.

Tres segundos, el tiempo que tarda el proyectil en recorrer la distancia al objetivo, pueden ser muy largos según lo que esperemos de ellos.

Esos tres segundos más tarde, oye a su observador.

“¡Le has dado!”.

Lo había visto, no le hacía falta esa confirmación, pero le sirvió como válvula de escape del aire que retenía inconscientemente en los pulmones.

Le había dado.

“Vamos a por otro”.

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NotaPublicado: 22 Jul 2011 09:56 
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Cecilio Andrade escribió:
- Bailarín 1 y 2 aquí Kilo-1-1 ¿Interrogo situación? Cambio.

- Bailarín 1 en posición y listo.

- Bailarín 2 en posición y listo.

- Kilo-1-1 recibido.

Perfecto, con los francotiradores en posición ya podía moverse el equipo de asalto.

- Eco Alfa aquí Kilo-1-1. Cambio.

- Eco Alfa.

- Proceda Eco Alfa.

- Eco Alfa.

Casero en el centro de la formación en serpiente dio la orden de avanzar.

Los seis hombres habían recibido instrucciones concretas y precisas para el asalto, y el resto de la sección de apoyarlos en caso de ser necesario.

El Cabo Lugo, en cabeza, avanzó hasta la puerta seleccionada como punto de acceso.

Al llegar frente a ella soltó su H&K G36E dejándolo colgar de la correa, mientras sacaba el explosivo ya preparado de la bolsa porta-máscara NBQ atada a su pierna, y que ahora tenía esta nueva utilidad.

Adosó el explosivo a la puerta y hundió el cebo eléctrico, tras lo cual retrocedió tres metros pegado a la pared.

Miró al Cabo 1° con el detonador eléctrico en la mano izquierda y el fusil apuntando al suelo y listo en la derecha.

Casero chequeó a sus hombres, en una última comprobación, y bajando la cabeza con fuerza dio la señal a Lugo…

- “¡¡¡Ahora!!!”.

La puerta fue cortada de sus bisagras y cerradura limpiamente, lanzando la hoja al interior.

Los dos primeros hombres, los legionarios Cuervo y Barrio, desaparecieron al instante por la humareda de la entrada, con Casero y el legionario Guevara detrás, y Lugo y el legionario Ramos pegados a sus espaldas.

La 1ª estancia estaba vacía.

Tras asegurarla Barrio y Cuervo, los otros cuatro se situaron junto a la entrada de la estancia contigua, sin hablar pero informando de forma clara con su actitud y posición.

Casero cruzó la puerta en tan solo dos pasos al frente de los dos binomios restantes.

“¡Ahí están!” pensó mientras cruzaba el umbral.

Tres blancos y cuatro civiles.

- ¡Al suelo!

Grito para los civiles, los “otros” no lo harían.

Casero encaró su G-36 en un movimiento vertical perfecto y preciso, haciendo dos disparos a la cabeza del enemigo más a la izquierda, en el centro del rostro.

Prácticamente solo se escucharon dos estampidos de la simultaneidad con la que fueron realizados por las cuatro armas del equipo entrante.

- ¡¡Asegurad la zona!! - Ordenó a su equipo.

- No se muevan, quedense en el suelo.

Ordenaron Ramos y Lugo a los aterrorizados civiles.

No se moverían, apenas lograban respirar del miedo.

Mientras retiraban las armas enemigas y encintaban tanto las manos de los enemigos abatidos (despues de todos ellos no eran médicos, otros vendrían a confirmar los fallecimientos) como de los civiles, sabían que Casero y Guevara no perdían de vista a unos ni a otros.

- “¡Limpio y asegurado!”

Comunicó Rámos.

- “¡Limpio y asegurado!”

Informó Lugo unos segundos más tarde.

Todos los blancos enemigos estaban abatidos de sendos disparos en la cabeza.

Civiles y blancos atados y asegurados.

Había transcurrido un minuto y doce segundos desde la voladura de la puerta.

Contaban con más bajas, tanto propias como civiles.

El tiempo programado para el asalto propiamente era de 15 segundos, y el total de un minuto y treinta segundos.

- Kilo 1-1 aquí Eco Alfa. Cambio.

- Adelante Eco Alfa.

- Objetivo asegurado. Cambio.

- Informe de bajas, Eco Alfa.

- Tres blancos abatidos, rehenes seguros, bajas propias cero. Cambio.

