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NotaPublicado: 01 Dic 2009 22:16 
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El juego de nuestros abuelos.

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Más info de la foto aquí


Un saludo

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Munifex escribió:
...en España NOS gusta mucho el "rollo" secretismo y dar una aureola grandiosa a lo que desonocemos. A las unidades se las debe valorar por lo que se conoce que hacen, lo demás es falsa mitología.-


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NotaPublicado: 17 Dic 2009 15:51 
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legonaire escribió:
lo dejo en el aire,pero he leido que ésta archifamosa foto¡¡¡¡na de na¡¡,según las últimas investigaciones que no me acuerdo ahora dónde las leí,pero que las leí,,seguro¡¡


Existe un documental llamado "la punta del iceberg".

No tiene mayor importancia el hecho de que sea casual o no.
Creo que es un retrato fenomenal de lo que es una guerra.

No olvidemos que la fotografía es fundamentalmente arte. Creo que los artistas están más allá del bien y del mal. (opinion mía)
Ésta composición en concreto es indiscutiblemente genial, pues transciende el hecho concreto de "nuestra" guerra y convierte la muerte de un combatiente en algo obscenamente bello.
Me cuesta explicar cuanto siento al verla, pues al fin y al cabo es de eso de lo que trata el arte, explicar por medio de sentimientos aquello que nuestra razón (limitada) no alcanza a expresar.

Si en éste caso la fotografía nos cuenta mucho más de lo que "nuestra" guerra fué; creo que la imagen que mejor define la esencia y la absurda fuerza que nuestro odio personal es capaz de acarrear es "duelo a garrotazos" de Goya.

Un saludo a todos.

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Sigue intentándolo,
Falla otra vez,
Falla mejor.

S.Becket.


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NotaPublicado: 14 Jun 2010 10:14 
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En un post sobre la Guerra Civil Española no podia faltar esta foto, la cual para mí es la mejor.

Los nacionales entran en Tarragona. Los soldados que disfilan por la ciudad son testigos de un hecho muy emotivo. Dos hermanos de apellido Machuca que han servido cada uno en un bando distinto se encuentran por primera vez desde que comenzo la guerra. No importa el bando, son hermanos y se abrazan muy emocionados.

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Esta foto describe lo que creo yo que fue la Guerra Civil: una guerra entre hermanos.


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NotaPublicado: 26 Ago 2010 21:52 
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buenas.
a quien le interese
La aventura de la historia: La Guerra Civil Española

Otro punto de vista sobre aquél trágico suceso, en esta ocasión el de "La aventura de la Historia"
Un documental formado por 13 capitulos
Cap 1 http://www.megaupload.com/?d=F7ADOXOJ
Cap 2 http://www.megaupload.com/?d=VJSZUR45
Cap 3 http://www.megaupload.com/?d=AY0S799V
Cap 4 http://www.megaupload.com/?d=W98X5DE4
Cap 5 http://www.megaupload.com/?d=GE4EW21T
Cap 6 http://www.megaupload.com/?d=K6TOOVSO
Cap 7 http://www.megaupload.com/?d=PXZ1ZKEX
Cap 8 http://www.megaupload.com/?d=HLFTIZGG
Cap 9 http://www.megaupload.com/?d=OVZQFTQR
Cap 10 http://www.megaupload.com/?d=44AMTU1C
Cap 11 http://www.megaupload.com/?d=9DE2EH10
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Cap 13 http://www.megaupload.com/?d=9A55CZOP


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NotaPublicado: 26 Ago 2010 22:33 
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Gracias, JDownloader bajando!


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NotaPublicado: 16 May 2017 08:14 
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La Coruña, una tarde cualquiera de 1932. Como tantas otras veces, el general Francisco Franco Bahamonde, primera autoridad militar de la ciudad, acude con su mujer, Carmen Polo, y su hija, Carmencita Franco, a tomar café a la casa del entonces coronel José Aranguren Roldán, que ejerce la jefatura de la Guardia Civil en Galicia. La semana siguiente será Aranguren, en compañía de su esposa, María de la O de Ponte, y alguna de sus hijas, el que visite al general en su domicilio. La relación es protocolaria, por causa del cargo que uno y otro desempeñan, pero también personal. A los Franco, acaso para prestigiar su linaje, les gusta decir que están emparentados con un antepasado de la mujer del coronel, que ostentó el título de conde de Vigo.

