Fuerzas de Elite

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NotaPublicado: 10 Sep 2017 07:50 
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8/9/2017. KriPo y SchuPo del LP de Berlín en el lugar donde apareció una mujer de 60 años asesinada en el barrio de Charlottenburg:
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NotaPublicado: 11 Sep 2017 13:37 
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10/9/2017. USK y SchuPo del LP de Baviera intervienen en una antigua discoteca que se creía ocupada en Múnich (1.450.381 hab.):
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NotaPublicado: 11 Sep 2017 13:58 
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22-26/8/1992. Se han cumplido 25 años de los peores disturbios antiinmigración en Alemania ocurrió en la ciudad de Rostock (206.011 hab.) en el lánder de Mecklemburgo-Pomerania Occidental (recordemos que hasta dos años antes 1.990 pertenecía a la R.D.A) donde cientos de ultraderechistas atacaron el centro de recepción central para solicitantes de asilo y la residencia que era un edificio de once plantas donde había en su mayoría vietnamitas unos 400, (en Rostock en los tiempos de la RDA hubo hasta 1.200 trabajadores vietnamitas subcontratados en puertos, plantas industriales y astilleros pero en 1990 con ta reunificación muchos fueron despedidos) mientras unos 3.000 "espectadores" impedía el normal trabajo de policías y bomberos (la ciudad tenía en esos tiempos unos 40.000 desempleados y los extranjeros fueron el chivo expiatorio).
Hubo 370 detenidos y 204 policías heridos ya que intervieron fuerzas de varios LP así como de la extinta Bundesgrenzschutz (Policía de Fronteras).
Se criticó mucho la falta de logística de la policía ya que las primeras unidades que intervinieron tenían un material anticuado mientras que material moderno estaba almacenado además se tardó mucho en mandar camiones lanza agua, también se dijo que hubo cierta pasividad en las actuaciones:
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NotaPublicado: 13 Sep 2017 08:19 
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12/9/2017. SEK y SchuPo del LP de Baden-Württemberg intervienen en un KOMA que resultó ser falso en un centro educativo de Ulm (122.636 hab.):
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NotaPublicado: 13 Sep 2017 09:02 
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12/9/2017. SEK del LP de la Baja Sajonia detiene a un preso fugado en la visita a su padre en Gotinga (118.914 hab.):
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NotaPublicado: 16 Sep 2017 08:01 
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15/9/2017. SEK , SchuPo y BePo del LP de Baviera interviene en un domicilio de Plankenfels (898 hab.) donde un hombre de 44 años tras una discusión con su mujer se atrincheró con armas de fuego:
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NotaPublicado: 16 Sep 2017 13:39 
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15/9/2017. SchuPo del LP de Baden-Wurtemberg en el lugar donde un motorista fue herido por un disparo en Stuttgart (623.738 hab.):
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NotaPublicado: 16 Sep 2017 15:54 
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16/9/2017. SEK y SchuPo del LP de Renania del Norte-Westfalia intervienen en un centro comercial de Krefeld (225.144 hab.) donde un hombre de 46 años tomó como rehén a una mujer de 68 con un cuchillo:
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NotaPublicado: 17 Sep 2017 08:17 
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Como siempre repetimos, la policía es un reflejo de la sociedad ya que en ella vive,les sirve y sus trabajadores vienen de ella, voy a colgar en este post unos reportajes muy interesantes sobre la Alemania actual "Que es ser alemán hoy":

Hay pocas cosas más alemanas que un Verein, una de las más de 600.000 asociaciones en las que los alemanes invierten su tiempo libre. Y hay pocas tan tradicionales como un Schützenverein, las sociedades de tiro nacidas en el medievo y repartidas por todo el país. En una de ellas practicaba y socializaba Mithat Gedik hasta que un buen día hace tres años ganó el título de Rey de la Hermandad con su afinada puntería. Su tino fue a la vez su desgracia. Gedik destapó la caja de los truenos del conservadurismo alemán y resucitó un debate nacional peliagudo. Los estatutos de la organización paraguas de las ancestrales hermandades de tiro establecen que solo los cristianos pueden ser coronados. Gedik es musulmán. “Estamos en 2017, parece mentira que nos enfrentemos todavía a estos problemas”, reflexiona en el jardín de su casa, en un pueblecito al noroeste del país.