- Recibo tres blancos abatidos, rehenes seguros, bajas propias cero. ¿Es afirmativo? Cambio.

- Afirmo. Cambio.

- Bien hecho Eco Alfa.

- Eco Alfa.

“Si, la verdad es que estaba bien hecho, muy bien hecho”.

O algo similar pensaba mientras observaba a sus hombres.

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NotaPublicado: 22 Jul 2011 09:58 
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Cecilio Andrade escribió:
Solo dos...

--No puede ser, no puede existir alguien tan estúpido.
Miraba a través de su visor, y no daba crédito a sus ojos, eran patitos de feria.
Informó a su observador para que también disparará inmediatamente que él lo hiciese. Debían barrer la columna desde los extremos hacia el centro.
Colocó el visor sobre aquel pobre imbécil que iba a la cabeza, pistola al cinto, prismáticos, correaje de cuero tipo “Pancho Villa”, daba órdenes todo el tiempo, movía los brazos exageradamente, y los demás lo miraban con reverencia y temor...si, solo era eso, un pobre estúpido... muerto.
Y pensar que una hora antes ... ...



-- ¡Dios, que calor!
Una gota de sudor resbaló desde su barbilla hasta caer en el plano que estaba estudiando...
-- Dos días aquí, con este puñetero calor, para nada, igual que el mes anterior – pensaba mientras seguía con el dedo la línea del valle.
Tenía motivos para maldecir, aunque su personalidad impedía que los pensamientos salieran al exterior, ya bastante mierda había como para que la revolviera más.
En su ejército, el arte, o la ciencia, o la pérdida de tiempo y medios, según quien lo comentara, del francotirador casi era algo anecdótico. Tras años de fomentar estimular a los mejores tiradores, de forma negligente las fuerzas armadas habían condenado a estos especialistas al ostracismo. Tras no pocos esfuerzos los estaban reactivando, algunos oficiales estaban ansiosos de ver lo que los tiradores de elite eran realmente capaces de hacer, o de “no hacer”, pensaban la mayor parte . ¿Consecuencia? Su observador y él en el culo del mundo, en mitad de ninguna parte, con las mismas posibilidades de demostrar algo como de llegar a ser sultán de Arabia.
-- ¡Mierda!
Donde los habían enviado era imposible localizar ningún objetivo rentable, salvo que los muhaidines de marras, de repente, se hubiesen vuelto deficientes mentales. Y tras lo visto el último mes, los únicos deficientes que parecía haber cerca eran sus oficiales S2, que quizás no fuesen tan malos objetivos a considerar. Más vale que olvidara esos sueños felices y volviera al mundo real.
-- Veamos...
Su zona de “caza” estaba sobre un valle, a apenas 35 kilómetros de base. Desde donde se encontraba, cuerpo a tierra y perfectamente enmascarado, podía ver las ruinas de una aldea.
Los legionarios del 3er Tercio conocían esta zona como El Valle de los Camellos. La verdad es que la historia era curiosa, además de representativa de la gran capacidad logística de la que aún disponían los talibanes, haciendo uso de su enorme conocimiento de los secretos de su gran país para joderles.
La historia surgió después de una acción nocturna de fuego de un AC-130 Spectre, en mayo del 2006, contra un convoy de abastecimientos. Al amanecer enviaron una unidad ranger para evaluar los restos del convoy. Cadáveres humanos hallaron pocos, por lo menos enteros, se los llevan siempre, pero lo asombroso, y lo que dio el nombre extraoficial al valle, fueron los cadáveres de noventa y un camellos que no pudieron llevarse. Poco importaba que en realidad la mayoría fueran dromedarios y no camellos, el nombre cuajó.
En fin... volvamos al asunto, la cabeza después de tanto tiempo sin acción tiende a perderse, ¡jodidos capullos de S2! ... ...