En todo caso, los hombres se conocen, las familias se tratan, y a esta circunstancia se suma el hecho de que los dos cabezas de familia son naturales de Ferrol, donde nació Aranguren en 1875 y Franco bastante después, en 1892. Comparten otras experiencias, como el paso por la Academia de Toledo y la campaña de Marruecos, donde Aranguren fue el jefe de las fuerzas de la Guardia Civil cuando el desembarco de Alhucemas, en el que Franco obtuvo por méritos de guerra el fajín de general. Para los guardias civiles no existen esos aceleradores de la carrera, ya de por sí más lenta, y por eso Aranguren, siendo 17 años mayor, tiene una graduación inferior a la de Franco.

Barcelona, 20 de abril de 1939. El auditor de guerra del tribunal militar territorial incorpora al sumario de la causa 1/39 el telegrama recibido la víspera del cuartel general del ya entonces Generalísimo. Franco se da por enterado de la sentencia de muerte recaída en el consejo de guerra celebrado cuatro días antes contra José Aranguren Roldán, como reo de rebelión militar por su actuación el 19 de julio de 1936 en su calidad de general jefe de la Guardia Civil en Cataluña, a las órdenes de la Generalitat y del gobierno y frente al alzamiento encabezado en Barcelona por el general Manuel Goded Llopis.

Lo que ese enterado significa es que no hay clemencia para el general Aranguren y que puede procederse a su ejecución. El día siguiente, 21 de abril de 1939, a las cinco de la mañana, un pelotón acaba con su vida en el entonces llamado Camp de la Bota de Barcelona (el actual Fòrum). Para fusilarlo han tenido que sentarlo en una silla, porque las lesiones sufridas en un accidente de automóvil le impiden tenerse en pie. No hace ni tres semanas del final de la guerra. La justicia del Caudillo vencedor es expeditiva.

El 21 de abril, un pelotón acaba con su vida en el Camp de la Bota de Barcelona

Hay un testimonio de la reacción de Franco al enterarse de que José Aranguren había sido detenido en Valencia, en los primeros días de abril, tras sacarlo por la fuerza de la legación diplomática de Panamá, donde se había refugiado. Se lo proporcionó el general Tella, uno de los jefes del bando vencedor, al yerno de Aranguren, Antonio Cobreros. Según Tella, al conocer la noticia y que el general de la Guardia Civil estaba impedido por causa de un accidente, el dictador dijo secamente: "A Aranguren, que lo fusilen aunque sea en una camilla".
Pantomina de proceso

Salvo por el enser que sirvió al final para sostenerlo, aquellos deseos fueron órdenes para quienes tramitaron la pantomima de proceso que se despachó en unos pocos días, con testigos de cargo falaces y sin concederle al acusado ni una sola de las testificales que pidió para probar sus descargos. Tan sólo el abogado defensor, Francisco Eyré, falangista y alférez honorario del cuerpo jurídico (y tío de la escritora y periodista Pilar Eyre) aportó al juicio una pizca de Derecho, con un alegato ejemplar que pretendía salvar de la pena de muerte a Aranguren; pero de nada sirvió frente a la determinación de los miembros del tribunal de satisfacer los deseos del supremo líder, con una sentencia de dos folios que es un monumento a la antijuridicidad, burda máscara legal de un asesinato, y que nunca, ominosamente, ha sido revocada.

De nada sirvió, tampoco, que el hermano del general Aranguren, Carlos, fuera coronel del ejército vencedor, ni que los dos hijos varones que le sobrevivían al iniciarse la contienda hubieran luchado a las órdenes de Franco y al servicio de la Cruzada, con el resultado de la muerte del mayor de ambos, Juan, en el frente de Guadalajara en 1938, y las graves heridas del más joven, Carlos, que moriría pocos años después por el efecto devastador que causó en él la guerra, unida a la muerte de su padre.

¿De dónde este encono, esta prisa por acabar no sólo con Aranguren, sino con todos los jefes de la Guardia Civil en Cataluña en el verano del 36, procesados en esa causa 1/39 y literalmente exterminados? Además de Aranguren, fueron juzgados (es un decir) y pasados por las armas sus dos coroneles, Brotons y Escobar, los tenientes coroneles Lara Molina, Moreno Suero y Aliaga Crespí y el comandante Aznar Monfort. Sólo salvó la vida el comandante Espinosa Ortiz, ayudante del general, de probadas simpatías facciosas, al que le cayó una condena a cadena perpetua luego conmutada por seis años de prisión.

