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La division 250
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Autor:  thor571 [ 23 Feb 2012 10:51 ]
Asunto:  La division 250

Dejo aqui el relato de la II gran guerra en la cual voluntarios miembros de la famosa Division Azul estubieron en Rusia.
http://historia.libertaddigital.com/krasny-bor-resistid-malditos-1276239893.html

Autor:  chilreu [ 23 Feb 2012 19:25 ]
Asunto: 

Donde puedo encontrar más relatos como este sobre la División Azul?

Saludos

Autor:  recom [ 23 Feb 2012 20:39 ]
Asunto: 

Excelente relato imaginarse esa situacion con tantos grados bajo cero y seguro que no muy bien equipados y que fueran capaces de hacer ese tipo de proezas es para ser admirados

Autor:  right0knight [ 23 Feb 2012 23:23 ]
Asunto: 

Thor, me he permitido mover el hilo aquí pues creo que es el sitio más apropiado. También he cambiado el título para albergar toda aquella información relativa a la División Azul que los foreros quieran aportar. Espero que estés de acuerdo.

Por otra parte ha sido un buen artículo. Gracias por aportarlo al foro.

Autor:  nube_negra [ 23 Feb 2012 23:25 ]
Asunto: 

Yo puedo decir con orgullo, que mi abuelo estuvo allí. Y me lo contó.

Vigilad y cuidaros donde os halléis. Un saludo.

Autor:  Gluntz [ 10 Feb 2013 23:51 ]
Asunto: 

Hoy se cumplen 70 años de la batalla de Krasny Bor. .600 divisionarios frente a 44.000 soldados, casi un centenar de tanques e innumerables piezas de artillería del 55 Ejército de la Unión Soviética. A 40º bajo cero.

Como ha dicho Arturo Pérez Reverte hace un rato en Twitter: "Paisanos nuestros pasando miseria fuera, en parte porque peor era la miseria aquí. No digan que no les suena. Es nuestra eterna historia."

Citar:
Krasny Bor, la batalla más dura de la División Azul

Hace setenta años, el 10 de febrero de 1943, unos 5.600 hombres de la División Azul hicieron frente a 44.000 soldados, casi un centenar de tanques e innumerables piezas de artillería del 55 Ejército de la Unión Soviética. Fue la batalla de Krasny Bor, el combate más duro de los españoles en el 'Ostfront'.

"Fuimos a luchar contra el comunismo, no contra los rusos", afirma Juan Serrano Mannara, veterano granadero del 262º regimiento 'Pimentel'. Estuvo hasta 1944 en la Unión Soviética, pero no combatió en Krasny Bor. Siete décadas después, apenas quedan algo más de 400 veteranos de los 45.000 hombres que lucharon en la División Azul. Y de aquel pueblo a las afueras de San Petersburgo, la antigua Leningrado, quedan muchos menos: hubo 3.645 bajas y 300 capturados en la batalla, un millar de ellos muertos sólo el primer día.

En Leningrado murieron más de un millón de civiles durante los 900 días que duró el asedio de la Wehrmacht, según algunos estudios, aunque las fuentes oficiales rusas calculan algo menos de 700.000, sin contar la marcha de refugiados. El ejército alemán llegó a las puertas de la ciudad en septiembre de 1941 y no fue expulsado hasta 1944. Sin embargo, lo más duro tuvo lugar hasta enero de 1943: fue cercada al sur por los alemanes y al norte por los finlandeses para dejarles morir de hambre y frío por orden de Hitler. El único corredor para hacer llegar comida y combustible a la ciudad era el congelado lago Ladoga, el 'camino de la vida'.

La 250. Einheit spanischer Freiwilliger llegaría al sector de Krasny Bor en otoño de 1942. En enero del siguiente año, mientras caía el kessel alemán de Stalingrado, el ejército soviético logró conquistar un pequeño corredor por tierra hasta Leningrado. La operación 'Estrella Polar', continuación de la 'operación Chispa', debía ampliar este camino y romper rápidamente las líneas de la División Azul para envolver al 18 Ejército alemán. La 'Blau division' lo evitó.

La batalla de las cruces de hierro

"El que diga que no tiene miedo, miente. Una cosa es miedo, otra es terror, y otra cosa es decir 'voy porque tengo que hacer eso y me pongo a hacerlo'", afirma sin albergar ninguna duda Luis Gallego, sargento de Ingenieros en el Radio Grupo de Telecomunicaciones. Como Serrano Mannara, no estuvo en Krasny Bor, pero sus experiencias, materializadas en heridas de guerra, ilustran aquellos tiempos.