-- La niebla cubre casi todo el valle. Perfecto, podremos ganar un tiempo precioso.- El joven jefe talibán estaba eufórico.
Había decidido cruzar a lo largo del valle, de esa forma podrían avanzar mucho más rápido que caminando a través los profundos cañones y barrancos. Su comandante le había insistido en la necesidad de refuerzos inmediatos. El grupo insurgente local había sido muy duramente machacado desde que el convoy de suministros fue aniquilado.
La verdad es que su orden fue en contra de la opinión de sus hombres más veteranos, ¿pero que sabían ellos? Si tan solo eran unos simples cultivadores de opio sin estudios ni cultura, ascendidos por un estúpido principio basada en años de servicio, y supervivencia en combate, quien sabe si no fuese incluso por esconderse mientras sus hermanos morían por Ala.
De todas formas, por mucha experiencia de campo que pensaran poseer, ¿de verdad creían que podían enseñarle algo a un oficial salido del corazón mismo de la lucha, de la misma mano de Bin Laden?
Después de tanto tiempo en combate acaban acobardándose, pensando que los occidentales eran omnipresentes. Cuando llegaran a su destino les impondría unas cuantas sesiones de doctrina y penitencia, necesitaban recuperar el arrojo y espíritu de Ala. Acabaría demostrándoles quien era su nuevo líder.
Miró a sus hombres mientras avanzaban a buen paso en silencio.
Acababan de terminar su instrucción y adoctrinamiento, uniformes y cascos no llevaban, pero si armas brillantes y aceitadas.
Eran muy jóvenes, de 16 a 21 años, la mejor edad para morir por Ala. Y tras toda su corta vida escolar bajo el ideal del Corán, ahora marchaban siguiendo la llamada de la Guerra Santa, de la Jihad liberadora. Marchaban orgullosos y llenos de exaltación, la primera gran aventura de sus vidas.
La verdad era que él, líder del grupo, no era mucho mayor que sus hombres, y, en lo más profundo y oculto de su autosuficiencia, apenas tenía algo mas de experiencia que ellos. Y que decir del puñado de jefes que lo acompañaban, salvo los tres o cuatro veteranos que le obligaron a admitir.
En fin, ya les quitaría sus vicios decadentes de veteranos. Ajustó su pistolera de forma ostentosa, sus hombres debían ver su estatus, solo los jefes podían llevar pistolas, era un símbolo ... ...



No podía ser verdad, no podían creerlo...
... era imposible que aquel grupo de cabezas de trapo estuvieran salieron de la niebla...
... caminando tranquilamente por el centro del valle...
... como en una marcha de boys scouts.
Calma…
... espera...
...controla la respiración…
... minimiza el pulso…
... KAA-PANG!!!!



El orgulloso líder cae muerto al frente del grupo con la rostro atravesado, ya ha conseguido sus huríes. Durante un instante, enorme e infinito, los jóvenes soldados de Alá se quedan inmóviles, no es posible que su líder esté muerto ... KAA-PANG!!!!
El veterano que controlaba el final de la columna cayó al suelo, con el pecho destrozado… KAA-PANG!!!!
Otro de los que usa pistola cae muerto…
En ese instante, uno de los veteranos aulló, más que gritar, consiguiendo que todos, como un solo cuerpo, saltaran hacia la protección más cercana.
Tenían tres alternativas, al frente, a algo más de 1000 metros, la protección del laberinto de cañadas y barrancos, detrás, a otro kilómetro, unas chozas de piedra y paja abandonadas de un antiguo pueblo. Demasiada distancia para correr al descubierto. A unos 30 metros, paralelo a la columna, discurría un antiguo muro de piedra de unos 100 metros de largo. Era lo mejor dada la situación, aunque eso significara quedar clavados en el centro de un valle sin la más mínima protección en un kilómetro a la redonda, y con unos asesinos infieles, expertos y cobardes en alguna parte.
Cada disparo significaba un hombre caído, el siguiente podía ser cualquiera, todos sentían una cruz invisible, como la de la imagen idólatra del díos al que rezaban los occidentales, sobre su pecho mientras corrían los eternos 30 metros que llevaban a la seguridad del muro.
30 metros que podían haber sido 30 kilómetros: El tiempo parecía estirarse como una goma elástica, la distancia aumentaba en lugar de disminuir, el muro parecía a cada paso más lejano y diminuto, cada paso significaba un esfuerzo brutal, como si corriesen dentro del agua.
Por fin alcanzaron el muro, que realmente parecía apenas una raya en el suelo para los aterrorizados adolescentes. Aquello no tenía nada que ver con las aventuras heroicas que les habían enseñado a desear toda su vida.
Durante unos minutos no se oyeron más disparos.
Todos rezaban. Rezaban para que los asesinos infieles hubieran tenido suficiente sangre esa mañana.
Lenta, infinitamente lento, un veterano asomó la …
… sangre, trozos de hueso, de vértebras… bañaron a los hombres protegidos en el muro. Un instante después llegaba el sonido del disparo,... KAA-PANG!!!! ¡¡desde una posición diferente!!
Doce hombres salieron, saltando sobre el muro, corriendo hacia el enemigo, o eso creían, y disparando sus AK47 desde la cadera, de una forma tal que sus instructores estarían orgullosos si pudieran verlos…
... dos únicos sobrevivientes trataron de regresar…
... no lo lograron.
Para un joven jefe de grupo aquello fue demasiado, presa del pánico huyó, abandonó a sus hombres, a su fe y a su honor. Pero no los dejó muy atrás, tras unos pasos en el suelo del valle, su columna fue atravesada por una bala inmisericorde.
Valor y cobardía... ¿había alguna salida a aquella pesadilla?... ...