No fue, desde luego, porque Aranguren o sus hombres cometieran delito alguno. En la jornada del 19 de julio de 1936, el día en el que estalló el alzamiento en Barcelona, se atuvieron a las órdenes que recibieron por sus tres cadenas de mando: el consejero de Gobernación de la Generalitat, José María España, de quien dependían las competencias de orden público y seguridad; el general jefe de la división orgánica, Francisco Llano de la Encomienda, a quien debían obediencia los guardias civiles en su condición de militares; y el inspector general de la Guardia Civil, el general Sebastián Pozas, máxima autoridad del cuerpo al que pertenecían. Todos ellos les ordenaron defender la legalidad de la República, representada en Cataluña por la Generalitat, frente a los militares rebeldes que se pusieron fuera de ella.

Aranguren y sus hombres se atuvieron a las órdenes que recibieron de tres cadenas de mando

En cumplimiento de esas órdenes, y tras intentar disuadir a los militares, salieron a la calle para reducirlos y una vez que los hicieron prisioneros empeñaron todos sus esfuerzos en proteger sus vidas frente a las masas exaltadas que capitaneadas por Durruti y García Oliver se habían apoderado de miles de fusiles del parque de artillería de Sant Andreu y pretendían lincharlos. El general llegó aún más allá, al lograr que a una docena de guardias civiles que empujados por sus oficiales habían secundado el golpe en Calaceite (Teruel), no se les juzgara allí, donde no les aguardaba otra cosa que el paredón, sino en Barcelona, donde el tribunal apreció para ellos la eximente de obediencia debida, lo que a la postre les salvó el pellejo.
En Valencia. El general retratado en la ciudad del Turia, donde fue capturado antes de ser fusilado. Dos de sus hijos murieron a consecuencia de la guerra. JOSÉ A. COBREROS

No hay constancia de una sola muerte ordenada por Aranguren, que, por no firmar, ni siquiera firmó el enterado de la sentencia de muerte que un consejo de guerra impuso al general golpista Goded, alegando que había intervenido como testigo en la causa. Y sin embargo fue liquidado como si fuera el peor de los criminales de guerra. ¿Por qué?
Tensa conversación

La razón hay que buscarla en lo que significó la actuación de Aranguren en la jornada del golpe (a lo largo de la guerra apenas ocupó puestos burocráticos). Y quizá la clave esté en la tensa conversación que tuvo lugar pasado el mediodía del 19 de julio, cuando Goded le llamó por teléfono para exigirle que se uniera a la sublevación, cuya suerte ya se veía comprometida en las calles de Barcelona por la acción de las fuerzas de seguridad dirigidas por el comisario general de Orden Público de la Generalitat, Frederic Escofet, los guardias civiles de Aranguren y el apoyo de los paisanos armados, anarquistas y de otras ideologías, que se enfrentaron desde el principio a los rebeldes.

Goded, que necesitaba desesperadamente sumar a los guardias civiles a su causa, llegó a amenazar a Aranguren con fusilarle, a lo que este, sin alterarse, respondió: "Si mañana me fusilan, fusilarán a un general que ha hecho honor a su palabra y sus juramentos militares; si le fusilan a usted, fusilarán a un general que ha faltado a su palabra y a su honor". Aludía así a la promesa de fidelidad a la República que ambos, en cumplimiento de la ley, habían hecho años antes, y que para Aranguren, de firmes convicciones religiosas, era un compromiso definitivo e innegociable.

Lo cierto es que esa decisión de Aranguren, mantenida contra el requerimiento y aun la amenaza del general rebelde, a quien por otra parte conocía de Marruecos (se da la coincidencia de Goded, como jefe de Estado Mayor de las fuerzas españolas en el protectorado marroquí, certificó los méritos de guerra de Aranguren en África), selló la suerte de la rebelión en Cataluña, que quedó así del lado de la República.