Gedik nació y creció en Alemania. Sus padres son turcos. Estudió bachillerato en una escuela católica y su mujer es católica. Pero nada de eso pareció suficiente para la tradicionalísima Hermandad Histórica de tiro de Alemania (BHDS). El caso ha tardado tres años en resolverse mediante complejísimas deliberaciones y ha suscitado un considerable debate que a una semana de las elecciones arrecia. ¿Cuándo pasa a ser considerado un verdadero alemán un migrante o una persona de origen extranjero? ¿Deben o pueden adaptarse las tradiciones y las señas de identidad nacionales a la nueva realidad social multicultural? ¿O son los que vienen los que deben adaptarse? En la era de las políticas identitarias que avanzan en Europa y EE UU, el debate cala en Alemania y tiende como en el resto de países, a la toxicidad.

‘Leitkultur’, cultura dominante, se utiliza por los más conservadores para exigir la asimilación cultural de inmigrantes y refugiados. O se adaptan, o deben marcharse.

El tema de la integración y de la identidad cultural ha entrado de lleno en una campaña electoral, en la que la extrema derecha aspira a monopolizar el patriotismo y la xenofobia y en la que el resto de partidos se resiste a ceder a los extremistas un terreno con el que saben que es fácil pescar votos. Los colores de la bandera nacional decoran los carteles de la conservadora CDU de Angela Merkel, el partido que según las encuestas repetiría por cuarta vez. La llegada de más de un millón de refugiados en los dos últimos dos años no ha hecho más que exacerbar el debate. Y mientras, una palabra polémica se ha vuelto omnipresente en la campaña: Leitkultur.

Leitkultur se refiere a la cultura de referencia o la dominante y es un término que se utiliza sobre todo desde las filas más conservadoras para exigir la asimilación cultural de los inmigrantes y refugiados. O se adaptan, o deben marcharse. El término emergió a principios del año 2000, con la reforma de la ley de ciudadanía y ahora regresa con fuerza.

Naika Foroutan, vicedirectora del instituto para la integración y la investigación de las migraciones ha propuesto junto con otros expertos la creación de una comisión que ayude a definir el “nosotros” alemán al margen de coyunturas e intereses políticos. “El debate sobre qué es ser realmente alemán es muy complejo. Los políticos alemanes apelan a un conjunto de emociones y miran al pasado en lugar de crear una narrativa que mire al futuro y a cómo queremos organizarnos. Los canadienses por ejemplo, hablan de la unidad en la diversidad”.


Alemania es un país en el que en las escuelas abundan los nombres extranjeros, en el que en los trenes se escuchan infinidad de idiomas y en el que las pieles oscuras o las chicas con velo pueblan los centros comerciales. La multiculturalidad es una realidad que reflejan también las cifras. En 2016 había 18,5 millones de habitantes en Alemania nacidos en un país extranjero o con origen extranjero (de un total de 82,67), según datos de la oficina oficial de estadística. La cuestión es saber hasta qué punto esas personas no solo tienen los mismos derechos que el resto de los alemanes, o incluso un trabajo, sino si de verdad forman parte de la vida comunitaria del país. “Con la ley de ciudadanía se resolvió quién podía ser alemán, pero a la vez el debate sobre quién pertenece culturalmente a este país, quién es realmente alemán, se volvió más áspero”, sostiene Foroutan.

Los Schützenvereine se remontan a la edad media. Entonces eran una suerte de ejército ciudadano con la misión de defender la ciudad cuando los hombres partían a la guerra. Hoy son clubs de tiro, que tienen más bien una función social y recreativa. En la Hermandad disparan, pero también se juntan para rehabilitar parques, organizar comidas o hacer deporte. Los Vereine son un vehículo fundamental de socialización en Alemania, donde el ocio y los encuentros no se improvisan, se organizan. En Sönnern, donde vive Gedik, la sociedad tiene unos 200 miembros y una vez al mes entrenan con dianas en un puesto de tiro en el pueblo. Es un pueblecito como otro cualquiera del Estado de Renania del Norte-Westfalia, en el que viven agricultores y muchos vecinos trabajan en las exitosas pymes de la zona.

La sorpresa de Gedik cuando la poderosa BHDS, con cerca de medio millon de miembros, decretó que no podía ser coronado rey por ser musulmán fue mayúscula. Su caso llenó páginas de periódicos. Sönnern, su pueblo se volcó y comenzó un intenso lobby para que Gedik pudiera ser coronado.

“Cuando los políticos hablan de integración, lo único que quieren es mejorar sus posibilidades electorales”, dice Mithat Gedik

Hoy es sábado y el programa de actividades comunitarias de Gedik es intenso. Él irá con el niño al partido de fútbol local. La madre irá con los otros tres pequeños al picnic vecinal. “Hablan mucho de integración, pero yo estoy totalmente integrado y me encuentro con estos obstáculos absurdos en el camino”, piensa. “Cuando los políticos alemanes hablan de integración, lo único que quieren es mejorar sus posibilidades electorales exacerbando las diferencias”. No ha terminado de hablar el rey del tiro, cuando el vecino aparece detrás del seto con un trozo de tarta. Es el ritual de todos los sábados y los hijos de Gedik corren veloces a por su trozo de pastel.