En septiembre de 1942, unas ráfagas le pillaron "como pudieron pillar a otro" y quedó atrapado entre dos líneas. Volvió a España con tres operaciones, dos de ellas sin anestesia. "Unos me agarraron de los brazos, de los pies otros, me pusieron de espaldas para dar el corte, y de anestesia... pues una toalla", recuerda.

Fue unos meses antes de Krasny Bor. Pasadas las seis de la mañana de aquel 10 de febrero de 1943, la artillería soviética comenzó su descarga sobre las posiciones del regimiento 262 de la División Azul. No pararía hasta un par de horas después. Acto seguido, cuatro divisiones del Ejército Rojo, acompañadas por carros KV-1 y T-34, se lanzaron sobre las castigadas líneas españolas.

El objetivo soviético era romper el frente en poco tiempo y envolver a los alemanes. El invierno en Leningrado es muy frío y anochece prontísimo. Sin embargo, la Stavka fracasó: el barrizal provocado por el fuego artillero sobre la nieve atrapó a los carros de combate y los supervivientes del regimiento opusieron una fiera resistencia hasta el final.

Los soldados españoles se reagruparon como pudieron para defenderse, incluso se desplegaron en los cráteres abiertos por la artillería rusa. Entre las hazañas que se recuerdan está, por ejemplo, la del divisionario al que explotó la mina que colocó en un carro pesado.

A pesar del ataque, dos divisiones alemanas situadas en el flanco derecho de la División Azul no acudieron al rescate porque esperaban un ataque que nunca tuvo lugar. Entre ellas estaba la 4 Polizei Division de las Waffen SS.

Pasado el mediodía, el Ejército Rojo logró romper las líneas por tres zonas y tomar casi entera Krasny Bor. Sin embargo, los restos de la División Azul aún resistían al sureste del pueblo y en los aledaños del río Ishora.

Aunque las tropas soviéticas lograron penetrar tres kilómetros, su cuartel general ordenó parar el avance al anochecer. Los alemanes habían enviado refuerzos y la rotura del frente era inviable tan tarde. El Ejército Rojo había tomado Krasny Bor, pero fue una victoria pírrica. Los 11.000 fallecidos en la operación 'Estrella Polar' se sumaría al millón de soldados soviéticos muertos en toda la batalla de Leningrado y el frente seguiría estable un año más.

A 3.000 kilómetros de casa

Un rótulo colgado en la Fundación División Azul recuerda a sus 4.954 fallecidos y 12.000 bajas durante la campaña del Este. En su local hay museo con recuerdos de la guerra, desde bustos de Hitler y Stalin a una bandera soviética capturada en los campos de batalla. Allí se reúnen aún los veteranos.

¿Qué empujo a aquellos hombres a ir a luchar bajo las órdenes alemanas a 3.000 kilómetros de su país? "En la División Azul, cada hombre era un mundo. Había falangistas, aventureros, militares, simpatizantes de los alemanes o gente que necesitaba el dinero en la posguerra", explican en la Fundación.

"A mí tío lo mataron en la guerra. Mi padre estuvo en la cárcel. A mi tía la echaron de donde trabajaba y la metieron en la cárcel..." recuerda Juan Serrano Mannara, falangista como Luis Gallego.

Este granadero se alistó por primera vez con 15 años. Para ello mintió en casa, donde vestido de pantalón corto dijo que iba a un campamento; y al propio Ejército, donde enseñó la partida de nacimiento de su hermano. Le pillaron en Alemania, pero regresó a filas cuando cumplió 17 años.

Visitó el Palacio de Catalina en Puskhin, pero no fue a un campamento de verano, fue al frente más duro de la historia. "Si vas a la guerra tienes que matar para que no te maten", advierte tras recordar cómo fue herido por la metralla tras estar su compañía tres días rodeada. "Llegamos al cuerpo a cuerpo. El primer día, no sé si por miedo o nervios, no pude poner la bayoneta en el mosquetón, te defendías como podías", rememora.

Esto fue en enero de 1944. La División Azul fue disuelta en otoño del año anterior por la presión de los Aliados a España, pero Juan Serrano Mannara se apuntó con otros voluntarios a la Legión Azul. Unas semanas después de ser herido fue disuelta.