Muy otra habría sido la historia si los sublevados la hubieran ganado para su causa. Hay quienes dan en cuestionar el papel decisivo de Aranguren y sus guardias civiles en la salvación de la Generalitat y la República en Cataluña (aunque ambas quedaran luego a merced de las masas revolucionarias, por culpa de la autodestrucción del ejército, el desgaste del aparato de seguridad del Estado y el ingente armamento del que aprovechando ambas cosas se apoderaron Durruti y los suyos). Se prefiere adjudicar el fracaso del golpe a los anarquistas en armas, o incluso, en clave nacionalista, al pueblo catalán que derrotó a los militares españoles.

El argumento resulta precario, y la mejor prueba de ello no es la saña que los vencedores aplicaron a esos guardias civiles (que algo señala), sino el hecho de que en otros sitios, como Zaragoza, donde los anarquistas eran también muchos y estaban igualmente movilizados, la alineación de la Guardia Civil con los golpistas neutralizó de manera instantánea y fulminante a los de la CNT-FAI. A esa constatación hay que sumar lo que dice en sus memorias el propio responsable de seguridad de la Generalitat en aquellos días, Frederic Escofet, que a partir de su meticuloso conocimiento de una operación, la de la oposición armada al golpe, que organizó personalmente, afirma una y otra vez y sin ambages que el árbitro de la jornada fue la Guardia Civil.

Por eso hubo que fusilar a Aranguren a toda prisa. Por alterar el guión victorioso de una sublevación épica. Pero no sólo: también porque aquel general con 40 años de guardia civil a las espaldas, hombre de orden y militar ejemplar, con hoja de servicios impoluta y llena de condecoraciones, incluida la gran cruz de la orden de Isabel la Católica, desmentía con su proceder la coartada que los golpistas vendieron, y que ahora, 80 años después, algunos pretenden aún convalidar: que alzarse contra la República era justo, necesario y hasta imperativo.
http://www.elmundo.es/cronica/2017/05/1 ... b45a4.html

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NotaPublicado: 14 Ago 2018 20:24 
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Ha muerto, el lunes, derribado por la edad y no por el enemigo, a los cien años, Miguel Ángel Sanz Bocos Vallecas, el último piloto de caza de la República durante la Guerra Civil que quedaba vivo, y según ADAR, la asociación de aviadores republicanos, de la que era presidente, el último de los pilotos de cualquier tipo de aparatos (del personal volante aún vive un ametrallador de SB-2 Tupolev Katiuska, Amacio Baltanás, también centenario). Vallecas, un hombre vital, jovial y con sentido del humor, fue un aviador que estuvo en todos los fregados y vivió en toda su intensidad la guerra aérea.

Su mayor aventura, decía, fue aquel día de agosto de 1938 en el que tras participar en un dog fight de cuidado, un combate multitudinario y salvaje, una melé en un cielo repleto de cazas Fiats, Meserschmitts, Chatos y Moscas como el suyo -“éramos 200 entre los dos bandos”, relataba-, se quedó inesperadamente solo en el ancho firmamento. Observó a lo lejos un avión con el morro blanco como el de su jefe de escuadrilla, Zarauza, y voló hacia él. Resultó ser un Me-109 y luego apareció otro, y otros más. Se colocaron a su derecha y su izquierda y le indicaron que los siguiera. Comprendió que en lugar de intentar derribarlo querían hacerlo prisionero. Atrapado, voló con ellos hacia el aeródromo de la Legión Cóndor en la Sènia. Sanz miraba por el rabillo del ojo –“veías fácilmente por los lados, por la costumbre de forzar la vista”- y cuando le pareció que sus captores se despistaban se echó encima del más cercano. Los otros empezaron a disparar, pero les entorpecía su compañero, y el piloto republicano, tras hacer medio tonel, huyó a todo gas. Le alcanzaron varios disparos en el depósito de gasolina y los mandos, hiriéndole en una mano, pero su Mosca no se incendió y los que le perseguían no pudieron colimar bien sus armas sobre él porque no paraba de dar vueltas. Consiguió asar el Ebro y aterrizar en Reus. Explicaba que se puso a darse golpes en el pecho y a gritar: “¡Estoy vivo!, ¡esto es gratis!”. Bajó de la cabina y se estiró en un prado. Al despertar, su avión acribillado estaba rodeado de gente. Un capitán lo vio venir y le preguntó si era el piloto. Dado que iba con el traje de vuelo, el gorro y las antiparras le contestó: “¡No hombre, el chocolatero de Vallecas que vengo de llevar un pedido, no te jode!”.