La BHDS terminó por darle la razón en marzo de este año. En un solemne y alambicado comunicado explicaron que habían decidido modificar sus estatutos y abrirse a la realidad multicultural. “La apertura del proceso de la hermandad histórica alemana de tiro iniciada con el debate sobre si un musulmán puede ser rey guardián ha adoptado ahora forma concreta. Por un lado, reforzamos nuestro compromiso claro con las raíces cristianas y las tradiciones, pero también mostramos una amplia voluntad para cooperar con los recién llegados de otras culturas”.

Para Gedik ha sido una victoria agridulce. Sus cuatro hijos tienen nombre turco. Él celebra el ayuno de Ramadán y no bebe alcohol. Pero desde luego no es ningún recién llegado. “Si para mí, que estoy integrado es difícil, no quiero ni imaginarme cómo tiene que ser para los que no hablan bien el idioma o no tienen contactos”. Gedik se disculpa y se despide. Tiene que salir pitando al partido del club de fútbol de su hijo.
“Patriotismo ilustrado”

A principios del verano, el sensacionalista y archileído Bild publicaba un artículo en el que la canciller y candidata electoral, Angela Merkel, explicaba en qué consistía ser alemán de la A a la Z. Arrancaba con la Constitución, para después mencionar al Ejército, las salchichas, la responsabilidad alemana en el Holocausto, el sistema dual de formación profesional o el federalismo. La tradición judeocristiana aparecía en tercer lugar para la líder del bloque conservador, cuyo partido hermano, al CSU –Unión Social Cristiana– hace del catolicismo una de sus señas de identidad.

Los esfuerzos políticos por incorporar el asunto de la identidad nacional a la primera línea del debate son más que evidentes. El ministro de Interior, Thomas de Maizière, dedicó también recientemente una amplia entrevista a analizar qué significa la Leitkultur, un término que dijo apreciar, y en la que se adentró en terrenos muy pantanosos hablando del “nosotros” frente a “ellos” y en la que defendió un “patriotismo ilustrado”.

El último altercado identitario lo protagonizó sin embargo la extrema derecha (Afd). La secretaria de Estado de integración alemana, Aydan Özoguz se preguntó en una entrevista qué es exactamente la cultura alemana. Días después, en un mitin, Alexander Gauland, colíder de Afd pidió “deshacerse de ella en Anatolia”.
https://elpais.com/internacional/2017/0 ... 75828.html

harlotte Jakobi-von Müller acude a las ferias de trabajo como quien va de caza a la sabana en busca de una especie en extinción. Es jefa de recursos humanos de la empresa municipal de transportes de Múnich y busca desesperadamente trabajadores. Les hacen falta 200 conductores que hablen alemán y estén dispuestos a cobrar 2.580 euros brutos. Jakobi-von Müller sabe bien que la competencia por la mano de obra en Baviera es feroz. En la bandeja de entrada de su buzón de correo no se amontona ningún currículum. Es ella la que tiene que salir a la calle a buscar candidatos. “Aquí nadie busca empleo porque todos tienen. Es muy difícil encontrar trabajadores”. Su misión, explica, es a la fuerza muy creativa. Una madrugada ordenó cubrir los sillines de los cientos de miles de bicicletas aparcadas en la calle con un forro en el que se leía: “Te necesitamos a ti”. Otra de sus creaciones es un vídeo en el que un conductor cuenta lo feliz que es al volante de su autobús. Pero en la decena de ferias de trabajo que se celebran cada año en Múnich es donde de verdad se la juega.

La falta de mano de obra cualificada en ciertos sectores es un problema que afecta a toda Alemania, un país en el que la economía crece, mientras la pirámide demográfica envejece. Nunca antes desde la reunificación alemana el desempleo había sido tan bajo – 5,8% – en un mercado laboral que se encuentra en plena expansión. Junto a las luces, se acumulan las sombras. Las diferencias entre el Este y el oeste, también en empleo siguen siendo profundas. La temporalidad y los bajos salarios de los millones de alemanes que trabajan con los polémicos minijobs son preocupantes. Aún así, la gran mayoría de los alemanes segura en las encuestas vivir una época de bonanza que tiene mucho que ver con el acceso al trabajo. La canciller Angela Merkel, considerada por muchos alemanes artífice de esta era de bienestar, aspira a un cuarto mandato dentro de una semana. Todos los sondeos coinciden en que lo logrará.