'Eran hombres'

Luis Gallego, falangista y militar de carrera, combatió en el lago Ilmen en el invierno más frío de los últimos cuatro siglos. Estuvo en el batallon de choque 250, 'la tía Bernarda'. "Entre nosotros, lo llamábamos la tía Bernarda... porque era el $%&ª de la tía Bernarda. Donde había follones ahí íbamos. Cubriamos bajas", apunta.

Una vez tenía que escoltar a 15 prisioneros cuando fue sorprendido por la aviación soviética. "Me dejaron como los hijos de don Crispín, descalzo y sin paraguas", recuerda con humor. Pasado el ataque, los 15 prisioneros regresaron a su vera.

"Cogí lo que me habían mandado de aguinaldo de España y lo repartí entre ellos", añade. "Antes que nada, antes que rusos o comunistas, eran hombres. "Ni religión, ni no religión, ni carácter ni nada. ¿Te gustaría que te lo hicieran a tí? Pues no lo hagas tú", sentencia.

Estos veteranos han regresado un puñado de veces a Rusia, donde han sido recibidos "maravillosamente" por quienes eran entonces unos niños. "Nunca hicimos nada a los civiles, dormimos en sus casas, compartiamos la comida", afirma Serrano Mannara. "Los alemanes eran distintos... les echaban fuera en invierno".

"Eso se lleva en el corazón. Lo que es el ser humano..." reflexiona Gallego. "Los rusos nos querían mucho, no era la cosa de Alemania, del alemán", añade antes de reconocer que hubo algunos españoles que no se comportaron como soldados. "Se consideraban héroes y les tiraban la comida o les daban cuchilladas", critica al recordar sus maltratos a los prisioneros.

Entre tanto torbellino de emociones, algunos divisionarios se enamoraron de chicas rusas en el frente, pero al volver a España fueron separados de ellas en Hendaya, frontera aún ocupada por los alemanes. Algunas parejas no se verían nunca más.

"En aquella época las chicas -rusas- eran como las de aquí, normales y corrientes. Uno se casó con una, desertó y puso una peluqueria en Riga. Hasta que lo cogieron y lo volvieron a llevar al frente", recuerda con gracia Serrano Mannara.

Paradojas de la guerra, los veteranos de la División Azul pasaron de ser héroes a ser olvidados. La primera vez que Juan Serrano Mannara regresó del 'Ostfront' a España, en 1942, recuerda que fue recibido con orquesta de música y una misa. La última vez, en 1944, tras cambiar Franco de bando, les dejaron en San Sebastián para que se buscasen la vida. "Al llegar aquí todavía tenía las heridas abiertas. Fui al hospital militar Gómez Ulla a que me las curasen, pero no me las curaron porque no eramos militares".

Paradojas de la guerra, cuando volvió a Rusia a principios de los noventa y vio la pobreza tras la disolución de la URSS, este divisionario llegó a pensar que "vivían mejor cuando estaban los comunistas que ahora".

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/02/0 ... 49656.html




Honor y gloria a la División Azul. Eterna gratitud por su sacrificio. No solo a los voluntarios de la División Azul sino al resto de españoles que ya fuera en la Legión Extranjera o en el Ejército ruso sacrificaron su juventud, e incluso algunos su propia vida, por una España mejor. Que no se nos olvide, y menos en estos tiempos que corren.

[video width=400 height=350]http://www.youtube.com/v/_SMawzkpcWI[/video]

Autor:  Munifex [ 06 Oct 2015 08:27 ]
Asunto:  Re: La division 250

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Los españoles de la División Azul que, en apoyo de los invasores nazis, lucharon en tierras de la URSS de 1941 a 1943 fueron percibidos por los habitantes de las provincias rusas donde se acuartelaron —Nóvgorod y Leningrado— como más benignos que los alemanes y, a diferencia de estos, no se vieron involucrados en represalias masivas a la población, según el historiador Boris Kovalev, profesor de la Universidad Estatal de Nóvgorod.

Los españoles de la División no se vieron involucrados en represalias masivas

Para su libro Voluntarios en una guerra ajena, dedicado a la División Azul, el investigador ha consultado los archivos provinciales de los servicios de Seguridad e Interior y el archivo central del Ministerio de Defensa, además de entrevistar a medio centenar de personas que habitaron en pueblos del territorio controlado por los españoles a las orillas del lago Ilmén o en las riberas del río Vólkov, en la provincia de Nóvgorod, y en la de Leningrado.