Sanz Bocos nació en La Poveda (Arganda del Rey, Madrid) el 5 de julio de 1918. Su familia vivía en Vallecas, donde su padre tenía una ferretería. Estudió en la escuela de Artes y Oficios y en los Salesianos de Atocha. Al estallar la guerra se incorporó como voluntario en un batallón antigás y estuvo en varios frentes. Durante un permiso en Madrid se enteró de la convocatoria para los cursos de piloto y pasó las pruebas. Fue a la URSS para entrenarse y consiguió que lo enviaran a la célebre escuela de vuelo de Kirovabad para el exclusivo curso de caza con los Polikarpov I-16 Mosca. “Es con el que todos queríamos volar, pero solo fuimos 16 de 150, los demás a bombarderos u observación”, recordaba en su libro Memorias de un chico de Vallecas, piloto de caza de la República (Uno Editorial, 2011).

En el primer vuelo en solitario, tras pruebas durísimas de los instructores soviéticos, que hasta les examinaban la dentadura, el sexo y las varices, “iba cagado de miedo”. El Mosca, decía, era un aparato dificilísimo de volar sobre todo en el despegue y en el aterrizaje. Durante la guerra, la gente de los alrededores de los aeródromos solía contemplar las salidas y llegadas de Moscas porque siempre había, relataba, alguna bofetada. “Era una fiera, pero en acrobacias, una alhaja, hacía de todo, maravillas”. Y sobre todo con un gran piloto. Bien lo vieron aquellos Messerschmitts en agosto de 1938.

Sanz consiguió el título de piloto en enero de 1938 y empezó a combatir en Teruel como sargento en la cuarta escuadrilla del Grupo 21. En Cataluña voló con la patrulla del teniente Bravo y realizó en Figueres el complejo curso para pilotar los Supermosca I-16 del tipo 10. Participó en la defensa aérea de Barcelona con un avión dotado de radio. Pasaban un frío “del carajo”. Volaban a 6.000 metros donde en invierno había temperaturas de -40º. “Llorábamos de dolor por el frío terrible en la cara y los pies”, explicó en una entrevista con la televisión de Vallecas, junto a un Mosca reconstruido. Durante la contraofensiva del Ebro en 1939 y ascendido a teniente dirigió la 3ª escuadrilla.
Ateo gracias a Dios

Decía que había tenido mucha suerte porque no tuvo accidentes ni lo derribaron en el aire. “Me ametrallaron muchas veces, hasta 150 disparos recibí, pero como soy ateo gracias a Dios nunca recibí una bala que atravesara la chapa protectora que llevábamos detrás del asiento”. Sin embargo, el último día de la guerra lo cazaron. “Me tumbaron cuando despegaba, a un metro del suelo, los Me. Estuve muy cerca de la muerte”. Vallecas había recibido una carta de Negrín que mandaba a su escuadrilla a Toulouse y pedía a los franceses que los acogieran. Despegaban, pero no vieron que tenían encima una escuadrilla de Messerschmitts de la Cóndor que se desplomaron sobre ellos como aves de presa. A él le hirieron en la cabeza, donde le quedó una cicatriz. Su avión, con matrícula 262, “murió aquel día”, pero él se salvó. No así muchos de sus compañeros. “Fue una matanza terrible”. Un caza alemán se estrelló durante el ataque. Sanz y otro piloto trataron de sacar al aviador de la cabina. Le colgaba un ojo y al extraerlo estirando de los hombros las piernas se le quedaron amputadas dentro. La guerra.