“Aquí nadie busca trabajo porque todos tienen", dice una jefa de recursos humanos

Una coyuntura económica internacional favorable y la batería de reformas laborales puestas en marcha por el Gerhard Schroeder son a juicio de numerosos expertos algunas de las calves del éxito laboral alemán y a la vez la causa de sus debilidades. La demanda de trabajadores cualificados es uno de los daños colaterales del crecimiento alemán. En agosto, Berlín aprobó un plan para paliar ese déficit, que según estimaciones con las que trabaja el Gobierno, Alemania necesitará tres millones de trabajadores cualificados en 2030.

En la boyante Baviera, con un 3,2% de desempleo, la escasez de trabajadores es especialmente aguda. Según las predicciones de la cámara de comercio bávara, ahora necesitan 230.000 trabajadores. Y el doble para 2030. Por eso, este Estado federado se ha convertido en una suerte de laboratorio de recursos humanos.

La competencia entre los empleadores es despiadada. Ofrecer horarios ultraflexibles y todo tipo de medidas de conciliación a madres para que se animen a dejar la media jornada o la dilatada baja de maternidad es solo un punto de partida. Hay empresas que regalan bonos de gimnasio a sus trabajadores o un coche. Se ofrecen también viajes y actividades de ocio con los compañeros de trabajo o ayuda para encontrar casa a buen precio. Otros empleadores se esfuerzan para convencer a los más mayores para que permanezcan en sus puestos de trabajo más allá de la edad de jubilación.
A la caza del trabajador en el paraíso del pleno empleo

“Para nuestros empresarios, el problema número uno es la falta de trabajadores cualificados”, constata Robert Obermeier, economista jefe en la Cámara de Comercio e Industria de Múnich y Alta Baviera. Una encuesta reciente de su institución refleja que el 55% de los empresarios preguntados cree que la falta de mano de obra cualificada es el principal riesgo empresarial al que se enfrentan. “Cada año es más difícil y el problema solo empeorará porque el panorama demográfico no va a mejorar”, dice Obermeier. Este experto explica que por un lado cada año salen menos niños de las escuelas y que además, cada vez más optan por ir a la universidad y menos por la afamada formación profesional alemana. Obermeier asegura que faltan contables, secretarios, técnicos medios, casi de todo. Hace poco hacían falta por ejemplo 100 socorristas para las piscinas municipales.En Baviera tienen sede muchas grandes empresas como Siemens, BMW, Allianz o Audi y también por eso la competencia es enorme.

Pensar que la llegada de más de un millón de refugiados en los últimos dos años ayudará a aliviar el problema no es realista al menos a corto y medio plazo. Aprender el idioma lleva tiempo y hace falta que los perfiles que llegan sean compatibles con los que se ofrecen, coinciden los analistas. De momento, solo en torno a un 10% de los llegados desde 2015 tiene trabajo, según cifras oficiales. Además, esos empleos, a menudo en la hostelería o la construcción no solucionan la situación de muchos otros sectores.

Para un joven español lo que cuentan la jefa de recursos humanos y el economista de la cámara de comercio podría parecer una broma de mal gusto, pero Estefanía Dávila (35) y David Redondo (31) saben bien que es una realidad. Los dos trabajan de enfermeros en el gran hospital de Múnich. En España, ella encadenaba contratos de 24 horas y sustituciones en vacaciones cuando salían. “Pero me cansé de tantos contratos. Oí que había un curso de alemán que pagabas con tus primeros sueldos y me apunté”. Ahora trabaja en Múnich y asegura que su experiencia es muy buena. “Aquí tienes estabilidad y calidad de vida”.

Redondo cuenta que después de apuntarse a todas las bolsas de trabajo de las comunidades autónomas españolas, en un año y medio no le llamó nadie. Aquí, dice, hablando bien alemán, el trabajo sobra. “Yo señalo con el dedo donde quiero trabajar y voy. Aquí estamos muy bien valorados”. Alfred Holderied, su jefe al frente del departamento de enfermería del hospital, asiente: “Los españoles vienen muy bien formados".

Faltan contables, secretarios, técnicos medios, casi de todo, aseguran desde la Cámara de Comercio e Industria de Múnich y Alta Baviera

Aunque no todas las experiencias de trabajadores venidos de fuera son tan exitosas. Muchos jóvenes acaban volviéndose porque no encajan o añoran su país. Lo corrobora Michael Holzinger, que regenta un lujoso hotel turístico en Garmisch-Partenkirchen, al sur de Baviera y que ha dicho a diós a unos cuantos españoles que "echaban de menos a su madre y a su padre".