Las horas pasaron lentamente, de la misma forma que parecía moverse todo en Afganistán, al ritmo lento y pausado de los camellos que daban nombre al valle.
Los francotiradores, a la sombra de las rocas, sufrían unos considerables 36 grados.
Pero los hombres atrapados tras el muro estaban muy por encima de los 40 grados, aunque eso era lo de menos si consideramos su situación emocional. Niños, apenas adolescentes, engañados por una religiosidad enfermiza de supuestos héroes del pueblo y pseudolibertadores, atrapados en un juego de gato y ratón al cual no veían salida.
El mando de la 3er Tercio, responsable de la zona, estaba ansioso por hacer su entrada en escena. Tenían una compañía con capacidad de helitransporte lista para lanzar. Pero el francotirador, jefe de la zona en ese momento, tenía la última palabra por una vez,
-- Todo bajo control. Sellen la zona --
Era la hora de demostrar algo.
Y lo haría, vaya si lo haría...



La segunda compañía desplegó cerrando todas las posibles rutas de escape desde el valle, nadie debía salir de la ratonera.
Pero ellos tampoco debían entrar todavía, tan solo sus morteros actuarían dentro de la Zona de Acción de Francotiradores, sus granadas más concretamente.
Para que arriesgar prematuramente las vidas preciosas de los legionarios en combates directos, dejemos que se desgasten y agoten, pensaron los jefes de unidad, cuando estén bien maduros... ya veremos, por ahora los están haciendo bien nuestros francotiradores, dejémoslos actuar.



Tras un día de inmovilidad absoluta, calló la noche, cubriendo el valle de oscuridad. Los muhaidines atrapados abandonaron el muro, caminaron agachados y en silencio hacia el grupo de cabañas a unos 1000 metros de donde estaban.
Una bengala iluminó el cielo y a ellos cuando apenas habían recorrido 100 metros. Y comenzó de nuevo aquel juego mortal de “tu la llevas”. Todas las bajas estaban produciéndose en la cabeza del grupo. Hasta que uno a uno primero, y luego el resto del grupo, desistió. Obligándoles a regresar sobre sus pasos al muro, dejando en aquella salida una decena de cuerpos.
El resto de la noche fue un carrusel de bengalas, sin disparos, que mantuvieron a los muhaidines inmóviles.
Mientras, los francotiradores dormían por turnos.