Vallecas pasó finalmente la frontera a pie. Lo ingresaron en Argelés y luego en Gurs. Durante la Segunda guerra Mundial trató de volar para los franceses sin conseguirlo y luego tras la invasión realizó algunas misiones con la Resistencia. Tras la contienda, exiliado en París, creo con otros ex miembros de las fuerzas aéreas el grupo Alas Plegadas. Ya en España, organizó una de las primeras reuniones de ex combatientes presentándola como una fiesta de aniversario de boda. Trabajó en una empresa de antenas de televisión y luego en otra de maquinaria. “Fue uno de nuestros grandes pilotos”, ha señalado Aquilino Mata, presidente de ADAR en Cataluña, que ha recordado su jovialidad y caballerosidad. “Si algún día me muero que se sepa que ha sido sin mi consentimiento”, bromeaba el viejo aviador. “Fue una juventud excitante, sobre todo una vez has sobrevivido, pero no se la deseo a nadie”.
https://elpais.com/cultura/2018/08/14/a ... 99009.html

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NotaPublicado: 05 Ene 2019 12:29 
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Misas, piojos y vacas: las fotos inéditas del bando franquista en la Guerra Civil:
https://www.elespanol.com/cultura/histo ... tml#img_14

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NotaPublicado: 16 Jun 2019 13:48 
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El 16 de enero de 1939, las fuerzas que defendían la II República sabían que no tenían nada que hacer. Los franquistas habían cruzado el Ebro y se trataba ya sólo de retirarse lo más ordenadamente posible hacia el norte, defender Cataluña los meses, semanas o días que se pudiera.

En esa tarea imposible estaba el cabo Celestino García Moreno, un joven de Morata de Tajuña, un pequeño pueblo de Madrid. Al amanecer de ese día no sabía que en unas horas se convertiría en un símbolo de la resistencia antifranquista en combate. Ni que esa celebridad le costaría muy cara.

Su acción fue tan alocada como eficaz. Heroica, se dice en tiempos de guerra. Se enfrentó a una columna de 13 tanques italianos que se cruzaron en su camino en Santa Coloma de Queralt, Tarragona. Con sus granadas de mano alcanzó e inutilizó tres e hizo huir al resto. No contento con ello, cogió la piqueta que llevaba adosada uno de los carros y reventó las torretas, que quedaron abiertas como latas de sardinas. Obligó así a salir a las tripulaciones, a las que hizo prisioneras, al menos media docena de soldados italianos.

La hazaña pronto llegó a oídos de sus superiores y de las autoridades republicanas, que no dejaron pasar la ocasión de bautizar a un nuevo héroe y magnificar los hechos ante un pueblo más que desmoralizado, casi derrotado tras dos años y medio de guerra y un invierno que sólo vio retiradas. El comandante del Ejército del Ebro, Juan Modesto, le agasajó públicamente y le ascendió a sargento. El mismísimo presidente del Gobierno, Juan Negrín, le felicitó por carta y personalmente antes de ofrecerle una recompensa: un mes de permiso para viajar a su pueblo y ver a la familia. El traslado debía hacerse en avión, ya que Cataluña estaba aislada de Madrid tras la última gran derrota.

Sería su último viaje. Sus compañeros de la 9ª Brigada Mixta de la 11ª División siguieron retrocediendo: el 2 de febrero intentaron defender sin éxito Girona y el 9 al atardecer cruzaron la frontera con Francia, pasando en un instante de soldados a refugiados. Celestino no estaba con ellos. Descansaba plácidamente en su Morata, aún bajo el mando republicano. Sólo unos días después las tropas franquistas tomaron el pueblo y fue señalado por varios vecinos. Juzgado y condenado en la Causa General, acabó fusilado el 14 de junio de 1939. Aún hoy se ignora dónde fue enterrado.
Portada del diario Ahora, de Madrid, del 20 de enero de 1939.
Un campesino aguerrido

¿Cómo es posible que un solo hombre ridiculizara a una columna de tanques enviada por Mussolini? Por un lado, hay que incidir en el perfil de Celestino, un joven campesino soltero, con novia y tres hermanos, Sagrario, Jacinto y Venancio (fusilado el 7 de noviembre de 1939), de los que en septiembre se tomaban un aguardiente antes de amanecer, corrían delante de los toros en alpargatas en las fiestas del pueblo y después pasaban el día segando en el campo.

José Luis Rodado Mena, sobrino nieto de Celestino, cuenta que éste no estaba afiliado a ningún partido político antes de la guerra. Se alistó voluntario como miliciano y pronto quedó adscrito a la 9ª Brigada Mixta de la 11ª División, en la que fue cabo de la sección especial. Esta brigada se fajó en algunos de los combates más duros de la Guerra Civil: Jarama, Brunete, Belchite, Teruel, el Ebro... así que a comienzos del 39 se podría decir que Celestino era un combatiente muy experimentado.