Holderied, el jefe de enfermería no desiste. Realiza expediciones periódicas a España para reclutar a enfermeros. Ha traído ya a 54 trabajadores a Múnich. Italia, Filipinas o China son otros de los países a los que ha viajado en busca de enfermeros para un departamento que parece la ONU. Hay empleados de Croacia, Bosnia, Turquía… “Los alemanes se hacen mayores y alguien tiene que atenderles en los hospitales. Pero los jóvenes alemanes prefieren trabajar en otras cosas. Tenemos un problema muy gordo”. Explica que ahora tienen 100 puestos vacantes y que hay camas que no se pueden usar porque no hay personal para atenderlas. En el hospital ofrecen formación interna y flexibilidad horaria para los padres con niños pequeños. Pueden elegir trabajar desde 3,5 horas a la semana hasta 40. Aún así, Holderied sigue condenado a patearse el mundo en busca de enfermeros. “Los políticos conocen bien el problema, pero no ofrecen soluciones concretas. Dicen que sí, que hay que hacer atractiva la profesión, pero…”.
‘Minijobs’ y parados de larga duración

No todo son luces de neón en el mercado de trabajo alemán. Pese a las buenas cifras, Sabine Klinger, del Instituto para la investigación el mercado laboral (IAB) advierte de que “hay problemas estructurales que se vuelven más visibles precisamente cuando baja el desempleo”. Explica por ejemplo que la demanda laboral no acaba de encajar con la cualificación de la mano de obra disponible y asegura que un tercio de los parados son de larga duración (más de doce meses). Habla también de la brecha salarial, que ha mejorado ligeramente desde 2010, aunque los sueldos más altos y los más bajos están lejos de converger. El trabajo a tiempo parcial y la temporalidad son otros de los puntos débiles del sistema. Hasta 6,5 millones de personas trabajan con minijobs, un tipo de contrato a tiempo parcial con un sueldo máximo de 450 euros.

El mercado alemán debe además adaptarse a una demografía cambiante. La población envejece a la vez que se incorporan cientos de miles de extranjeros. “Por un lado hay que proporcionar más flexibilidad a los trabajadores mayores para que se queden más tiempo en sus puesto de trabajo y a la vez hay que hacer un gran esfuerzo para formar a los migrantes”, sostiene Klinger.
https://elpais.com/internacional/2017/0 ... 17506.html

uando el lunes por la mañana Matthew George sale al patio del colegio encuentra basura y cristales que han dejado los jóvenes que utilizan la cancha durante el fin de semana. Y cuando el director se agacha para recoger un trozo de vidrio, aprovecha para arrancar parte del pavimento que anda suelto. El patio del colegio Paul-Hindemith de Fráncfort, como el resto del edificio, está hecho polvo. “Queremos que nuestra escuela sea bonita. Solo así los chicos aprenderán a respetar las cosas”, dice George, el director. “Esto es como una casa. Si no la mantienes, en 30 años, se viene abajo”. A renglón seguido matiza: “Bueno, hace poco sí pintamos las paredes, gracias a unos patrocinadores privados que lo incluyeron en su obra social”.

El caso de esta escuela no es el más escandaloso, ni mucho menos único. En Alemania las llaman "escuelas ruinosas" y las hay por todo el país. Son el resultado de décadas de falta de inversión en un país que sin embargo, acumula un superávit récord. Los alemanes elegirán domingo un nuevo Gobierno y el estado de las escuelas –y especialmente el de los retretes escolares– se ha convertido en un símbolo del deterioro del esqueleto físico de una potencia mundial que no conoce los números rojos.

Las “escuelas ruinosas” que hay por todo el país son el resultado de décadas de falta de inversión en un país que acumula un superávit récord

Las del colegio de Fráncfort, en el próspero Estado federado de Hesse, podrían parecer quejas de ricos y lo son. Porque Alemania es un país rico, con un superávit fiscal récord de 23.700 millones de euros (0,8% del PIB), que sin embargo ha arrastrado los pies a la hora de invertir para mejorar sus deficientes infraestructuras. Se invierte, pero poco y tarde, según los expertos. KfW, el banco de desarrollo alemán, calcula que las ciudades y pueblos alemanes necesitan una inversión en infraestructuras de 126.000 millones. Un total de 33.000 millones para escuelas y 34.000 para carreteras.