Kovalev estudió también los diarios de los españoles caídos, la correspondencia incautada y más de 100 expedientes personales, entre transcripciones de interrogatorios de presos, desertores y tránsfugas, y actas de los procesos contra miembros de la División Azul. En conjunto, su obra presenta una visión polifacética del episodio histórico protagonizado por la Wehrmacht Alemana y los españoles que la siguieron a Rusia en una misión de solidaridad limitada que movilizó a más de 20.000 personas de diversos grupos, desde falangistas convencidos, voluntarios con motivaciones variadas, en gran parte económicas y de ascenso social, y una minoría deseosa de pasarse a la Unión Soviética.

Espoleados por el frío, prendían fuegos que amenazaban con incendiar sus modestas casas

El frio y el hambre dominan los testimonios de españoles y rusos. Desde Alemania, los españoles marcharon a pie por el oeste de la URSS en el verano de 1941. No tenían ropa de invierno y en los pueblos de la provincia de Nóvgorod donde tomaron posiciones ya en otoño se dedicaron a robar prendas de abrigo, desde pañuelos de lana de las campesinas a edredones, que se echaban sobre los uniformes cada vez más harapientos. También se apoderaban de las válenki, las botas de fieltro rusas, que arrebataban a vivos y a muertos. Espoleados por el frío, prendían fuegos que amenazaban con incendiar las modestas viviendas campesinas donde se alojaban.

Sin haberse bañado desde que salieron de Alemania, piojosos y hambrientos, los divisionarios abandonaban su mugrienta ropa interior y se llevaban todo lo que encontraban a su paso: gallinas, vacas, y hasta los gatos. Una anciana invitada por los divisionarios a comer lo que creía un conejo descubrió con horror que había degustado su propio gato, cuando buscó a este para darle las sobras del banquete.
Soldados irascibles

Los recuerdos de los habitantes de la zona ocupada y las actas de la Comisión Estatal Extraordinaria (ChGK, en ruso, la institución creada por la URSS para investigar los crímenes de guerra de los ocupante) indican que los españoles eran muy excitables y podían matar a alguien en una riña, como Fédor Morózov, el alcalde colaboracionista con los nazis en Nóvgorod, tiroteado por un soldado español al que empujó en un reparto de leche. La maestra Alexandra Ojapkina, en 1941 una niña de 12 años evacuada al pueblo de Shevélevo, calificaba a los divisionarios de “muy ladrones, pero no crueles y con cierta compasión por los habitantes locales”.

Los divisionarios se llevaban todo lo que encontraban a su paso: gallinas, vacas, y hasta los gatos

La población rusa aprendió pronto que los participantes en la “cruzada contra el bolchevismo” se distinguían entre ellos, señala Kovalev en una conversación con EL PAÍS y afirma que los españoles, “pese a todo, eran mucho más humanos que los alemanes”. Ojapkina recordaba que los alemanes acusaron a la población civil de Shevélevo del saqueo del almacén de provisiones de los españoles, situado en aquella localidad. Los alemanes hicieron salir a la calle a la gente para fusilarla y la pusieron en fila, siendo una mujer madre de seis hijos la última en salir. Con disimulo, un soldado español apartó a la mujer del grupo, salvándole así la vida. Los responsables del saqueo del almacén, aparentemente, eran los habitantes de un pueblo vecino, donde vivían descendientes de colonos alemanes.

En una ocasión, en diciembre de 1941, la artillería alemana comenzó a disparar contra un grupo de 11 presos españoles capturados por los soviéticos, matando a cuatro presos.

En Chudovo, a 100 kilómetros de Leningrado, había dos campos de prisioneros de la Wehrmacht donde fueron exterminados más de 53.000 personas. Al iniciarse la retirada, el comandante del campo hizo formar a los prisioneros y pidió dar varios pasos al frente a quienes no se valían por sí mismos. Los 55 hombres que avanzaron, esperando que les facilitaran el transporte, fueron fusilados a la vista del resto. Chudovo estaba 40 kilómetros al norte de la zona controlada por los españoles.
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/ ... 94486.html

Autor:  Munifex [ 13 Nov 2015 20:08 ]
Asunto:  Re: La division 250

La propaganda franquista viraba su discurso con el paso de los años. Elogiaba e imitaba a los fascismos en Europa cuando el saludo a la romana estaba de moda, pero no dudaba en esconder el brazo en alto cuando daba la bienvenida a Mr. Marshall. El águila de San Juan se asemejaba más a una veleta según cambiaba el panorama internacional, una maniobra de supervivencia de un régimen que vencía, pero no convencía, tal como Unamuno había predicho.