Segundo día... nada.
Los talibanes, con ya apenas eran algo más de 60 hombres, permanecieron inmóviles.
Solo se hicieron 3 disparos durante todo el día, y para recordarles que aun estaban allí.
La noche fue diferente.
Nubes bajas provocaron que las bengalas no iluminaran hasta haber atravesado la cubierta, permaneciendo tan solo unos segundos en el aire.
Pero esta vez los soldados de Ala tenían un plan… ...
-- Movimiento!!! Solicito fuego iluminante!!!
-- Iluminantes en camino!!!
Breves taponazos en la lejanía, los sirvientes de mortero estaban alertas y eran buenos, sabían que los necesitaban en segundos, y no fallaron.
Los pobres cabrones atrapados volvían a intentarlo, querían llegar a las cabañas. Aunque no todos, algunos habían tenido suficiente con lo de la noche anterior, por lo que parecía.
Dispararon de nuevo según la táctica ya conocida, y ... de repente...
-- ¡¡¡JoooDER!!!
En cuanto abrieron fuego sobre los cabezas de trapo, una lluvia de balas cayó sobre sus posiciones.
Lo que parecía la mitad cobarde de los muhaidines, se habían quedado en el muro para proporcionar fuego de cobertura a sus compañeros, buscando con sus armas los fogonazos de los francotiradores.
Daba igual, estaban bien posicionados, habían tenido mucho tiempo para buscar y prepararse para aquello, ... continuaron disparando con calma y causando bajas, pero esta vez,... el enemigo no retrocedía…
…el primer grupo se hecho al suelo, y abrieron fuego hacia la posición de los legionarios. La vieja táctica de fuego y movimiento... nadie dijo que fueran tontos.
Los francotiradores cambiaron de posición, desplazándose a una nueva desde donde los talibanes eran blancos mas fáciles. Tenían que ir casi directamente hacia las bocas de sus armas para llegar a las cabañas.
La lucha de voluntades fue de nuevo favorable a los legionarios, los muhaidines se dieron por vencidos y regresaron al muro... los que pudieron al menos.
Esa noche aun hubo otro intento inútil de romper el cerco.
Los legionarios se estaban quedando sin munición, increíble en un francotirador, y la partida tenía que terminar. Pero terminaría con un buen estilo, el estilo legionario, el estilo francotirador de La Legión, el que ellos habían devuelto a la vida.
Si señor, la espera y los esfuerzos habían valido la pena.
Despacio, lentamente, con calma, ocuparon nuevos puestos de tiro, permitiendo, a los talibanes el camino libre hacia mismas las cabañas que tan desesperadamente habían intentado alcanzar.



KAA-PANG!!!!
Amanecía el tercer día, el último set del juego comenzó sacando la pelota los legionarios.
Otro agotado soldado de Alá intentó localizar si sus verdugos seguían a la caza... y lo estaban.
Si, su cerebro repartido de forma equitativa sobre sus compañeros daba fe de ello.
Aquello ya fue demasiado, agotados y enloquecidos por el sueño, el calor, la sed, la tensión, el miedo, la incertidumbre, la imposibilidad de encontrar salidas seguras, y sobre todo la certeza de que les habían mentido.... todo ello hizo que aquellos pobres diablos salieran corriendo sin control hacia las ruinas.
Hasta entonces los disparos buscaban a los hombres de cabeza, tratando de hacerlos retroceder, y consiguiéndolo. Esta vez, las balas eliminaban a los rezagados, obligándolos a seguir avanzando.
Y ahí estaban, a su alcance, lo estaban logrando, los restos de adolescentes fanatizados logró entrar dentro del pueblo abandonado. Y entonces... llegó la “Ira de Dios”.



Abriendo la comunicación con la base, el observador ...
-- Lima 1-7, aquí Bailarín 1. Objetivo Tango-Sierra 8 Fuego, fuego, fuego.
-- Aquí Lima 1-7, recibido objetivo tango sierra 8, fuego, fuego, fuego..... .... en el aire.



KAA-PANG!!!!
Había que entretenerlos unos minutos nada más, si conseguían agruparse, y alguno hilvana dos pensamientos seguidos tras esa carrera contra la muerte, podían decidir salir de un pueblo que aun consideran seguro.
A lo largo de los días anteriores, cumpliendo una de las misiones asignadas a los francotiradores, habían marcado referencias de tiro para la artillería pesada...
... y uno de esos puntos era el pueblo.



La tercera compañía del Tercio empezaba a embarcar en 9 helicópteros Super Puma.
¿Misión?
Limpiar lo que quedara.



No hubo manera de contabilizar las bajas enemigas de forma fidedigna. El Grupo de Artillería había hecho un trabajo perfecto.
Solo se capturó un superviviente, y salvo un puñado de afortunados que lograron cruzar las líneas de la segunda compañía y llegar a las montañas, la unidad terrorista se consideraba destruida.
Aniquilada podría ser un término más correcto.



¿Cuantos francotiradores actuaron? Solo dos...

¿Quiénes? ... ... ... ...

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NotaPublicado: 22 Jul 2011 10:02 
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Cecilio Andrade escribió:
Del libro “Marine Sniper”, por Charles Henderson. Páginas 33 a 69.