“Los puentes, los trenes, las escuelas… se han quedado viejos y hay que reemplazarlas o reformarlas”, coincide Achim Truger, economista de la escuela de Economía y Derecho de Berlín. “El Gobierno considera el schwarze Null [el cero negro, que se refiere a un presupuesto saneado, sin deudas] más importante que la inversión pública. La aversión a la deuda es parte consustancial del sistema político alemán. Tenemos además problemas heredados de la austeridad impuesta cuando Alemania era el enfermo de Europa”, añade Truger, quien explica además, que la situación financiera varía mucho entre el Estado Federal, los Länder y los municipios, algunos de ellos endeudados. Hay quien culpa también al llamado freno de la deuda impuesto vía enmienda constitucional en 2009, que limita el déficit del estado y de los Länder.
No todo funciona en Alemania

Los dos grandes partidos prometen ahora en campaña más inversión pública en las escuelas. El candidato socialdemócrata, Martin Schulz, quiere que se obligue a las autoridades a invertir parte del superávit en infraestructuras y pide además más que el Estado central tenga más que decir en un tema tan vital como la calidad de la educación y de las escuelas. En principio, es competencia de los Länder, pero Schulz quiere crear una alianza nacional para la educación que invierta 12.000 millones de euros en las escuelas de todo el país y quiere además una reforma legal que formalice la cooperación entre el Estado central y los Länder. La canciller, Angela Merkel, que lidera las encuestas alega sin embargo que el problema no es tanto la falta de fondos como la falta de planificación a largo plazo así como innumerables cuellos de botella burocráticos.

Los desvíos por obras en las autovías son continuos, un viaje en coche entre Berlín y Frankfurt (547 kilómetros) puede demorarse más de siete horas

“En Alemania tenemos un problema general. También aquí en Hesse, pese a ser un Estado rico”, explica Kai Eicker-Wolff, del sindicato educativo GEW. Wolff calcula que solo en Fráncfort haría falta una inversión de 1.000 millones de euros debido al abandono en los últimos años. La situación en Estados menos prósperos es únmucho peor.

Las carreteras son, junto con las escuelas, las infraestructuras más necesitadas de inversión. Un viaje en coche entre Berlín y Frankfurt (547 kilómetros) puede demorarse más de siete horas sin paradas a pesar de no haber límite de velocidad en muchos tramos. Los desvíos por obras y reparaciones en las autovías son continuos. Hay obras que ya se han convertido casi en una broma de mal gusto para los afectados. Es el caso del puente de Leverkusen, cerrado desde hace cinco años para vehículos pesados después de que se resquebrajara y convertido en un atasco permanente.


Otro caso sonado es el del túnel de Rastatt, junto a la frontera francesa, que sufrió un derrumbe este verano y ha provocado la interrupción del tráfico ferroviario entre los dos países. El problema adicional es que parte de las rutas alternativas se encuentran en obras o muy deterioradas, contribuyendo al caos logístico en la región. Los retrasos y cancelaciones en los trenes de pasajeros son frecuentes y a menudo circulan tan atestados que los viajeros se ven obligados a sentarse amontonados en el suelo.

Los embotellamientos se convirtieron precisamente en un tema central en las pasadas elecciones regionales de Renania del norte-Westfalia en mayo pasado, en las que la población culpó a los socialdemócratas (SPD) en el poder de no hacer nada para mejorar el estado lamentable de las infraestructuras. El SPD perdió su tradicional bastión y su candidato, Martin Schulz, no ha vuelto a levantar cabeza en las encuestas desde entonces.


“No puede ser que los baños de los colegios no funcionen y no haya dinero para repararlos”, bramaba recientemente Martin Schulz en un mitin en Hamburgo ante una multitud que aplaudía y asentía con la cabeza. Los retretes escolares se han convertido en esta campaña en un símbolo de la falta de inversión pública. Los del colegio público Paul-Hindemith los usan durante 15 horas cientos de niños. A los 650 alumnos del centro hay que sumarles los chicos que utilizan por las tardes las instalaciones deportivas del centro. Al que no le falta la tapa tiene rota la cadena o no tiene luz. El director asegura que el comité de padres se ha quejado al Ayuntamiento, pero de momento sin éxito.