En un territorio prácticamente devastado tras tres años de guerra civil, el gobierno franquista debía asentarse con un poder que no sólo venía de la victoria de las armas. La población española vivía sometida, con más o menos gusto, a un régimen político de simpatía fascista que parecía relamerse ante la aparente victoria del Eje en la contienda mundial. Alemania e Italia habían prestado su ayuda al general Franco en su "sagrada cruzada" mediante armamento y tropas como la Legión Cóndor alemana o la CTV italiana y una vez estallada la Segunda Guerra Mundial, había que devolver el favor.

Con el famoso encuentro de Hendaya entre Hitler y Franco (1940) se pretendía acordar de qué manera España intervendría en el conflicto mundial. En las exigencias había peticiones inaceptables por ambas partes que llevaban a no alcanzar ningún acuerdo en concreto. España se mantenía fuera de la guerra de momento, pero dejaba claro su firme apoyo al III Reich. Esto se materializaba en la creación de una unidad de voluntarios españoles que se integraba en la división de infantería de la Wehrmacht.
La División Azul

La Blaue Division (División Azul) consistió en un pelotón heterogéneo de 50.000 soldados españoles que entre 1941 y 1943 marcharon contra la Unión Soviética en el frente del Este . Falangistas y adeptos del bando nacional eran los más comunes, aunque también se encontraban republicanos que buscaban la redención de sus familias o simplemente personas que buscaban otro sueldo en tiempos de miseria.

Los altos mandos del franquismo justificaron el ataque a Rusia culpabilizándola de los males de España durante los años treinta que desencadenaron en una cruenta guerra contra el comunismo. La demonización de los rusos inspiro a los españoles que tenían muy reciente la contienda civil y pretendían devolver la visita a los soviéticos al grito de ¡Rusia es culpable!
¡Rusia es culpable!

"Camaradas: no es hora de discursos. Pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria: ¡Rusia es culpable! Culpable de la muerte de José Antonio, nuestro fundador. Y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo ruso. El exterminio de Rusia es exigencia de la Historia y del porvenir de Europa."

Ramón Serrano Súñer, 24 de junio de 1941

Las exigencias alemanas limitaban la entrada a la división únicamente a soldados profesionales, pero al final cedieron y se abrió a unidades voluntarias a cambio de que fueran instruidos por oficiales del Ejército español.

La División Azul se utilizó para reforzar al grupo norte, frente de Novgorod (1941-1942) y frente de Leningrado (1942-1943). Con el viraje de la guerra y las presiones de las potencias europeas, Franco decide repatriar a los voluntarios. Algunos se negaron a volver y se reintegraron en divisiones alemanas como las Waffen-SS.
Tras la guerra

Con el fin de la contienda, la dictadura franquista quedaba en evidencia. La figura de un dictador recordaba demasiado a Hitler y a Mussolini, y la colaboración de España con el Eje mediante la División Azul provocó el aislamiento como condena internacional hasta el ingreso de España en la ONU en 1950 y los posteriores acuerdos con Estados Unidos en 1959.

Tres años después, en 1962, España firmaba con la República Federal Alemana un acuerdo por el cual los alemanes pagaban pensiones a los españoles que habían resultado heridos durante su cooperación en la División Azul y los españoles hacían lo mismo con las viudas de los alemanes que participaron en la Guerra Civil Española.

Actualmente un total de 41 excombatientes, ocho viudas y un huérfano, se siguen beneficiando de estas pensiones como así ha denunciado el diputado alemán Andrej Hunko perteneciente al partido Die Linke. El izquierdista ha calificado de escándalo que se siga recompensando a personas que participaron en el horror nazi, a lo que el ejecutivo de Merkel ha contestado que no se pretende poner fin a esta política, puesto que en 1998 se realizó un estudio donde se cercioraban de que los beneficiarios de dichas pensiones no habían cometido crímenes contra la humanidad o atentado contra los Derechos Humanos.

El gobierno alemán destina un total de 107.352 euros anuales que se reparten de la siguiente manera: 5390 euros son destinados a las personas que sufrieron alguna herida durante la contienda, 3336 euros para las viudas y 220 euros para el único huérfano. El ejecutivo alemán no ha revelado las identidades de los beneficiarios y, a pesar de lo polémico del asunto, parece que no va a suponer más problemas.
http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la ... b459b.html

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