Citar:
Unos 20 kilómetros al noroeste de la ciudad de Da Nang, cerca de la aldea Dong Den, el valle formado por el río Ca De Song era conocido por los hombres del 3er Regimiento de Marines como El valle del Elefante.
Había recibido ese nombre una noche de junio de 1965, cuando la artillería naval había aniquilado un convoy de abastecimiento de las fuerzas norvietnamitas (a quienes llamaremos en adelante NVA). Cuando el sol salio en la mañana, los Marines encontraron entre los restos del convoy los cuerpos de 8 elefantes, que habían sido usados para transportar cañones.
Unos meses después, la neblina cubría la mayor parte del valle. Una compañía de soldados NVA avanzaba a buen paso por el centro del valle. Eran soldados que recién habían completado su entrenamiento. Sus uniformes estaban nuevos, sus cascos no tenían una sola abolladura, y sus armas brillaban como si acabaran de salir de los cajones de embarque.
Eran jóvenes de 16 a 17 años, que habían pasado toda su vida escolar bajo el régimen comunista, y que ahora, siguiendo el llamado del Tío Ho(Chi Minh), marchaban orgullosos y llenos de entusiasmo a la primera gran aventura de sus vidas.
El capitán que comandaba la compañía no era mucho mayor que sus soldados, y apenas tenía algo mas de experiencia que ellos. Lo mismo se podía decir del puñado de tenientes y suboficiales que lo acompañaban. La única diferencia con el resto de sus soldados, era que habían visto algo de acción antes, y que cada uno de ellos portaba una pistola al cinto, como indicación visible de su status.
Después de revisar sus mapas, el capitán había decidido que si cruzaba a lo largo del valle podría avanzar mucho más rápido que si seguía caminando por la jungla. El comandante de batallón en el área había insistido en que necesitaba refuerzos urgentes (el batallón local había sido duramente golpeado por los Marines en los meses que habían pasado desde que el convoy de suministros fue aniquilado)
Lo que los NVA no sabían era que un equipo de Snipers de la 3ra División de Marines se encontraba muy cerca. El Sargento que comandaba el equipo sniper no podía creer lo que veía cuando aquel grupo de soldados salieron de la neblina, caminando tranquilamente por el centro del valle, como si estuvieran en tiempo de paz.
Parecían patitos en una galería de tiro. El sargento dio instrucciones de abrir fuego en cuanto el hiciera el primer disparo, barriendo la columna desde los extremos hacia el centro. Cuidadosamente colocó la mira sobre aquel pobre diablo que iba a la cabeza, el que llevaba una pistola al cinto y daba órdenes todo el tiempo….con calma….espera a que el pulso se tranquilice….controla la respiración…..BANG!!!...
....por un instante, los soldados NVA se quedaron inmóviles, sin poder creer que su capitán estaba muerto al frente de la columna…BANG!!!....el soldado que marchaba al final de la columna cayó al suelo con el pecho destrozado…BANG!!!...un tercer hombre, uno de los que usaba pistola, cayó muerto también…
A unos metros, paralelo a la columna de soldados, había un dique de tierra, de unos 100 metros de largo, la mejor protección disponible (la alternativa era correr 1000 metros hasta los árboles mas cercanos). La columna corrió hacia el dique, perdiendo un hombre cada vez que se escuchaba un disparo de aquel enemigo invisible, hasta que al fin, todos quedaron a cubierto.
Pasaron unos minutos sin que se oyeran más disparos. Lentamente, un suboficial NVA asomo la cabeza para ver si el enemigo aún estaba allí…
…una lluvia de sangre y pedazos de hueso (de la columna vertebral…la parte del cuello) cayeron sobre los hombres ocultos en el dique, justo instantes antes que llegara el sonido del disparo, desde una posición diferente a los disparos anteriores.
Ocho hombres salieron del dique, corriendo hacia el enemigo y disparando sus AK47…momentos después, los dos únicos sobrevivientes trataron de regresar… pero no lo lograron.
Aquello fue demasiado para un hombre. Un teniente, presa del pánico trato de huir. Mientras corría por un arrozal, una bala le dio en la espalda y le partió la columna. Ni la valentía ni la cobardía eran soluciones para aquella pesadilla.
Las horas pasaron lentamente. Los Snipers, bajo la sombra de los árboles estimaban la temperatura en 36 grados. Para los hombres atrapados tras el dique, estaba por encima de 40 grados.
El comando de la 3ra división tenia una compañía helitransportada lista para actuar, pero el sargento sniper les dijo que tenía la situación bajo control. Durante los años posteriores a la guerra de Corea, el arte del sniper en las fuerzas Norteamericanas había caído negligentemente en el olvido, y como recién lo estaban reactivando, los oficiales estaban ansiosos de ver lo que los tiradores de elite eran realmente capaces de hacer. En consecuencia, el gato recibió permiso para seguir jugando con los ratones.
Aquella noche, tan pronto la oscuridad lleno el valle, los NVA salieron del dique y caminaron hacia un grupo de cabañas abandonadas, a unos 1000 metros de donde estaban.