La organización alemana de cuartos de baño (GTO), una ONG que pide mejores instalaciones sanitarias en África, pero que también tiene un programa para los colegios alemanes, ha publicado recientemente una encuesta realizada a 800 alumnos en 22 escuelas de Berlín. Los resultados, que advierten no son científicos, indican que el 53% de los alumnos preguntados aseguran ir al servicio solo en caso de emergencia. Apenas el 24% dice que va al cuarto de baño siempre. La mayoría además considera que lso de sus colegio están sucios.
https://elpais.com/internacional/2017/0 ... 87466.html




A mediados de los noventa, Wildpoldsried era un pueblo de ganaderos y oficinistas del länder de Baviera con 2.554 habitantes como otro cualquiera. No había casi trabajo y los jóvenes emigraban a la ciudad. Preocupados, sus habitantes se juntaron y escribieron una lista larga de las necesidades más acuciantes del pueblo, que acabó siendo una carta a los reyes magos. Querían una piscina, un teatro, un consultorio médico… Calcularon que tardarían dos o tres generaciones en conseguir todo. Diez años más tarde, todos sus sueños se habían cumplido.

Wildpoldsried ha protagonizado una revolución energética que ha enriquecido a sus vecinos y admirado a medio mundo. Este pueblo alemán próximo a Austria es famoso por producir siete veces más energía de la que consume invirtiendo en renovables. Lo han hecho gracias a leyes que favorecen las energías limpias y permiten a los pequeños productores vender sus excedentes a la red a buen precio. Alemania se ha propuesto cortar la dependencia de los combustibles fósiles impulsando las renovables y se ha convertido en un referente mundial en políticas climáticas. La producción de energías limpias se ha disparado, pero ha logrado un limitado impacto en la reducción de emisiones contaminantes. La política energética ha endeudado además a las eléctricas y disparado los precios de la electricidad.

“Me fascina la idea de que con el viento o la caca de la vaca pueda salir energía. Si puedes cuidar el medio ambiente y a la vez ganar dinero, pues mejor”, dice Wendelin Einsiedler, ganadero

Pero la política, o al menos las siglas no han tenido nada que ver con el milagro de Wildpoldsried. Por eso, esta fábula verídica y excepcional de Wildpoldsried ilustra hasta qué punto la protección del medio ambiente es ya parte del ADN de mucho alemanes, al margen de preferencias políticas. Reciclar la basura, moverse en bicicleta, comer ecológico u oponerse a las nucleares hace tiempo que dejaron de ser patrimonio exclusivo de los ecologistas en Alemania. Y explica también porqué el que fuera el poderoso partido Verde, atraviesa horas bajas, aquejado de un éxito dañino. Sus ideas han triunfado y ahora las asumen prácticamente todas las formaciones y tal vez por eso, los votantes sienten que pueden prescindir de ellos, según reflejan en las encuestas. Pese a su adelgazamiento -los sondeos les otrogan cerca del 7% de lso votos-, los Verdes podrían acabar siendo socios de Gobierno del bloque conservador de la canciller Angela Merkel gracias a la aritmética de las coaliciones.

Los ganaderos de Wildpoldsried fabrican un famoso queso montañés de los Alpes de Algovia, que no acaba de cuajar en los mercados europeos. Gracias a la energía renovable, muchos tienen un segundo ingreso, fundamental para su subsistencia. Para Wendelin Einsiedler, la energía que desprenden los excrementos fermentados de sus queridas vacas junto a los molinos de viento y sus placas solares suman hasta el 80% de sus pingües ingresos. Sus 70 vacas producen cantidades industriales de excrementos que alimentan la mayor planta de biogás del pueblo. Algo más de la mitad son restos de las vacas, y luego hierbas, manzanas podridas, patatas y biomasa en general. En un megadepósito, una pasta 800 toneladas de residuos burbujea al compás de la fermentación.


Camisa de cuadros, barba y sonrisa de oreja a oreja, el ganadero baja de su tractor sofocado en un precioso día de sol. A sus 61 años, Einsiedler es la campechanía hecha hombre. “Me fascina la idea de que del viento o de la caca de la vaca pueda salir energía. Si puedes cuidar el medio ambiente y a la vez ganar dinero, pues mejor”. Einsiedler fue el pionero, el primero en el pueblo que decidió invertir en renovables. Le fue bien y los demás le siguieron. “Este es mi seguro para la vejez. El viento y el sol van a seguir dándome beneficios y encima con buena conciencia”.

En el ecohotel del pueblo, Günter Mögele, teniente alcalde de Wildpoldsried cuenta que cuando escribieron la lista a los reyes magos y analizaron las finanzas del pueblo, se dieron cuenta de que gran parte de los gastos correspondían al consumo energético. “Entonces pensamos ¿por qué no producimos nosotros nuestra propia energía?”. Instalar un sistema de calefacción central en el pueblo y deshacerse de la de gasoil fue uno de los primeros proyectos. Hoy, el 90% de la energía de la calefacción procede del biogás de las granjas como la de Einsiedler. En total, 120 pisos y cuatro empresas están conectadas a la red.