El 16 de enero, en Santa Coloma de Queralt, el cabo vio cómo una columna de tanques con forma de punta de lanza avanzaba hacia ellos. El comandante del Ejército del Ebro, Modesto, lo contó así en sus memorias:

"Cogió el pico de la propia tanqueta y violentó a puerta sacando a los ocupantes"
Juan Modesto

"Después de inutilizar la tanqueta de cabeza llegó a ella y los mandó salir golpeando con el fusil. Al no obtener contestación, cogió el pico de la propia tanqueta y violentó a puerta sacando a los ocupantes".

Modesto se dirigió a Celestino para pedirle que explicara los hechos a varios periodistas internacionales y al poeta Pedro Garfias, mexicano fiel a la República y autor del poema 'Asturias', que popularizó Víctor Manuel.

-Cuéntanos, camarada sargento Celestino, cómo diriges tu escuadra de cazadores de tanques.

-Después de elegir el sitio antes, o cuando aparecen, vemos por dónde vienen, avanzamos hacia ellos, escogiendo un sitio como en la caza al acecho.

-¿Y cómo sitúas a la escuadra?

-Yo me pondo delante con una bomba en la mano. Las demás me las quito y hacemos el cordón, pasándonos la bomba uno a otro hasta que llega a mí. Tomo la que voy a tirar y le quito el seguro.

En La caída de Cataluña, Jorge Martínez Reverte explica que en muchas ocasiones los carros ligeros italianos, Fiat Ansaldo para dos ocupantes y con escaso blindaje, se quedaban solos, sin el apoyo de la infantería, y eran atacados y capturados. En este caso fueron hechos prisioneros el capitán Oswaldo Arpaia, el teniente Mario Ricci y los sargentos Marino Bolgioni y Nello Namdiacapra. Formaban parte del Tercer Regimiento de carros de Asalto italianos. Según una noticia del 20 de enero publicada en La Vanguardia, el teniente Ricci declaró que desembarcó en España por Cádiz y fue enviado después a Sevilla y Logroño. Bolgioni, por su parte, declaró que "Mussolini es infalible como Dios. En mi patria, hay Mussolini y nada más. Todo lo demás es escoria", según recogió la propaganda republicana.
Reconocimientos y homenajes
Portada de La Vanguardia del 18 de enero de 1939.

La vida cambió para Celestino de un día para otro. La prensa se hacía eco de su valor, recibió la felicitación del presidente Negrín: "Su hazaña robustece mi convicción de que el valor humano, elevado al nivel de sentimiento patriótico, basta para vencer a las máquinas de guerra".

También fue grabado para el noticiario cinematográfico España al día, un No-Do republicano en el que se ve a un joven locuaz, grandilocuente, encantado del papel propagandístico que le toca ejercer. Su rostro pasó a ser muy conocido. No sólo se habló de él en Cataluña (con las portadas de La Vanguardia del 18 y 20 de enero), sino también en Madrid, como en el diario El Liberal, el día 18 o en Ahora el 20 de enero. Al día siguiente recibió un homenaje popular en su localidad, como recogió Abc al día siguiente:

"En las calles fue objeto el cabo García Moreno de cariñosas demostraciones. El pueblo estaba engalanado y en las calles se leían patrióticos cartelones".

El 23 de enero se publicó el decreto que hacía oficial su ascenso a sargento y la obtención de la Medalla al Valor.
Portada de El Liberal del 18 de enero de 1939.
"LLEVABA CALCETINES ROJOS"

El día que lo detuvieron, Celestino llevaba unos calcetines rojos que lo hacían fácilmente identificable. Después de haberse convertido en unas semanas en un rostro conocido en la zona aún fiel a la República, era también una persona odiada entre los franquistas que habían vivido la contienda en zona enemiga.

"Varios del pueblo se dedicaron a ir señalando a la gente: ése, ése y ese otro. Uno de ellos, el que delató a Celestino, se llamaba Paco". José Luis Rodado, el sobrino nieto del antitanquista, alarga el índice mientras evoca las delaciones de los propios vecinos. Habla siempre de su tío abuelo con la distancia que da el nombre de pila, nunca cita el lazo familiar que los unía. De niño, José Luis sólo conoció la sombra del recuerdo de su pariente, los comentarios en voz baja. No tiene recuerdos en vida de dos de sus tíos abuelos, ni de su abuelo, todos fusilados al acabar la contienda.