Apenas se habían alejado 100 metros, cuando una bengala de iluminación estallo en el aire, iluminando el área. Los snipers concentraron su fuego en los soldados que iban a la cabeza de la columna, obligando al resto a volver apresuradamente al dique. Durante el resto de la noche, las bengalas de iluminación mantuvieron a los NVA atrapados en su posición, mientras los snipers mantenían la guardia, tomando turnos para dormir.
El segundo día, no ocurrió nada. Los NVA se quedaron en su posición, mientras los snipers hicieron solo 3 disparos durante todo el día, solo para recordarles que aun estaban allí. Para aquel momento, la compañía se había reducido a poco más de 100 hombres.
La noche del segundo día fue diferente. Las nubes eran mas bajas aquella noche. Las bengalas no iluminaban nada hasta haber atravesado la cubierta de nubes, y solo permanecían unos segundos en el aire antes de llegar al suelo (donde su luz se extinguía). Los NVA esta vez tenían un plan…
Al percibir movimiento, los snipers pidieron bengalas, y pudieron ver al enemigo corriendo nuevamente hacia las chozas abandonadas. En cuanto los snipers abrieron fuego sobre los vietnamitas, una lluvia de balas cayó sobre sus posiciones. La mitad de los NVA se habían quedado en el dique, para proporcionar fuego de cobertura a sus compañeros, y apuntaron sus armas hacia los fogonazos. De todos modos, los snipers continuaron disparando y causando bajas, pero esta vez, el enemigo no retrocedió…
…el primer grupo de NVA se hecho al suelo, y abrieron fuego hacia la posición de los Marines. Los snipers abandonaron su anterior posición, y se desplazaron a una nueva ubicación, donde los NVA eran blancos mas fáciles, porque tenían que ir casi directo hacia sus armas para llegar a las cabañas abandonadas. Los vietnamitas finalmente se dieron por vencidos y regresaron al dique.
Esa misma noche hubo otro intento de salir del dique, pero nuevamente fueron repelidos. Los snipers se estaban quedando sin balas, así que el juego tenía que terminar. Lentamente se movieron a una nueva posición, dejando al enemigo el camino libre hacia las chozas que tan desesperadamente habían tratado de alcanzar.
Al amanecer del 3er día, un disparo golpeo el dique. Un sorprendido soldado vietnamita asomo la cabeza para tratar de descubrir la nueva posición de los snipers….los restos de su cerebro llovieron sobre sus compañeros. Varios disparos cayeron sobre el dique. Los NVA salieron corriendo hacia las chozas. En los intentos anteriores, los disparos eran dirigidos hacia los hombres que encabezaban el avance, tratando de hacerlos retroceder. Esta vez, las balas eliminaban a los rezagados, obligándolos a continuar.
Lo que los vietnamitas no sabían era que las chozas que tanto habían luchado para alcanzar, eran un punto de referencia para la artillería pesada de los Marines. Los snipers hicieron unos disparos finales y llamaron a la artillería. Al mismo tiempo, una compañía de Marines empezaba a embarcar en 3 helicópteros CH46. Su misión era hacer limpieza de lo que hubiera quedado.
Los norteamericanos acostumbraban contar los cuerpos después de cada enfrentamiento. Aquella vez, no hubo manera de hacerlo. La artillería había hecho demasiado bien su trabajo. La compañía de Marines que llego en los helicópteros solo encontró un sobreviviente (algunos sobrevivientes lograron huir hacia las montañas).
El sargento que comandaba los snipers dijo después: “…cuando los vi. marchando por el centro del valle, como si desfilaran por el día de San Patricio, supe que los teníamos…… si hubieran corrido hacia el río, en lugar de ir hacia esas chozas, solo hubiéramos podido coger a una docena de ellos…”
Cuantos snipers tomaron parte en la operación?.... solo dos. El sargento Carlos Hatcock (llamado Long Tra'ng du'Kich = Sniper Pluma Blanca, por sus enemigos por llevar siempre una pluma blanca en su sombrero) y su spotter John Burke.

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