Solar y eólica completan el coctel energético que enriquece a los vecinos a través de una empresa mancomunada de la que solo pueden ser socios los 2.600 habitantes del pueblo. El gimnasio, la escuela o la casa de niños producen más de lo que consumen. La energía sobrante se vende a las compañías eléctricas, gracias a la ley de las energías renovables (EEG por sus siglas en alemán) del año 2000, copiada en decenas de países y que ha asegurado el precio por kilowatio producido por energías limpias. El año pasado, los vecinos de Wildpoldsried aseguran que ganaron seis millones de euros con la venta de la energía que les sobra. Buena parte de ese dinero, lo destinan a pagar el crédito que pidieron para la infraestructura. El resto, se lo quedan.

El sótano de la turbina es una telaraña de tuberías que transportan agua caliente. En un mapa colgado en el sótano se pueden ver los cuatro kilómetros de la red. Cuentan los lugareños que ven girar la turbina y piensan, ahí van mis próximas vacaciones.

El Ayuntamiento de Wilpoldsried tiene 14 concejales, la mitad de la CSU, el ala bávara del bloque conservador de Merkel, y la otra mitad son independientes. El partido Verde no tiene ninguna representación. “Aquí los partidos no son relevantes”, explica Mögele, uno de los independientes, que forma parte del equipo que lleva 20 años al frente del pueblo. “Los verdes han perdido su razón de ser. Ahora hablan de todos los temas y quien mucho abarca… “, interpreta Mögele.

El año pasado, los vecinos de Wildpoldsried aseguran que ganaron seis millones de euros con la venta de la energía que les sobra

Christoph Ostermann, es el CEO de Sonnen, una empresa puntera que fabrica baterías que almacenan energía renovable y que tiene su cuartel general en Wildpoldsried. Dedica su vida a un negocio que aspira a limpiar la atmosfera y también piensa que el partido ecologista alemán atraviesa una cierta crisis de identidad. “En los 80, los Verdes tenían su razón de ser, había que luchar contra las nucleares e implantar el modelo ecológico, pero hoy las renovables son de sentido común para todos los partidos. La propia Merkel fue la que decidió parar las nucleares. Las renovables son además cada vez más competitivas, es un consenso nacional”. Una reciente encuesta de la Agencia para las energías renovables indica que el 95% de los alemanes considera la expansión de las renovables “importante” o “muy importante”.

Markus Herring, un vendedor de medias de compresión médicas del pueblo da fe de que la propagación del ecologismo en Alemania ha traspasado infinitas fronteras sociológicas. “No todo es idealismo. Aquí al principio había mucha oposición a los molinos, pero en cuanto se vio que podíamos ganar mucho dinero, todo cambió. Estamos orgullosos de lo que se ha convertido el pueblo”.


Recorrer Alemania en coche o en tren equivale a toparse con molinos de viento en el horizonte continuamente. Un tercio de la energía que se produce en el país procede de fuentes renovables –frente al 7% en el año 2000-gracias al decidido impulso político bautizado como Energiewende, algo así como la transformación energética. Tras decretar el cierre total de las nucleares para el año 2022 y con el objetivo de prescindir al máximo de los combustibles fósiles, el Gobierno alemán –coalición conservadora y socialdemócratas- aspira a que cerca del 45% de la electricidad que se consume provenga dentro de siete años de fuentes renovables.

Alemania ha marcado el camino y ha demostrado que otra política energética es posible, pero sus detractores critican que el terremoto provocado por la energiewende en el sector eléctrico ha generado numerosas víctimas, tanto entre las empresas como los consumidores que han visto cómo subía el precio de la luz. La gran transformación no ha tenido además los efectos necesarios para cumplir con la meta de reducción de CO2 por la que Alemania debe rebajar en un 40% sus emisiones respecto a los niveles de 1990 para el año 2020.

A estas alturas, el propio Gobierno reconoce que está lejos de conseguirlo. En parte, porque hay un elefante en la habitación energética alemana: el carbón. La canciller Merkel, abanderada de la lucha contra el cambio climático, ha pasado sin embargo de puntillas durante esta campaña sobre esta energía sucia, que suma el 40% de la producción energética del país y que da trabajo a decenas de miles de personas. Reducir el uso del carbón es precisamente uno de los caballos de batalla de Los Verdes. La semana pasada, el partido ecologista anunció que el cierre de las 20 plantas de carbón más contaminantes del país es una de las condiciones que ponen sobre la mesa para empezar a hablar de coaliciones de Gobierno con el partido más votado.
https://elpais.com/internacional/2017/0 ... 64640.html

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