Este familiar de Celestino García asegura que, según el relato de su abuela, el héroe de Morata pudo haber evitado su detención. "La Pasionaria y otros vinieron a buscarle para que se fuera con ellos, pero él dijo que no porque tenía aquí a su madre. También le ofrecieron que se fuera con ellos, pero al final lo rechazó porque decía que no había hecho mal a nadie, sólo ir a la guerra".

La Pasionaria y otros vinieron a buscarle para que se fuera con ellos
José Luis Rodado

¿Es posible que Dolores Ibárruri, ante el inminente desplome de la República, se acordara de un antitanquista de Morata que había pasado la guerra en el frente? En el libro Dolores Ibárruri. Memorias de Pasionaria (1939-1977), la líder comunista relata que del 8 a 11 de febrero del 39 se celebró en Madrid la Conferencia Provincial del PCE. En los días previos hubo un mitin multitudinario en el que "una nota emotiva fue la presencia del antitanquista Celestino García (...) acompañado de familiares y vecinos", según recoge el libro Guerra y revolución en España, 1936-1939. Así que el miliciano y La Pasionaria compartieron protagonismo en dicho acto.
CONDENADO SIN SABERLO
Documento de la Causa General donde se detallan los crímenes que el régimen franquista atribuyó a Celestino.

Pero su suerte estaba echada. La generosa recompensa de Negrín, el permiso en su pueblo, se convirtió en un regalo envenenado. El 9 de febrero su división se retiró a Francia, sus compañeros estaban a salvo. Él, no.

Con sus calcetines rojos fue detenido en Morata y allí pasó apenas unas horas encerrado. Fue trasladado a Madrid y su familia no supo nada de él hasta que llegó la carta que notificaba la ejecución. Fue fusilado en la carretera vieja de Vicálvaro el 14 de junio del 39, en el cementerio del Este. Según consta en la Causa General, Celestino fue condenado por participar los días 25 y 26 de julio del 36 en el "incendio de la iglesia parroquial con gran algarada de los elementos marxistas" y en el "saqueo y destrozo de las ermitas de Nuestra Señora de la Antigua, Virgen de los Dolores y Cristo de la Sala".

"Eso no es posible", le defiende su sobrino nieto, "porque se alistó voluntario nada más empezar la guerra y se fue. No digo que mi abuelo no estuviera metido en eso, pero él no", explica mientras lee el documento que sirvió en la acusación para condenar a muerte al sargento.

Y después del pelotón de fusilamiento, el silencio. Tras ser protagonista de portadas de periódicos, de noticieros, de compartir escenario con La Pasionaria, nada más. Ni una palabra. Durante décadas, ni su familia tuvo coraje para acordarse de él en público. "Había mucho miedo. Mucho miedo", dicen.

En 2017, una asociación de ex brigadistas internacionales entregó en Morata una placa de homenaje en su memoria. Esa placa y una fotografía del joven antitanquista sonriente, desafiante, en el Museo de la Batalla del Jarama, son hoy el testimonio de la hazaña del soldado madrileño que detuvo una columna de tanques en Cataluña.
https://www.elmundo.es/madrid/2019/06/1 ... b456e.html
boyscout escribió:
¿Desde cuando un bando se llamaba "Franquista" en la Guerra Civil?
Nunca he leído en un libro de historia, ni oído, que en la guerra civil se llamase Franquista a uno de los bandos... Los periódicos de la época nunca lo reflejaron así...

Bando Nacional, rebelde o sublevado, incluso monárquico entiendo que se le pueda llamar, pero llamarle franquista es una acepción "moderna" muy tendenciosa. El articulista de El Mundo no se ha cortado un pelo...

Durante la Guerra Civil no se sabía quién iba a gobernar una vez terminada, aunque ganase el bando nacional. Si bien es cierto, que conforme avanzaba la Guerra, el General Franco iba adquiriendo cada vez mas protagonismo y concentrándose más poder militar en su mando, nunca nadie fue a luchar al bando franquista, no se hubiera entendido.
No me imagino a requetés, falangistas, monárquicos o de la CEDA, etc., acudiendo al frente a luchar en el bando Franquista, por General llamado Franco...

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